Psicología y Educación Integral A.C. 
Revista Internacional PEI: Por la Psicología y Educación Integral
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Volumen IV. Número 8. Enero-Febrero 2015 españa
 
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HACIA LA SEGUNDA OLA EN LA INVESTIGACIÓN DE LA VIOLENCIA INTERPERSONAL Y DE PAREJA

(Artículo Invitado)

Towards the second wave in the investigation of interpersonal and couple violence


José Luis Rojas-Solís1

Universidad de La Laguna

España



Resumen

En décadas recientes en España y América Latina se puede observar un gran aumento en la literatura científica sobre la violencia interpersonal, esto ha implicado diversos enfoques, teorías e ideologías con sus respectivas terminologías, diseños de investigación, resultados y propuestas de prevención e intervención. Por ello es que especialistas procedentes de la Psicología, la Sociología y la Criminología han señalado con frecuencia la importancia de organizar y sintetizar la vasta producción empírica a través de marcos de integración. Es así como en contextos anglosajones habría comenzado una nueva tendencia llamada la “segunda ola” en el estudio de la interpersonal violencia. En ese sentido el objetivo principal de este trabajo es (re) difundir la información sobre esta nueva línea de investigación a través de la exposición en líneas muy generales de sus principales características y la novedad –o no- de sus contribuciones. Como un segundo objetivo se discute brevemente el marco basado en la co-ocurrencia de la violencia interpersonal y se realiza una somera revisión de antecedentes empíricos de países de habla hispana sobre la “co-ocurrencia” de diferentes tipos de violencia. Debido a que las posibles aplicaciones de este marco pueden ser diversas solo se enfatizan aquellos aspectos innovadores y los potenciales alcances teóricos y metodológicos en el estudio de la violencia en el contexto de pareja.

Palabras clave: violencia, co-ocurrencia, relaciones interpersonales, Psicología, teoría


Abstract

In recent decades in Spain and Latin America there is a large increase in the scientific literature on interpersonal violence, this has involved a variety of approaches, theories, ideologies and their respective terminologies, research designs, results and proposals for prevention and intervention. That is why specialists from psychology, sociology and criminology have often noted the relevance of organizing and synthesizing the vast empirical production through integrative frameworks. Thus, in Anglo-Saxon contexts would have started a new trend called the “second wave” in the study of interpersonal violence. Therefore, the main purpose of this paper is (re) disseminating information of this new research trend across the exposure of its main features and novelty of their contributions. As a second objective is based on the co-occurrence of interpersonal violence and a brief review of empirical history of Spanish-speaking countries based on the "co-occurrence" of different types of violence is done. Due the possible applications of this framework can be different only those innovative aspects besides theoretical and methodological clues in the study of violence in the context of couple are emphasized.

Keywords: violence, co-occurrence, interpersonal relationships, Psychology, theory


Resumo

Nas últimas décadas, em Espanha e na América Latina há um grande aumento na literatura científica sobre a violência interpessoal, Envolvido Isto tem uma variedade de abordagens, teorias, ideologias e suas respectivas terminologias, projetos de pesquisa, os resultados e propostas de prevenção e intervenção. É por isso que especialistas da psicologia, sociologia e criminologia notaram Muitas vezes a importância de organizar e sintetizar a vasta produção empírica através de quadros integrativos. Assim, em contextos anglo-saxões teriam iniciado uma nova tendência chamada "segunda onda" no estudo da violência interpessoal. A principal finalidade deste trabalho é (re) informando de this nova tendência da pesquisa em toda a exposição das suas características e novidade de suas contribuições como STI. Como um segundo objetivo é baseada na co-ocorrência de violência interpessoal e uma breve revisão da história empírica de países de língua espanhola baseada na "co-ocorrência" de diferentes tipos de violência é feito. Devido as possíveis aplicações deste quadro pode ser diferente apenas os aspectos inovadores Além dos indícios teóricos e metodológicos no estudo da violência no contexto do casal são enfatizadas.

Palavras-chave: violência, co-ocorrência, relações interpessoais, psicologia, teoria

1. Introducción

La violencia que ocurre en el hogar está inextricablemente ligada a la violencia que ocurre en comunidades, escuelas y lugares de trabajo. Los barrios afectan a las escuelas y las escuelas afectan a los barrios. Estas interconexiones incluso se extienden a través de los roles. Aunque nos aferremos a las nociones más simples de las víctimas ‘puras’ y los agresores ‘puros’, la realidad es que muchas personas están involucradas en la violencia como la víctima y el agresor” (Hamby y Grych, 2013, p. 107-108).

En las últimas décadas el incremento en el número de investigaciones en países hispanoparlantes sobre la violencia de pareja es más que evidente, solo basta realizar una indagación por medio de cualquier buscador y se obtendrán diferentes resultados procedentes de literatura científica o gris, ya sean artículos científicos o de divulgación, ensayos, congresos, resúmenes documentos de trabajo, etc.

Así es como la fundamentación teórica o ideológica, la terminología, diseño, metodología y resultados muchas veces son tan variopintos que pueden dar origen a objetos de estudio con delimitaciones confusas, diferentes denominaciones para referirse a mismos fenómenos (Hamby, McDonald y Grych, 2014) y el uso diversificado de técnicas de investigación cuantitativas y cualitativas que implican consecuencias indeseables como los resultados inconexos y conclusiones contradictorias. En medio de este gran boom todo hace suponer que la acumulación empírica estaría excediendo a la teoría, concretamente a una integración teórica que provea de sentido y organización dentro de este maremagnum empírico y heurístico.

En ese orden de ideas, recientemente se ha comenzado a hablar en contextos anglosajones de una tendencia integradora cada vez más creciente a la que se ha denominado “la segunda ola” en la investigación de la violencia interpersonal. Se trata de una tendencia aún joven, pero con un futuro promisorio si logra su cometido de abonar en el mejor entendimiento de la violencia interpersonal. Al respecto es conveniente hacer notar que previamente ya se han llevado a cabo algunos esfuerzos sistemáticos e integradores como los realizados desde una perspectiva feminista por Eagly, Eaton, Rose, Riger y McHugh (2012) o el basado en la “co-ocurrencia” (Hamby y Grych, 2013).

Es precisamente el marco de la co-ocurrencia una parte del objetivo de este manuscrito, puesto que al pertenecer a esta “segunda ola” integradora contiene algunas propuestas interesantes que se consideran dignas de comentar. La intención ulterior es presentar someramente los propósitos de este enfoque que, entre otras cuestiones, apunta a la distinción de los factores comunes de aquellos específicos que subyacen en la violencia interpersonal en aras de un marco integrador y comprensivo que facilite el tratamiento de la ingente producción científica.

Como las aplicaciones del enfoque de la “co-ocurrencia” pueden ser diversas y el espacio disponible es breve, el segundo objetivo es delimitar algunos aspectos teóricos y metodológicos para la investigación de la violencia interpersonal en el ámbito de la pareja, sobre todo en edades jóvenes. Es por esta razón que los aspectos preventivos o de intervención solo se abordarán sucintamente.

En ese tenor, el presente texto se divide en tres apartados. En el primero de ellos se realiza una somera aproximación a la “segunda ola” en el estudio de la violencia interpersonal y se presentan algunas de sus características. Asimismo se tratará de delimitar los aspectos que, a juicio del autor de este manuscrito, representan alguna novedad de aquellos que no.

En la segunda sección se expone el enfoque de la “co-ocurrencia” y algunas de sus principales propuestas. En esta parte se trata de hacer eco de las ideas expuestas por Hamby y Grych (2013) en su reciente obra The web of violence: Exploring connections among forms of interpersonal violence and abuse. Complementando esta exposición se realizará un muy breve recorrido por antecedentes empíricos recientes basados en la “co-ocurrencia” en algunos países hispanoparlantes.

En un tercer epígrafe se abordan las implicaciones teóricas y metodológicas que se consideran pertinentes atender en la investigación sobre la violencia interpersonal, sobre todo para aquellos estudios que analicen la violencia en el ámbito de las parejas jóvenes.

A manera de conclusión se señalan algunas ideas finales derivadas de la exposición.

2. La “segunda ola” en el estudio de la violencia interpersonal

Qué duda cabe en que el estudio de la violencia interpersonal genera un gran interés últimamente de tal forma que su reconocimiento cono problema de salud pública ha favorecido que diversas disciplinas como la Sociología, la Criminología y la Psicología se hayan abocado en el estudio de este fenómeno en sus diversas causas, manifestaciones y contextos.

No es el propósito de este trabajo hacer un recuento de las numerosas propuestas que se han elaborado desde las diversas ópticas de las ciencias sociales, humanas y de la conducta para entender, prevenir e intervenir en la violencia interpersonal. Sin embargo es muy pertinente señalar que esta multiplicidad se ha convertido muchas veces en una gran confusión en cuestiones tan básicas como las numerosas –y no pocas veces divergentes- definiciones de lo que es violencia, lo que a su vez ha generado la diversificación de los diseños de investigaciones y, por ende, los resultados obtenidos.

Ante este panorama complejo -y complicado- ha surgido la necesidad de sistematizar el avance empírico, hacerlo más entendible, comprensible y manejable. Es así como aparecieron algunos modelos integradores, es decir, algunas propuestas teóricas que trataron de explicar la violencia a través de la interrelación de distintos factores de riesgo y contextos.

Solo por aludir a algunos ejemplos, para explicar la perpetración de violencia se pueden mencionar las propuestas de Bronfenbrenner (1977), el modelo general de la agresión (Anderson & Bushman, 2002) o el modelo I3 (Finkel, 2007); mientras que para la victimización se puede señalar la propuesta de Wittebrood y Nieuwbeerta (2000).

A pesar que los estudios realizados en las décadas de los años sesenta, setenta y ochenta en los diversos “subcampos” de la violencia, tuvieron grandes aportes en el avance del reconocimiento del fenómeno como problema social, la utilidad de enfoques cuantitativos, el uso de los autoinformes, etc. (Hamby y Grych, 2013), esto no significa que no haya quedado mucho por hacer sobre todo si se considera que los modelos teóricos existentes en su mayoría se enfocaron en un tipo de violencia y que los modelos multifactoriales no lograron explicar convincentemente cómo se interrelacionan diversos mecanismos.

Es decir, la falta de una integración entre modelos, procesos y conocimientos que dirijan hacia un conocimiento comprensivo de la violencia interpersonal se hizo patente. Es así como desde la Psicología de la Violencia se ha señalado la eclosión de una “segunda ola” en el estudio de la violencia interpersonal que apunta a la construcción de puentes o intersecciones entre los diversos modelos teóricos sobre la violencia (Hamby, 2011). Siendo ésta una de las principales características de esta tendencia, se podría esperar un avance teórico más integrado y comprensivo.

2.1 Entre la novedad y la cuasi novedad

No obstante lo anterior cabría preguntarse si realmente existe algo novedoso en esta “segunda ola”.

Si bien es cierto que la existencia de modelos multifactoriales no es nada nueva, la necesidad de hallar o construir las conexiones entre esos modelos a fin de llegar a un conocimiento integrador sobre la violencia, es decir el conocimiento de los mecanismos que son compartidos o únicos entre las distintas formas de violencia (Hamby, 2011), quizás sí se podría considerar una tendencia actual en la investigación y un aporte en cierto sentido innovador por la repercusión en el mundo académico internacional.

Sin menoscabo de lo anterior, es preciso señalar que en no pocas ocasiones la recurrencia y reflexividad en que se halla inmersa la actividad investigadora hace muy pertinente que cuestiones básicas o de “sentido común” nos sean recordadas de vez en cuando Quizás ese sea otro mérito de las propuestas integradoras, como la de Hamby y Grych (2013), pues la violencia interpersonal no suele ser un fenómeno aislado en las relaciones interpersonales ni debería entenderse, investigarse o tratarse como tal.

Quienes se hayan dedicado a la intervención terapéutica, por ejemplo, con víctimas o agresores (as) en violencia de pareja coincidirán en que la valoración de una posible “poli-victimización” o “poli-perpetración” (explicaremos estos términos más adelante) es una parte ineludible en una entrevista psicoterapéutica que intente ser la base de una futura intervención eficaz y eficiente. No obstante este (re) descubrimiento de vez en cuando es conveniente para evitar la separación que muchas veces existe entre la realidad que viven las personas, la academia y los responsables de la prevención o intervención en la violencia interpersonal.

Y entonces, ¿qué no es nuevo en la segunda ola?

No es nada nuevo señalar que la violencia al ser un campo de estudio donde convergen las Ciencias Jurídicas, la Criminología, la Sociología y la Psicología indirectamente haya repercutido en que aún hoy en día no exista una conceptualización rigurosa y compartida unánimemente por los expertos sobre el objeto de estudio. Es así como a la violencia interpersonal hoy en día se le puede entender diversas maneras, ya sea como conducta patológica, instinto, vulneración de las normas legales, hábitos social indeseable, simple ejercicio del poder, etc. (Andrés-Pueyo, 2012). Esto es algo que ocurre con frecuencia cuando se elige un enfoque sobre la violencia, sin embargo también pueden observarse algunos estudios que proveen definiciones de violencia específicas para las investigaciones en curso, propuestas que no se vuelven a usar más.

Es así como ciertamente se ha generado una explosión terminológica que no abona mucho a la mejor delimitación del fenómeno y paradójicamente sí a su confusión. Por ello ni la conciencia de la confusión debida a la gran variedad terminológica es nueva ni el reconocimiento de que muchas veces se usan numerosos términos para un mismo fenómeno.

Reconocer las influencias e intereses de diversa naturaleza que circundan a las ciencias sociales, humanas y de la conducta tampoco es nada nuevo, solo es a través de la ingenuidad o un cientificismo a ultranza como se podría desconocer -o no reconocer- esta realidad tan propia del ser humano que es, a final de cuentas, quien hace la ciencia.

Quienes hayan tenido la oportunidad de transitar entre la docencia, prevención, intervención e investigación de un fenómeno social, sabrán de primera mano que en no pocas ocasiones hay separaciones y brechas con una profundidad tal que lucen insalvables. Las razones pueden ser diversas y en algunos casos entendibles, pero no justificables. Por ejemplo, en su momento la lucha contra la violencia contra la mujer era toda una realidad social y académica en unos contextos, mientras que en otros ni siquiera se lo planteaban teóricamente. Afortunadamente este divorcio entre la realidad que viven las mujeres maltratadas en gran parte de países hispanoparlantes y el mundo académico, legal, médico, etc., es cada vez menor, aunque no por ello inexistente.

Empero ahora podemos ciertamente observar múltiples contextos académicos y científicos donde, por otro lado, la violencia hacia los hombres como objeto de estudio es algo real, pero también otros donde esta línea de investigación es algo residual, anecdótico, colateral, cuestionado, subestimado o desestimado, en el peor de los casos (Rojas-Andrade, Galleguillos, Miranda y Valencia, 2013; Toldos, 2013; Trujano, Martínez y Camacho, 2010). Por extensión es esperable que el estudio de la violencia ejercida entre parejas del mismo sexo también adolezca de estas connotaciones implicando retrocesos en la formación de un corpus más riguroso, amplio e integral en la violencia interpersonal en el ámbito de la pareja.

Por ello el reconocimiento de la desconexión entre el mundo “real”, ese que viven las personas, y el mundo de las y los investigadores, académicos, profesionales y expertos en violencia, tampoco debería ser algo nuevo.

A pesar de ello la existencia de esa desvinculación no exculpa de responsabilidad social alguna para conocer, reconocer e intentar superar las diversas brechas o desencuentros y colaborar en el llenado de los vacíos teóricos, metodológicos y heurísticos.

Sin duda uno de los mayores obstáculos es el estado de confort que otorga el gremio o el “silo” disciplinar, en palabras de Hamby y Grych (2013), al que se pertenezca, pues dedicarse solo a investigar en la especialidad usando la propia terminología y defendiendo los propios intereses -o los del silo- es más cómodo que concienciarse de la responsabilidad de repensar lo aprendido, reorganizar los datos y esforzarse por contribuir en la Piedra de Rosetta que se requiere en un conocimiento comprensivo de un fenómeno tan complejo como la violencia interpersonal donde además convergen numerosas disciplinas e intereses.

3. El marco de la co-ocurrencia

Concretando más la tendencia de la segunda ola hace unos meses Hamby y Grych (2013) publicaron un libro donde sustentan que la violencia interpersonal ha sido estudiada de manera compartimentada, fragmentada. Esa división derivada de las múltiples disciplinas que se interesan por este objeto de estudio es artificial y no atiende a la vivencia real de la violencia interpersonal.

En la realidad en la que viven las personas el fenómeno está interconectado en sus diversas formas, es decir alguien que sufre violencia rara vez sufre un solo tipo de violencia (mono-victimización), de la misma manera que una persona que perpetra violencia no lo hace, necesariamente, ejerciendo solo un tipo de violencia (mono-perpetración). En contraste en el primer caso se hablaría de poli-victimización de la violencia y en el segundo, de poli-perpetración de la violencia, algo que, por otra parte, es más esperable, más real que una persona sufra o perpetre distintas formas de violencia interpersonal.

Se trata de cuestiones que podrían tildarse hasta de sentido común, pero que contrastan recurrentemente con los diseños de estudios que se aún se siguen realizando en diversos países hispanohablantes. Ante la duda solo basta echar un vistazo a gran parte de los estudios que se realizan con las y los jóvenes mexicanos donde hasta hace poco sobresalía únicamente la perspectiva de un solo miembro de la relación, frecuentemente la mujer joven en calidad de víctima, para inferir a realidad de la pareja; la descripción estadística del fenómeno a través de comparación de medias en la frecuencia de agresiones; y últimamente se ha iniciado el estudio de la reciprocidad de la violencia de ambos sexos, sin llegar aún a utilizar las dos perspectivas de los miembros jóvenes de la relación (Rojas-Solís, 2013a, 2013b). Por ende, rara vez se ha planteado la co-ocurrencia de distintas formas de violencia, una panorama que se complica aún más si consideramos la irrupción de las nuevas tecnologías como medio para perpetrar agresiones en las parejas jóvenes (Zweig, Lachman, Yahner y Dank, 2014).

El reconocimiento de que la violencia interpersonal no se presenta ni se vive como un fenómeno aislado o fragmentado puede guiar al diseño de estudios basados en el entendimiento comprensivo de la violencia interpersonal. Sin lugar a dudas esto comportaría nuevos –o siendo muy estrictos, no tan nuevos- derroteros teóricos, metodológicos, preventivos y de intervención, a los planteados hasta ahora. Para lograrlo es preciso entender por qué unas personas son más propensas a cometer o sufrir violencia interpersonal y en ese sentido la diferenciación de los factores comunes de los específicos sería clave. Por tanto, el objetivo del marco de la co-ocurrencia es “ofrecer un marco heurístico que describa una serie de procesos comunes y únicos que puedan explicar las interconexiones entre las diferentes formas de violencia y puedan servir como un paso hacia el desarrollo de una teoría integrada o unificada de la violencia interpersonal” (Grych y Swan, 2012, p. 4).

Según los autores ha sido la fragmentación y el consecuente tratamiento aislado del objeto de estudio lo que ha originado diversas consecuencias indeseables entre las que se destacan la falta de consenso en la terminología sobre la violencia, la aparición y fortalecimiento de “silos” disciplinares e institucionales en torno al objeto de estudio y, peor aún, si cabe, la duplicidad y confusión entre los diversos planes de prevención e intervención ante las diferentes manifestaciones de la violencia.

Además de la interconexión de la violencia, los autores señalan la importancia de retomar el aspecto evolutivo de la violencia interpersonal, en concreto cómo las experiencias tempranas de violencia pueden influir en la futura poli-victimización o poli-perpetración de la violencia.

No obstante la reducción de las interrelaciones entre las diferentes formas de violencia interpersonal por medio de la exposición al abuso y trauma en la infancia no es el objetivo del marco de la co-ocurrencia, porque de lo que se trata es de buscar un marco etiológico con factores relevantes para la violencia interpersonal y para ello los clasifican en dos grandes grupos: personales (procesos cognitivos y afectivos, autorregulación, personalidad y procesos biológicos) y situacionales (condiciones ambientales, uso de drogas, integración social, la conducta de otros y el contexto relacional).

El aspecto evolutivo se implicaría, por ejemplo, en los factores personales, es decir cómo las trayectorias de poli-victimización y poli-perpetración podrían iniciar en la infancia debido a las experiencias tempranas que perfilan las creencias sobre sí mismos, los y las demás y, por ende, las diversas relaciones interpersonales de las que sean parte, sin olvidar cómo se afecta –o favorece- una adecuada autorregulación, etc.

Entre algunos ejemplos de antecedentes recientes sobre el estudio sobre la co-ocurrencia de violencia en la pareja se puede mencionar brevemente algunos ejemplos como la investigación sobre la perpetración y victimización de distintos tipos de violencia en el noviazgo y bullying en adolescentes (Yahner, Dank, Zweig y Lachman, 2014). Desde la Criminología se puede señalar el trabajo de Carbone-Lopez, Rennison y Macmillan (2012) quienes analizaron cómo las primeras experiencias de victimización tienen profundas implicaciones para el desarrollo y mantenimiento de las relaciones de pareja en la edad adulta así como que la violencia no se presenta de forma uniforme, sino en variadas formas.

Por otra parte la poli-victimización ha sido abordada en el trabajo de Hamby, Finkelhor y Turner (2012), quienes entre otras conclusiones señalan que la violencia física en el noviazgo se asocia con algunas formas de maltrato infantil, la victimización sexual y otras formas de victimización.

3.1 El estudio de la co-ocurrencia en el contexto hispanoparlante

A estas alturas es conveniente preguntarse sobre el estudio de la co-ocurrencia de violencias en España y Latinoamérica.

Y bien, con esa intención se realizó una breve búsqueda de antecedentes en España sobre co-ocurrencia y violencia interpersonal, entre los resultados obtenidos se encontró un trabajo efectivamente sobre co-ocurrencia, pero no de violencia interpersonal sino de factores de riesgo en la violencia de pareja (Sebastián, Ortiz, Gil, Gutiérrez del Arroyo, Hernáiz y Hernández, 2010). Por ello es muy pertinente señalar que el término “co-ocurrencia” es polisémico ya que no se restringe solo a la presencia de diferentes tipos de violencias en una relación, sino también a la coexistencia de factores de riesgo o protección.

Otro apunte importante es que los trabajos basados en la transmisión intergeneracional de la violencia y sus efectos no necesariamente se consideran como parte de este marco de co-ocurrencia de violencia interpersonal ya que investigan, por ejemplo, cómo el haber sido víctima o testigo de maltrato infantil puede relacionarse con la presencia de violencia sea en calidad de perpetrador o víctima de un determinado tipo de violencia sin tratar precisamente de encontrar la presencia y mecanismos de interconexión entre las violencias y los factores de riesgo. Es así como Patró y Limiñana (2005) han apuntado a la gravedad de las repercusiones que supone para los hijos de hogares violentos el haber sido víctima o testigo del maltrato familiar. Pero en este mismo trabajo encontramos un señalamiento al trabajo realizado por Edleson en 1999 sobre la co-ocurrencia entre la violencia en la pareja y el maltrato infantil, este sí sería un ejemplo de hombre poli-perpetrador, algo que además va en sintonía con el marco de la co-ocurrencia motivo del presente trabajo.

Por tanto nos ceñiremos al significado relativo a la co-ocurrencia de violencias a través del tiempo y las relaciones interpersonales. En esa línea Morán, González-Álvarez y García-Vera (2011) analizaron en su revisión cómo algunas familias se ven involucradas en un ciclo de violencia en el que existe una co-ocurrencia de diferentes formas de agresión entre los miembros de la unidad familiar. Otro interesante trabajo que es empírico y que sigue la línea de la co-ocurrencia de distintos tipos de violencia es el realizado por Del Rey, Elipe y Ortega-Ruiz (2012) quienes investigaron la implicación en bullying tradicional (victimización y/o perpetración) y el cyberbullying (cybervictimización y cyberperpetración) como factores de riesgo para la permanencia en ese mismo rol y/o la implicación en otros roles diferentes a lo largo del tiempo. Sus resultados apuntaron a una importante simultaneidad de los dos fenómenos, es decir la fragmentación del objeto de estudio brilla por su ausencia.

Al realizar una búsqueda sobre investigaciones de co-ocurrencia de violencia interpersonal en Latinoamérica los resultados han sido en menor cantidad.

En el caso de Colombia pueden hallarse estudios sobre co-ocurrencia de comportamientos violentos y adictivos donde la transmisión de violencia intergeneracional juega un papel fundamental. Por ejemplo Ramírez (2003) investigó cómo la transmisión intergeneracional, la clase del vínculo, las conductas externalizantes tempranas y la historia del maltrato predicen la co-ocurrencia de comportamientos violentos y adictivos. En esa misma línea de investigación también se puede mencionar los trabajos de Hewitt (2005), Juárez, Galindo y Santos (2010) o Perdomo (2013). Mientras que en México se puede señalar el estudio de Casique (2009) sobre la prevalencia de violencia física contra los hijos y la co-ocurrencia de violencia contra la mujer.

En resumen, podría decirse que la literatura basada en la co-ocurrencia de la violencia en el contexto de la pareja en contextos hispanoparlantes por el momento aún es limitada.

4. Algunas implicaciones teóricas y metodológicas en el estudio de la violencia de parejas jóvenes

4.1 Los “silos disciplinares”.

Es muy llamativo que la realidad que viven las personas y los silos disciplinares e institucionales estén muchas veces desvinculados. En el rubro terminológico solo basta observar la gran variedad de términos y definiciones existentes sobre la violencia y demás fenómenos asociados en las parejas jóvenes. No se trata de una discusión semántica vacua o una logomaquia, sino de la necesidad de un corpus teórico o, mínimamente, conceptual más coherente y compartido. Si bien es cierto que las ciencias exactas tienen mayor facilidad de unificar términos y criterios, ello no debería ser óbice para que al menos se intentara llevar a cabo este esfuerzo.

Por otra parte, en diversos diseños de investigación, prevención o intervención pueden entreverse determinados presupuestos como por ejemplo que “todo es construido” o “todo es biológico”. Un aspecto a destacar en el marco de la co-ocurrencia es que, al igual que otras propuestas multifactoriales, no es indiferente a los aspectos biológicos, psicológicos, sociales, situacionales y evolutivos. Es decir, se trata de una propuesta genuinamente incluyente que intenta traspasar no pocos silos e intereses.

4.2 El papel de agresor, la víctima y la dirección de las agresiones.

Existen algunas cuestiones muy interesantes, aunque no carentes de polémica en el marco de la co-ocurrencia. Por ejemplo Hamby y Grych (2013) señalan que frecuentemente de adscribe a los individuos en el papel de agresor o víctima y que las “víctimas ideales” reciben mayor simpatía al no perpetrar violencia. Sin embargo, y aunque sea controvertido, las interconexiones entre la perpetración y la victimización sugieren que los papeles no son rígidos.

Al respecto un apunte muy interesante procedente de los trabajos de Ramírez (2003) y Hewitt (2005) es la mención de los términos de unidireccionalidad, bidireccionalidad o circularidad, aunque ellos los apliquen a la asociación entre consumo de sustancias y violencia es preciso señalar que en el caso del fenómeno de la violencia además de no ser aislado tampoco es rígidamente unidireccional; por ejemplo, en el contexto de parejas, del hombre hacia a la mujer o viceversa.

A pesar de ello hasta hace unos años en países hispanoparlantes se comenzó a fortalecer la posibilidad teórica y metodológica de que la violencia sea bidireccional (Gomez, Speizer y Moracco, 2011; Rubio-Garay, López-González, Saúl y Sánchez-Elvira-Paniagua, 2012).

Así es entendible que en países hispanoparlantes convivan trabajos basados en la unidireccionalidad y bidireccionalidad de la violencia en parejas jóvenes o adultas y, como es esperable, los estudios que contemplan el fenómeno como circular aún sean escasos, a excepción de aquellos con muestras clínicas.

Lo cierto es que el estudio de la violencia de pareja contemplando la bidireccionalidad o recursividad de las agresiones (Moral y López, 2013) podría dar pauta a la detección, prevención e intervención más adecuada en los patrones o trayectorias de interacción violenta en parejas.

4.3 El estudio de la victimización y la prevención de la violencia.

En el estudio de los patrones y trayectorias de poli-perpetración y poli-victmización es imprescindible conocer no sólo sobre la perpetración, sino ahondar también en la victimización, una línea de investigación aceptada en la Criminología y por sentido común debería ser objeto de estudio en la Psicología.

Sin embargo surge la duda de ¿hasta qué punto esto implicaría la culpabilización de la víctima, especialmente en el contexto de pareja? Al respecto Hamby y Grych (2014) señalan enfáticamente que no, pues la responsabilidad de la violencia siempre será de la o el perpetrador de la violencia. Explican que entre otras razones la posible culpabilización de la víctima se deben a actitudes y creencias erróneas como la creencia en el “mundo justo”, muy común en sociedades individualistas, en el que cada quien tiene “lo que se merece” menospreciando los factores situacionales o por cuestiones de género, en el caso de las agresiones sexuales.

Dado que la mayor parte de la evidencia empírica se aboca al estudio de la perpetración de la violencia y que la victimización no es un proceso aleatorio, investigar sobre la victimización podría coadyuvar al mejoramiento en la prevención de fenómenos como el emparejamiento selectivo, solo por mencionar una posible aplicación.

Al respecto es preciso señalar que si bien podría existir el peligro de culpabilizar a las víctimas, también existen aspectos indeseables como los intereses variopintos que circundan este tema. Para saber más puede consultarse la obra de Toldos (2013) en la que entre otras cuestiones denuncia en forma polémica, pero fundamentad, la existencia de cuestiones como cierta “rentabilidad” de los malos tratos, la presencia de doble moral en medios de comunicación y en algunos círculos académicos y científicos, la presión de colectivos radicales o el entendimiento simplista de la violencia.

4.4 ¿Co-ocurrencia, patrones y trayectorias implican determinismo alguno?

No, afortunadamente las interconexiones ni la identificación de patrones o trayectorias implican inevitabilidades.

Si bien es cierto que, de acuerdo a la perspectiva de la transmisión intergeneracional de la violencia, las experiencias tempranas pueden influir en la perpetración o victimización futura, es muy necesario tener en cuenta el papel que juegan los pares y otras figuras adultas en la construcción de relaciones saludables (Hamby y Grych, 2013). La mayoría de las causas identificadas de la violencia son causas generales que producen muchos tipos de violencia, sin embargo las posibles interconexiones de la violencia y el conocimiento de sus trayectorias llevarían a comprender mejor el problema, prevenirlo y tratarlo.

Así, en los aspectos preventivos la reducción de un tipo de violencia puede disminuir otras formas de violencia. “Reducir el abuso de menores, por ejemplo, es probable que reduzca el acoso escolar, la violencia en el noviazgo adolescente, la violencia en la pareja, y el abuso de la próxima generación de niños. El marco de la co-ocurrencia ofrece la esperanza de que el problema sea finito. Coordinación, integración y colaboración son las claves para un avance efectivo, holístico, centrado en la persona y hacia un futuro libre de violencia” (Hamby y Grych, 2013, p. 108). En ese sentido, traspasar los silos disciplinares en la prevención e intervención a través del marco de la co-ocurrencia ofrecería la posibilidad de evitar gastos, confusiones y duplicidades.

5. Algunas ideas finales

Como limitaciones y autocríticas a subrayar en este manuscrito es preciso indicar que las observaciones realizadas a lo largo de del texto ciertamente pueden ser poco o nada novedosas, sobre todo para contextos académicos de Estados Unidos, Gran Bretaña o Alemania donde la investigación psicológica de la violencia de pareja y sus diversas manifestaciones llevan décadas de consolidación a diferencia de una gran parte de países hispanoparlantes.

Solo basta echar un vistazo a la literatura científica en castellano para encontrar estudios que siguen “fragmentando” la violencia en diversos tipos, los que siguen analizando cuestiones como las diferencias por sexo entre hombres y mujeres en el uso de determinados tipos de violencias (mono-perpetradores y mono-víctimas de la violencia, en la terminología del marco de la co-ocurrencia) o la adscripción rígida de los roles de víctima o victimario a mujeres y hombres, respectivamente. Aunque también se pueden hallar aquellas investigaciones sobre la relación entre distintos tipos de violencias o los estudios que contemplan la violencia como bidireccional, por ejemplo.

Ante este panorama teórica y metodológicamente variopinto, sin lugar a dudas pueden existir más implicaciones positivas derivadas de “la segunda ola” así como del marco de la co-ocurrencia. Por ello es preciso recordar que la intención de este trabajo únicamente ha sido presentar en líneas muy generales tanto a la segunda ola como a la co-ocurrencia y con ello invitar a la lectura y su mayor profundización. Por supuesto que esto no es obstáculo para reconocer que la selección de las implicaciones se ha realizado de forma arbitraria considerando el estado actual de gran parte de la investigación de violencia de pareja de jóvenes, en contextos hispanohablantes.

En resumen, más allá de los diversos silos disciplinares e intereses, la Psicología tiene una responsabilidad social frente a la violencia (Vaca y Rodríguez, 2009). Por ello la tarea que propone la “segunda ola” no se antoja fácil y no huelga decir que la mayor inclusión de algunos aspectos teóricos y metodológicos derivados del marco de la co-ocurrencia serían más que pertinentes en futuras investigaciones psicológicas sobre la violencia de parejas jóvenes.

Sin embargo su factibilidad, ciertamente, luce obstaculizada por cuestiones como los recursos -pues como bien sabemos los y las científicas sociales y de la conducta muchas veces tienen que trabajar con lo que se tiene y con lo que se puede-, el traspaso de silos disciplinares, la unificación de terminologías o intereses, etc.; cambios sistémicos que requerirán en no pocas ocasiones cuestionarse la propia identidad, los intereses, las ideologías y otras rémoras en pro de una investigación más coordinada, comprensiva, responsable y ética. Sin duda una tarea que no es sencilla, pero tampoco imposible.

En un país como México donde lamentablemente las noticias, los hechos cotidianos o las interacciones diarias están cada vez más impregnados de múltiples formas de violencia interpersonal, toca a cada quien valorar y, en su caso, retomar los aportes y propuestas derivadas de esta “segunda ola” y del marco de la co-ocurrencia que puedan ser de utilidad para la promoción y construcción de relaciones interpersonales saludables y satisfactorias para los y las mexicanas.

6. Agradecimientos

Manuscrito elaborado durante la estancia posdoctoral realizada por el autor en la Universidad de La Laguna (España), gracias a una beca otorgada por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México.

7. Referencias

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1Doctor en Psicología por la Universidad de Salamanca (España) e Investigador Posdoctoral adscrito a la Universidad de La Laguna (España).

Nota del Autor

Departamento de Psicología Cognitiva, Social y Organizacional, Facultad de Psicología. Universidad de La Laguna.

Agradecimientos:

Manuscrito elaborado durante la estancia posdoctoral del autor auspiciada por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México.

La correspondencia sobre este artículo debe ser remitida a:

José Luis Rojas-Solís.

Departamento de Psicología Cognitiva, Social y Organizacional, Facultad de Psicología.

Universidad de La Laguna.

Campus de Guajara s/n, 38071. La Laguna, Santa Cruz de Tenerife, España.

E-mail: jlrojassolis@gmail.com


 

 

 





 

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