Psicología y Educación Integral A.C. 
Revista Internacional PEI: Por la Psicología y Educación Integral
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Volumen IV. Número 8. Enero-Febrero 2015
 
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IBSN: Internet Blog Serial Number 2010-07-01-00

LA SITUACIÓN DE LOS DERECHOS DEL NIÑO Y EL DESARROLLO INFANTIL EN MÉXICO

THE SITUATION OF THE RIGHTS OF THE CHILD AND CHILD DEVELOPMENT IN MEXICO

Adrián Cuevas Jiménez1, María Antonieta Covarrubias Terán2 y José T. Gómez Herrera3



    1. Resumen

Los derechos del niño, que forman parte de los derechos humanos, tienen como principal finalidad el desarrollo pleno de la personalidad. En este trabajo se aborda el vínculo entre los derechos del niño y el desarrollo infantil a partir de la concepción de L. S. Vygotski acerca del desarrollo, que nos permite avanzar a una concepción integral de la persona; asimismo, se hacen algunas consideraciones generales de la situación actual sobre los derechos del niño en México y sus implicaciones en su desarrollo, particularmente con respecto al trabajo infantil; en torno a esta cuestión se abona a la discusión sobre la pertinencia o no de la inserción laboral del niño en función de las condiciones en que ocurre esta actividad y de la perspectiva del desarrollo.

Palabras clave: derechos del niño, desarrollo infantil, situación actual México.

Abstract

The child's rights that are part of the human rights, have as main purpose the full development of the personality. In this work the bond is approached between the boy's rights and the child development from the conception of L. S. Vygotski about the development that allows us to avance the integral conception of person; from this perspective, a some considerations of the actual situation about the infantile rights and development in Mexico, are exhibited, and its implications for their development, particularly with regard to child labour; on this issue it is credited to the discussion on the relevance or otherwise of employability the child depending on the conditions in which this activity takes place and the prospect of development.

Key words: rights of the child, child development, Mexico’s current situation.



Resumo

Dos direitos da criança, que fazem parte dos direitos humanos, tem como principal objectivo o pleno desenvolvimento da personalidade. Este trabalho aborda a relação entre os direitos da criança e o desenvolvimento da criança do conceito de L. S. Vygotski sobre desenvolvimento, permitindo-nos avançar para uma concepção abrangente da pessoa; nesta perspectiva, existem algumas considerações sobre a situação atual sobre os direitos e o desenvolvimento da criança no México e suas implicações para o seu desenvolvimento, nomeadamente em matéria de trabalho infantil; sobre esta questão é creditado a discussão sobre a pertinência ou não de empregabilidade a criança dependendo das condições em que essa atividade ocorre e a perspectiva de desenvolvimento.



Palavras-chave: direitos da criança, desenvolvimento infantil, atual situação de México.

  1. Introducción



El desarrollo pleno del ser humano ha sido la finalidad primordial, explícita o no, de toda normatividad social en cada contexto sociocultural. Sin embargo, las concepciones sobre el desarrollo son diversas y el manejo e interpretación de la normatividad se encuentran atravesados por intereses económicos y políticos. Así, los derechos humanos de manera general, y los derechos del niño dentro de ellos, de manera particular, son cuestiones ampliamente debatidas en la actualidad, -tanto al interior de los países como en el ámbito internacional-, y han sido objeto muy claro de manejos políticos. Entre otras cuestiones, la separación que se hace de tipos de derecho: sociales, económicos y culturales, civiles y políticos, etc., y el énfasis en unos u otros, constituye uno de esos manejos, al cual le subyace una concepción segmentada y parcializada del desarrollo humano y es uno de los sustentos para las declaraciones, e incluso, para las descalificaciones de unos países hacia otros.

Aunque la materialización del derecho en instrumentos jurídicos y su análisis requieren delimitar objetos específicos -como de hecho ha ocurrido dentro de los organismos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), así como en las convenciones y tratados internacionales-, sin embargo, se considera que una evaluación objetiva en torno a los derechos humanos en un grupo social o país, no puede sustentarse en la fragmentación de aspectos específicos aislados, sino en una visión de proceso integral, como es invocado también por la ONU en su Informe sobre Desarrollo Humano del 2000, donde se considera al desarrollo humano que los motiva.

En este contexto, el objetivo del presente trabajo es contribuir con algunas reflexiones a la discusión sobre los derechos del niño, en relación con el concepto de desarrollo infantil como proceso integrador.



2.- Antecedentes en torno al desarrollo de los derechos del niño

Se entiende por derechos del niño al conjunto de normas cuyo objeto es la “protección integral del ser humano desde su concepción hasta que alcanza, tras su nacimiento, la plena capacidad de obrar, al obtener la mayoría de edad, para integrarse armónica y plenamente en la convivencia social” (Jiménez, 2001: 4-5).

La reflexión y las acciones para la sistematización actual de los derechos del niño han tenido un desarrollo antecedente; los siguientes son los principales momentos que en el ámbito internacional han ocurrido al respecto.

El 25 de Diciembre de 1924 se llevó a cabo el primero de esos pronunciamientos, se trata de la llamada “Declaración de Ginebra”, que establecía siete principios basados en: la protección del niño sin discriminación alguna, garantizar su desarrollo en condiciones materiales, morales y espirituales normales y en el marco de las relaciones familiares, velar por su asistencia, prevención y protección social, así como por una educación integral.

La Declaración de los Derechos del Niño, adoptada por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) el 20 de Noviembre de 1959, establecía diez principios en torno a la protección, educación y cuidados especiales del niño para una infancia feliz.

En el marco del Pacto Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos, aprobado por la Asamblea General de la ONU en 1966, se consignaba el derecho a la vida y la prohibición de la esclavitud, el maltrato, la instigación a la guerra y al odio, y se proclamaba la protección del niño sin ningún tipo de distinción, así como los derechos a un nombre y a una nacionalidad.

La Asamblea General de la ONU, aprobó el 16 de Diciembre de 1966 el Pacto Internacional sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales, que establecía la protección especial a las madres antes y después del parto; protección y asistencia al niño, sin distinción, contra la explotación económica y social, así como la necesidad de establecer límites de edad por debajo de los cuales quedara prohibido y sancionado el empleo a sueldo de la mano de obra infantil.

El 14 de Diciembre de 1979 la Asamblea General de la ONU aprobó la Declaración sobre Protección de la Mujer y el Niño en Estados de Emergencia o de Conflicto Armado, que consideraba como actos criminales toda forma de represión y tratos crueles e inhumanos hacia mujeres y niños, como: reclusión, tortura, ejecuciones, detenciones en masa, destrucción de vivienda y desalojo forzoso en operaciones militares de los beligerantes en conflictos armados.

3.- La convención sobre los derechos del niño

Sobre el avance logrado en los instrumentos jurídicos previos, en 1979, Año Internacional del Niño, se creó un equipo para trabajar sobre una versión provisional de convención sobre los derechos de la niñez que un año antes había propuesto Polonia a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU; luego de consultas y negociaciones con los gobiernos, la versión definitiva fue adoptada por la Asamblea General de la ONU el 20 de Noviembre de 1989. Esta convención sobre los derechos del niño recogió la sistematización obtenida en los instrumentos jurídicos que le precedieron e incorporó cuestiones actuales que tienen que ver con el desarrollo del niño, como el deterioro ecológico, la drogadicción, la explotación sexual, el secuestro, etc., y entró en vigor en 1990; “actualmente el 96% de los niños del mundo viven en países que se han comprometido a velar por la protección y cuidado de sus niños y niñas” (Cánovas, Gómez y Núñez, 1997: 2).

La Convención Sobre los Derechos del Niño, es un acuerdo de las Naciones Unidas que explicita el conjunto de derechos que tienen los niños; constituye el primer código universal de los derechos del niño legalmente obligatorio, de manera que los países que la suscriben se someten legalmente a lo que estipula y están obligados a informar periódicamente a un Comité de los Derechos del Niño sobre las políticas y acciones realizadas para cumplir con lo establecido.

La Convención sobre los Derechos del Niño incluye 54 artículos que se refieren a los siguientes contenidos:

  1. Concepto de niño: todo ser humano menor de 18 años de edad, excepto quien haya alcanzado antes la mayoría de edad a consecuencia de que así lo establezca su régimen legal. Se comprende que si algún régimen jurídico establece una edad distinta a la que señala la convención, se estará a lo que disponga esa ley local, pues lo expresado en la Convención es una regla general.

  2. Derechos a la supervivencia: incluye los derechos a la vida, a un nombre y a una nacionalidad, a vivir dentro de relaciones familiares y a tener cubiertas las necesidades más importantes para su existencia.

  3. Derechos al desarrollo: las condiciones para lograr el potencial pleno, como la educación, el juego, el esparcimiento, las actividades culturales y el acceso a la información.

  4. Derechos a la protección: la salvaguarda de todo abuso, abandono y explotación, tales como la situación de refugiados, la tortura, procesos penales, conflictos armados, el trabajo infantil, la drogadicción y la explotación sexual.

  5. Derechos a la participación: disposición de las condiciones para su implicación activa en su sociedad, tales como libertad de expresión y opinión, de asociación y reunión pacíficas, de pensamiento, conciencia y religión y a una vida adulta responsable.

  6. Derechos a su desarrollo en un ambiente familiar: derechos a ser cuidados por sus padres y a no ser separados de ellos, así como a la adopción.

Es necesario señalar, en primer lugar, que aunque la casi totalidad de países se ha adherido a la Convención sobre los Derechos del Niño, este hecho no supone por sí sólo haber avanzado en la observancia real de dichos derechos en esos distintos países. En segundo lugar, que los derechos del niño están implicados, de manera más general, en los derechos humanos y que éstos, en los últimos años, se han tomado como pretexto para el enjuiciamiento y/o exclusión, con fines políticos, de unos países hacia otros, sobre la base, principalmente, de una visión que desvincula y desconoce la implicación mutua entre unos y otros tipos de derechos en que se les clasifica. En este contexto de la discusión se inserta el análisis del siguiente punto.



4.- El desarrollo humano como el criterio que orienta los derechos del niño y la evaluación de sus logros



El fin último o la razón de ser de los derechos del niño es su desarrollo integral como ser humano y, en términos más específicos, como se expresa en la exposición de motivos de la Declaración de los Derechos del Niño, “el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad” (UNICEF, 1990: 4). Es decir, todas las circunstancias del contexto sociocultural en que él se desenvuelve y todos los actos u omisiones de quienes le rodean deben orientarse hacia su desarrollo pleno como organismo humano y como persona. En consecuencia, el desarrollo del niño constituye también el criterio fundamental para la evaluación del estado de los derechos del niño, en determinado contexto social.

Sin embargo, sobre el desarrollo humano y de la personalidad existen distintos puntos de vista; desde la concepción Histórico-Cultural del desarrollo de L. S. Vigotsky, que se comparte en este trabajo, el desarrollo humano es un proceso dialéctico de formación de las cualidades psicológicas, que ocurre a través del proceso de apropiación por el individuo durante la ontogenia, de la experiencia histórico-social en determinado contexto socio-cultural; es decir, de las creencias, conocimientos, valores, normas, lenguaje, técnicas y procedimientos, entre otros, que constituyen la cultura creada por las generaciones que le han precedido. Se trata de un proceso activo por parte del individuo y necesariamente mediado por las relaciones sociales de quienes le rodean en su medio (Vygotski, 1979, 1987, 1996); es decir, no es un producto determinado mecánicamente por factores internos o biológicos o por factores externos o ambientales, sino un proceso de interrelaciones complejas entre ellos y la participación activa del mismo individuo como sujeto de su propio desarrollo. La personalidad desde esta postura constituye el nivel superior de integración de las cualidades psicológicas, caracterizada por la función reguladora y autorreguladora del comportamiento; es decir, es el nivel de desarrollo en el cual el individuo es capaz de autovalorarse, reflexionar sobre su comportamiento y el de los demás, de plantearse ideales y propósitos que se constituyen en reguladores de su comportamiento, siendo los reguladores que se basan en los ideales morales los de nivel más elevado.

Ahora bien, el desarrollo de estas cualidades propiamente humanas requiere de apropiadas condiciones de vida, sin las cuales no pueden formarse como tales.

En primer lugar, es una premisa necesaria la disposición de un organismo con un sistema nervioso humano y que se forme y funcione en condiciones normales sanas; esas cuestiones biológicas constituyen el sustento material de indudable importancia para la formación de las aptitudes y cualidades humanas. De aquí la necesidad e importancia de los derechos del niño que se refieren a: a) la protección, cuidado y atención de la salud de la madre antes, durante y después del parto; b) la atención y disposición de servicios de salud e inmunización contra enfermedades al niño; c) la disposición de una alimentación con los nutrientes necesarios para el niño y su protección contra el uso de estupefacientes y sustancias que afectan su desarrollo orgánico.

En segundo lugar, el desarrollo de las cualidades humanas sólo puede ocurrir a través de las relaciones sociales del individuo con quienes le rodean, es decir, a través de un proceso comunicativo. El ser humano nace y se desenvuelve en un medio social en el que existe una cultura, de la que se apropia activamente y a través de sus relaciones con los demás; el medio externo constituye la fuente de su desarrollo, le dispone de posibilidades y restricciones que lo encausan; desde su nacimiento el individuo se inserta en sistemas de actividad y de comunicación para apropiarse de esa cultura y, en consecuencia, para formarse como ser humano y como persona. La apropiación durante la ontogenia de los productos culturales del individuo, del aspecto humano de los objetos que le circundan, exige de él una actividad adecuada a esos objetos, una actividad que no ocurre de manera aislada o solitaria, sino necesariamente mediada por las relaciones sociales con quienes le rodean, es decir, se lleva a cabo en un proceso comunicativo (Cuevas, 2013); este proceso es la base de las principales emociones y la fuente de reflexión y elaboración personal, que permite al hombre su expresión como individualidad creadora, como sujeto único e irrepetible. Todo esto resalta la importancia de los derechos del niño relativos a: a) la educación e información; b) su desarrollo dentro de relaciones familiares; c) al juego y esparcimiento; d) la protección contra el abuso, el abandono y la explotación.

Sin embargo, es necesario enfatizar, como se ilustra en el esquema de la figura número 1, que esas condiciones objetivas no constituyen factores que de manera aislada y unilateral determinen el desarrollo del niño, sino que ocurre una interacción dialéctica entre ellas que se materializa en un portador concreto, el organismo del niño que madura y cambia y que activamente deviene en un ser cultural; en la interrelación de esas condiciones se inserta, de manera dinámica la participación del individuo como sujeto activo, creativo y transformador de su medio y de sí mismo. El desarrollo transcurre de manera compleja y contradictoria, al inicio de la vida como procesos psicológicos elementales y fragmentarios,

y después, con el desarrollo de la autoconciencia, de la autovaloración, de los ideales y propósitos como procesos de regulación consciente y de autorregulación del comportamiento, es decir, como personalidad singular.

En el desarrollo humano visto como proceso dinámico, las condiciones objetivas, tanto biológicas como sociales, ejercen una influencia que no es mecánica ni lineal; esas condiciones de vida no determinan por sí mismas el desarrollo; su acción se encuentra siempre mediada, de manera dinámica, por las propiedades subjetivas formadas con anterioridad en el individuo. El dinamismo y complejidad de este proceso se encuentra planteado en la categoría “situación social del desarrollo” (Vygotski, 1996), la cual constituye una herramienta conceptual muy importante para evaluar el desarrollo y la personalidad como proceso integral; implica una visión cualitativa de análisis que supera la consideración de la acción aislada y lineal de los elementos.

De esa manera, en correspondencia con el planteamiento de la Convención Sobre los Derechos del Niño -donde se consigna que el fin último de estos derechos es el desarrollo integral de su personalidad-, y con la concepción de que esta formación constituye un proceso unitario de interrelaciones dinámicas entre las condiciones objetivas en las que se desenvuelve el niño (orgánico-fisiológicas y socioeconómicas) y sus formaciones subjetivas (reflexión, autovaloración, propósitos, ideales morales, sentido de libertad, de justicia, de solidaridad), está muy claro que las valoraciones en torno a los derechos del niño en determinado grupo social o país, deben sustentarse en la visión integral de esas interrelaciones; requiere de un análisis cualitativo, es decir, de un análisis como proceso de las complejas relaciones entre condiciones objetivas de vida y las formaciones subjetivas del niño, situándolo en el contexto concreto (socioeconómico, político, cultural, etc.) del territorio en que se realizan, y no sobre la valoración de grupos aislados de derechos.














Figura 1.- Representa la interrelación entre los derechos del niño que norman sus condiciones de vida y el desarrollo de su personalidad como proceso integral (elaboración propia, 2013).





Sólo una valoración integral estará más apegada a la realidad en torno al estado de los derechos del niño. Así, por ejemplo, declarar que en un país se ha logrado una cobertura en educación primaria del 100% de los niños de esa edad o cercana a ese porcentaje, no significa que se ha cubierto el derecho del niño a la educación de ese nivel escolar, es decir, que ese hecho implique realmente un desarrollo integral de la personalidad del niño; se requiere tener en cuenta otras cuestiones. Así, es preciso decir que las condiciones de desnutrición y enfermedad se relacionan directamente entre sí y todas ellas se vinculan con problemas escolares; en el organismo malnutrido, desnutrido o enfermo, ocurre una especie de “homeostasis”, donde el niño tiende a conservar su energía para mantener su supervivencia, de manera que dedica el mínimo o ningún esfuerzo a la curiosidad, a la exploración, al juego, al estudio, etc., que se manifiesta en somnolencia, desinterés, falta de atención, falta de retención de conocimientos, retardo en el desarrollo, entre otros (Cravioto y Arrieta, 1982; Cáceres, Ruiz, Patiño y Martínez, 2013). De la misma manera, si las condiciones socioeconómicas determinan que el escolar realice una actividad laboral para contribuir al ingreso familiar, esto le restará tiempo para su implicación en las actividades escolares y para el esparcimiento y, en consecuencia, esa educación no constituirá una garantía para su desarrollo integral. Asimismo y de manera más específica, una educación escolar para el desarrollo integral de la personalidad del niño, desde la perspectiva aquí adoptada, implica su estructuración y práctica que tenga en cuenta las diferencias individuales y los desarrollos personales de los alumnos, lo que supone, a la vez, avanzar hacia la superación de la visión prevaleciente de “escuela uniforme”, que despliega programas escolares únicos y los implementa a grupos numerosos de alumnos, bajo el mismo ritmo y temporalidad y otorgando prioridad a la transmisión de conocimientos; una educación justa no significa educación igual para todos, sino una educación personalizada y diferenciada para cada uno, que posibilite a todos alcanzarla por sus distintos caminos (Cuevas, 2002).

La vinculación de los aspectos señalados muestra la necesidad e importancia de considerar los derechos del niño como un proceso integral que se realiza en un contexto socioeconómico específico; sólo desde esta visión se posibilita una evaluación más cercana a la realidad en torno al avance logrado en el respeto efectivo a los derechos del niño en determinada sociedad. De esa manera podemos plantear que la suscripción por un país a la convención y a los tratados sobre derechos del niño, o el pregonar la libertad de expresión y la disposición de una competencia de grupos políticos para elegir gobernantes, no son aspectos suficientes para concluir que se respetan y fomentan los derechos de los niños, pues las condiciones socioeconómicas y materiales de vida en las que se desenvuelve dicho país pueden ser adversas. No puede, por ejemplo, haber una comprensión de la realidad para poder discernir entre diferentes alternativas políticas e ideológicas, ni se puede ser sujeto del propio desarrollo ni partícipe en las actividades comunitarias bajo condiciones de hambre, desnutrición, enfermedad e ignorancia.


5.- La situación de México y los derechos del niño

El contexto socioeconómico de México está sustentado en un sistema de propiedad privada de los medios productivos, por lo tanto, su dinamismo y prioridad se orientan por el fin primordial de la obtención de ganancia económica y material de parte de esos dueños privados, nacionales y transnacionales; esta situación es la condicionante principal de la explotación y la desigual distribución de la riqueza y, por tanto, de la pobreza y pobreza extrema de las mayorías desposeídas de los medios productivos. Junto a esta situación el dinamismo económico en el país se encuentra sometido a los lineamientos de los grandes organismos financieros internacionales, que se expresan en políticas gubernamentales de ajuste, con reducción de los gastos públicos a los servicios sociales y la generalizada privatización de las empresas estatales de producción y de servicios, lo que implica la disminuida asignación de presupuestos en rubros importantes como la educación y la salud, entre otros; las consecuencias de estas políticas han sido el persistente analfabetismo de adultos, la insuficiente atención a la demanda de educación básica y de salud. En estrecha relación con ambas cuestiones se encuentra en México un sistema “competitivo” de partidos políticos como mecanismo para la elección de gobernantes que se considera el fundamento esencial para el ejercicio democrático4.

Esas Condiciones generales del contexto socioeconómico mexicano disponen determinado grado de posibilidades y restricciones al bienestar y al desarrollo del niño y, por lo tanto, al respeto de sus derechos. La pobreza, y máxime la pobreza extrema, que alimentan la ignorancia, el hambre, la desnutrición, la enfermedad…, constituyen una limitación para pensar y comprender la realidad y, en consecuencia, reducen la capacidad para el análisis y la toma de decisiones, para el planteamiento de proyectos y la autorregulación del comportamiento por ideales morales.

En la pobreza no se pueden formar en el niño los valores de libertad5, igualdad, democracia y solidaridad como lo plantea la Convención sobre los Derechos del Niño, pues en México la educación básica no está garantizada para todos: en primaria no se atiende al 100% de la demanda y mucho menos en la secundaria; pero además, la pobreza obliga a millones de niños a desertar de la escuela, es decir, principalmente por cuestiones económicas y para insertarse al trabajo ante la necesidad de contribuir al precario ingreso familiar. De acuerdo a los datos del Instituto nacional de Estadística y Geografía (2013), en este año había 2,536,693 niños ocupados, y de ellos 913,798 no asistían a la escuela; y según la Subsecretaría de Educación Básica sólo en el curso escolar 2012-13 abandonaron este bloque escolar 390 376 alumnos (Martínez, 2014).

No se puede afirmar que todos los niños pobres trabajan asalariadamente, pero sin duda todos los que lo hacen son pobres; asimismo, es evidente que los niños que estudian y trabajan tienen problemas para asistir regularmente a la escuela o llegan tarde, cansados, con dificultades para concentrarse y sin el tiempo suficiente para hacer las tareas escolares fuera de la escuela. Se hace posible, además, que en estas circunstancias se retrasen y reprueben grados; esto último tiene gran impacto en la autoestima del niño, así como en el gasto familiar y abona a la baja valoración hacia la escuela ¿cómo puede desarrollarse en el niño el sentido de la libertad y formarse como tal ante condiciones donde no goza de iguales oportunidades para buscar y construir alternativas?

Si continuamos en esta reflexión podemos ver, incluso, que aún para los niños que permanecen en la escuela mexicana, ésta no es garantía de calidad que les permita formarse plenamente como personas, ya que, entre otras cuestiones: a) los programas escolares son homogéneos para poblaciones culturalmente diversas y se basan en la transmisión mecánica de contenidos desligados entre sí y de la vida del niño, y se aplican uniformemente a grupos numerosos de alumnos desconociendo sus diferencias individuales y desarrollos personales, cuestión que implica un alejamiento con respecto a la perspectiva vigotskyana del desarrollo (los puntajes más bajos entre los países evaluados según la Prueba PISA es sólo un indicador de esa baja calidad educativa); b) el 25% de la matrícula se localiza en escuelas unitarias en las que un solo profesor atiende a todos los grados en un solo grupo ¿cómo puede desarrollarse íntegramente el niño si ante esas circunstancias de homologación se ignoran sus particularidades y niveles individuales de desarrollo?

Pero además si: a) la escuela se funda en prácticas individualistas y competitivas, b) la dinámica social en general le dispone discriminación social, principalmente étnica y una lucha desleal y hasta criminal entre grupos políticos para cuyas actividades se asignan enormes cantidades del erario público y éste es objeto de malversación, y donde c) los medios masivos de comunicación están condicionados por esos valores y prácticas; ¿cómo en esas condiciones puede formarse el niño en el sentido de solidaridad y democracia?

Estas son algunas de las restricciones, más que posibilidades, que dispone el sistema socioeconómico mexicano para el fomento y respeto a los derechos del niño y, por lo tanto, para el desarrollo integral de su personalidad.

6.- Los derechos y las obligaciones de los niños en las actividades familiares y comunitarias

Uno de los derechos de los niños establece que no deben ser obligados a trabajar. La convención de los derechos del niño argumenta en el artículo 32, que los niños estarán protegidos contra la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpecer su educación, o que sea nocivo para su salud o para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social. Estableciendo, incluso, penalidades u otras sanciones apropiadas para asegurar la aplicación efectiva del presente artículo (UNICEF, 1999 y Convención de los derechos del niño, 2003).

Efectivamente, es cuestionado el trabajo infantil como actividad de explotación, o forzada, de trata, de esclavitud, de actividades ilícitas y peligrosas, en definitiva de ocupaciones riesgosas o limitantes de su pleno desarrollo, o interferentes de otras actividades que lo propician, como su asistencia y buen desempeño en la escuela; en este sentido, los niños tienen que ser protegidos de toda explotación económica o cuando el trabajo limite o afecte su salud, desarrollo y educación. Sin embargo, este precepto se ha recuperado frecuentemente con una interpretación equivocada, donde los niños ya no tendrían la responsabilidad de ninguna actividad o labor doméstica y en casos extremos, no tendrían ninguna obligación, y solamente derechos. En contraparte, los padres y los adultos, sólo tendrían obligaciones en la crianza y en la educación de los infantes. Desde la perspectiva Histórico-Cultural el desarrollo sólo es posible a través de la participación del niño en las actividades y prácticas del contexto sociocultural en el que se desenvuelve, por tanto es necesaria su implicación activa en las actividades de su medio social que lo forme en sus capacidades, actitudes y habilidades, para convertirse y legitimarse como miembro de su grupo social o comunidad.

En la investigación realizada en México por Covarrubias (2008) con padres de clase media para indagar acerca de las estrategias de crianza, los padres-madres narraron estar totalmente a favor de los derechos de los niños; sin embargo, algunas familias entrevistadas aludieron que los niños/as solamente tienen derechos, mientras que otras, a que tienen derechos y responsabilidades. Las primeras familias están ocupadas en satisfacer las necesidades de sus hijos/as. El segundo tipo de familia, se ocupa también de satisfacer las necesidades y al mismo tiempo de asignar responsabilidades a cada miembro de la familia. Los hijos/as del primer tipo de familia, señalan Prado y Anaya (2004), les resulta una trasgresión a sus derechos cualquier solicitud de colaboración en actividades domésticas. En cambio, los niños/as a los que se les asigna responsabilidades, pedirles una colaboración adicional, les resultará ordinario. Como señalan los autores, unos niños/as resultarán tiranos y otros co-responsables; unos resultarán demandantes y al mismo tiempo dependientes, y otros solidarios y autosuficientes.

Los padres y madres que enfatizaron la importancia de las responsabilidades de los niños consideraron que se deben de enfatizar las obligaciones de los niños/as, ya que en su propia experiencia, sus hijos/as han incorporado a su discurso la palabra “derecho” como: –tengo derecho a...,- intentado abusar de esta prerrogativa por medio del chantaje o amenaza, bajo el eslogan de “te voy a demandar” (cuestión real, efectiva y vigente en culturas como la norteamericana, inglesa, alemana, sueca y francesa) o bien, intentando ejercer un libertinaje, “tengo derecho a salir”, “tengo derecho a divertirme”. Por tal motivo, tanto papás como mamás proponen establecer límites a sus derechos, para no incurrir en un comportamiento extremista, donde los hijos sólo tengan derechos y ninguna responsabilidad, ya que en ocasiones se ha incidido en una interpretación errada del tema, que ha desvirtuado los criterios de crianza en las familias.

Es deseable que los padres y madres sean firmes, sin aceptar manipulaciones o chantajes de sus hijos/as, so pretexto de un respeto mal entendido de los derechos del niño; sino más bien retomar que, los objetivos de todos los padres y madres consisten en ser el soporte, guía y tutor de los hijos/as para que se conviertan en hombres y mujeres autónomos, autosuficientes e independientes, y les permitan adaptarse a su medio, dándole estructura a su identidad personal y soporte a sus afectos (Dreier, 2011; Shweder y LeVine,1997).

Es preciso diferenciar entre los derechos de los niños a no ser obligados a trabajar (prerrogativa legal), de la contribución solidaria a las actividades cotidianas de una familia o de una comunidad, ya que los derechos suponen un principio legal, que pretende promover las mejores condiciones sociales y económicas para el buen desarrollo de los infantes; mientras que, la participación en labores domésticas o comunitarias son promovidas por los padres o los líderes comunitarios, como contribuciones necesarias, y que se realizan como acciones solidarias que no están mediadas por una obligatoriedad de un contrato laboral ni por una retribución material o monetaria por realizarlas. En términos sencillos, los niños no deben ser obligados a trabajar como actividad explotada, pero sí, se debe promover la co-responsabilidad en la realización de tareas domésticas o comunitarias como parte del fortalecimiento de los vínculos familiares y de su integración como miembro funcional y activo de la comunidad a la cual pertenece su familia y él mismo.

Un ejemplo de esta situación es la participación de los niños indígenas en la siembra o cosecha. Es necesario considerar, en principio que las condiciones de vida no son las mismas para todos los niños. En muchos casos, las circunstancias económicas de la familia propician la participación de todos los integrantes como mano de obra para la subsistencia familiar, como es el caso de las familias rurales, donde cuantiosos niños -junto con otros miembros de la familia-, ayudan en el proceso de siembra y cosecha y/o del cuidado de los animales, como una actividad necesaria para la sobrevivencia familiar. Lejos de ser ésta una situación negativa, la participación de los niños bajo estas circunstancias propicia un aprendizaje a través de una educación informal, además de formarse en ellos el valor de la cooperación, responsabilidad y solidaridad como un principio cotidiano en las relaciones familiares y sociales.

La actividad solidaria doméstica o comunitaria, es una contribución formativa que puede ser enseñada desde que los niños son pequeños, que propicia las nociones de cooperación a satisfacer las necesidades de una familia o de una comunidad. Al mismo tiempo, es una actividad educativa importante que desarrolla: habilidades, conocimientos, estrategias en la solución de problemas, redes de relaciones humanas, valores, entre otras cuestiones.

A la luz de lo que implica la posmodernidad, como señala Lipovetsky (2002) y López (2001), donde existe una tendencia en que el hombre moderno todo lo quiere suave, ligero, sin esfuerzo, sin compromisos, vivir en el presente, para nosotros mismos, sin tradiciones, donde se olvida el sentido histórico y los valores; es relevante encausar a los niños en lo que implica un balance entre los derechos y obligaciones.

7.- Reflexiones Finales

A manera de conclusión podemos recuperar que varios documentos consagran los derechos de la infancia en el ámbito internacional (la Declaración de los Derechos del Niño y la Convención sobre los Derechos del Niño) y muchos países se han adherido para adoptarlos, lo cual no significa que en cada país se generen las políticas sociales, económicas y civiles para promoverlas y ejercerlas realmente de manera generalizada. Desde la perspectiva de este trabajo, los derechos internacionales de los niños constituyen una lista de las condiciones deseables para un sano e integral desarrollo de los menores. Reconociendo que cada país hará realidad cada uno de estos buenos deseos acotado por sus condiciones políticas y económicas, pero sobre todo por la amplitud de visión de los que toman las decisiones en las políticas de desarrollo social, de la familia y particularmente, de la infancia.

La infancia, señala Vygotski, “es principalmente, el periodo de la deficiencia y de la compensación, es decir, de la conquista de una posición con respecto al todo social. En el proceso de esta conquista, el hombre como un biotipo determinado se transforma en un hombre como un sociotipo y el organismo humano se convierte en una personalidad humana” (Vygotski, 1987, p. 66); de aquí la importancia del contexto social, educación y de los derechos que el niño viva, lo cual redundará e impactará en su desarrollo biopsicosocial.

En aras de un óptimo desarrollo infantil es que distintos organismos internacionales subrayan y plantean diversos derechos para el niño. Sin embargo, en este trabajo se vislumbra la necesidad de diferenciar de los derechos de los niños “el derecho a no ser obligados a trabajar”, de la “responsabilidad compartida de los niños con los miembros de una familia para realizar las labores domésticas o la contribución comunitaria”, sin menoscabo del respeto a los derechos internacionales de los niños, sino más bien como una contribución que tiene que ser entendida como una participación de niños, niñas y del resto de los miembros de su familia o de la comunidad por igual, es decir, con una perspectiva de equidad de género.

La colaboración de los niños en las actividades domésticas o comunitarias, implica que la relación del niño con los otros está mediada por valores, costumbres y acciones, a través de los cuales el individuo, desde el planteamiento teórico de Vygotski, desarrolla funciones psicológicas superiores y la regulación de los otros pueda llegar a una autorregulación.

8. Bibliografía

Cánovas, F. L.; Gómez, C. S.; Núñez, A. E. (1997). Los niños y sus derechos., La Habana: Editorial Pueblo y Educación.

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1 Profesor Titular “B” de la carrera de Psicología, de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala, UNAM, México. Doctorado en Ciencias Psicológicas por la Universidad de la Habana, Cuba. acuevas@campus.iztacala.unam.mx

2 Profesora Titular “A” de la carrera de Psicología, de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala, UNAM, México. Doctorado en Antropología de las Relaciones de género por la Escuela de Antropología e Historia (SEP-ENAH), México. marianct9@gmail.com

3 Profesor Titular “A” de la carrera de Psicología, Facultad de Estudios Superiores Iztacala de la Universidad Nacional Autónoma de México. Doctorado en Psicología Social por la Universidad Paris Descartes, Paris, Francia. j1gomezhererra@gmail.com

4 A dichos partidos se asignan cantidades enormes del erario público y sus alianzas para beneficios político- partidistas dejan mucho que desear de su función representativa y de democracia.

5 Cabe aquí el planteamiento Martiano “ser cultos para ser libres”.






 

 

 





 

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