Psicología y Educación Integral A.C. 
Revista Internacional PEI: Por la Psicología y Educación Integral
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Volumen III. Número 6. Enero-Febrero 2014
 
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FRUSTRACIÓN, ODIO Y SOMATIZACIÓN: UN ANÁLISIS POR SEXO

 

José Luis Valdez Medina, Ana Karen Apolinar Chávez, Sergio Alberto López Campos, Mario Ulises Maya Martínez, Yessica Paola Aguilar Montes de Oca, Norma Ivonne González Arratia López Fuentes, Karla Camacho Chávez

 

Universidad Autónoma del Estado de México

 

 

RESUMEN

El objetivo de la presente investigación consistió en conocer la asociación de la frustración y odio con la presencia de síntomas somáticos en estudiantes universitarios. Se trabajó con una muestra no probabilística de tipo intencional compuesta por 250 estudiantes universitarios divididos equitativamente por sexo, con un rango de edad de 18 a 25 años, que hubieran experimentado por lo menos algún episodio de frustración y odio. Se construyó un cuestionario compuesto por seis preguntas abiertas que permiten detectar las experiencias de frustración y odio que se asocian con la presencia de síntomas somáticos, el cual se sometió a un análisis de jueces expertos, obteniéndose un acuerdo mayor al 85%. Ambos sexos coincidieron en sentir frustración cuando no pueden cumplir alguna meta personal, académica, económica, familiar, de amistad o de pareja. Las mujeres tienden a considerar que ellas son culpables o responsables de sus fracasos, mientras que los hombres tienden a justificar su frustración en situaciones externas. Se encontró que las mujeres tienden a presentar síntomas físico-emocionales, mientras los hombres reacciones físicas. Así mismo, las mujeres presentan mayor tendencia a la no resolución de la situación generadora de frustración, lo que las ubica como más propensas a presentar síntomas somáticos. En conclusión se observa que tanto la frustración como el odio reportado por los participantes se asocian con la presencia de síntomas somáticos que de no atenderse a tiempo podrían llegar a generar algún tipo de enfermedad.

 Palabras clave: Emociones negativas, Género, Somatización, México.

 

 

ABSTRACT

The aim of this study was to examine the association of frustration and hatred with the presence of somatic symptoms in college students. We worked with a nonrandom sample of intentional type composed of 250 college students divided equally by sex, with an age range of 18-25 years who have experienced at least once an episode of frustration and hatred. The questionnaire used consisted of six open questions to detect the experiences of frustration and hatred that are associated with the presence of somatic symptoms in participants. The instrument was subjected to an analysis of expert judges, resulting in a greater than 85% agreement. Both sexes agreed to get frustrated when they could not meet a personal, academical, economical, familiar, friendship or couple relation goals. Women tend to believe that they are guilty or responsible for their failures, while men tend to justify their frustration in external situations. In particular it was found that women tend to present physical and emotional symptoms, while men seem to experience more physical reactions. Women have a greater tendency to non-resolution of the situation generating frustration, so they are the most prone to present somatic symptoms. In conclusion we saw that the frustration and the hatred reported by participants are associated with the presence of somatic symptoms that could generate some kind of disease.

Keywords: Negative Emotions, Gender, Somatization, Mexico

 

INTRODUCCIÓN

Al hablar de emociones resulta imposible enmarcarlas únicamente dentro de alguna esfera cognitiva, afectiva o fisiológica, ya que su configuración se suscita de manera compleja.

Habitualmente la emoción se define como una experiencia multidimensional con al menos tres sistemas de respuesta: cognitivo/subjetivo; conductual/expresivo y fisiológico/adaptativo (Chóliz, 2005), los cuales tienen gran influencia dentro del comportamiento y las actitudes que las personas adoptan y manifiestan ante diversas circunstancias.

Para Friedickson (2001), las emociones son tendencias de respuesta con un gran valor adaptativo, que tienen evidentes manifestaciones a nivel fisiológico, en la expresión facial, la experiencia subjetiva y el procesamiento de la información, que aparecen con gran intensidad y brevedad en el tiempo y surgen ante la evaluación de algún acontecimiento antecedente.

Desde la perspectiva de la Teoría de la paz o equilibrio (Valdez-Medina, 2009), la emoción es conceptualizada como una reacción natural de secreciones hormonales que tiene el organismo, ante la presencia de un estímulo sorpresa (nuevo o desconocido) que altera la estabilidad del organismo o bien ante un estímulo significativo (ya conocido) que puede volver a alterarla.

Diversos estudios (Izard, 1991; Friedickson, 2001),  han intentado establecer criterios para entender a las emociones e incluso llegar a considerarlas como emociones básicas, entre ellos están: que tenga un sustrato neural, una expresión o configuración facial y sentimientos específicos y distintivos, derivar de procesos biológicos evolutivos, así como manifestar propiedades motivacionales y organizativas de funciones adaptativas.

Por otro lado, Davitz (1969), hace una diferenciación entre las emociones positivas y las negativas. Entre las positivas ubica al amor, la alegría, la pasión, la felicidad, el gozo y la esperanza. En contraparte, ubica como emociones negativas a la apatía, los celos, la vergüenza, el odio, la frustración y el temor. Así mismo, Piqueras, Ramos, Martínez & Oblitas (2009), destacan la existencia de reacciones emocionales básicas caracterizadas por una experiencia afectiva desagradable o negativa tales como el miedo- ansiedad, la ira, la tristeza- depresión y el asco.

Por su parte, Valdez-Medina (2009), considera que las emociones negativas son: la frustración, el odio, la envidia, los celos-egoísmo, la culpa y la vergüenza, siendo las principales la frustración y el odio, debido a que son las desencadenantes de las demás, ya que surgen al no conseguir lo que se espera (frustración), y al ubicar lo que estorbó para no poder conseguir lo que se esperaba (odio).

En este sentido, particularmente, se ve a la frustración como el hecho de no haber conseguido un resultado satisfactorio caracterizado por un sentimiento negativo al constatar que sus deseos y proyectos no van a cumplirse (Marina & López, 2005). La frustración es entendida como un estado provocado cuando una respuesta no recibe refuerzo o es de menor magnitud en presencia de una expectativa de obtener un reforzamiento de mayor magnitud o calidad, lo que genera incomodidad (Mustaca, 1999).

Por otro lado, el odio se define como un sentimiento intencional de aversión y enemistad que puede exaltarse hasta desear o provocar la muerte del enemigo (Dorsch, 2008). Es una emoción que provoca aversión o irritación continuada hacia un objeto, persona o evento que se prolonga con un movimiento en contra para aniquilarlo, o bien un deseo de alejarlo (Marina & López, 2005), es decir, un interés de forma agresiva que se tiene por algo o alguien que se rechaza o que estorba, entorpece u obstaculiza sus propios caminos, intereses o metas para intentar conseguir un satisfactor que cubra alguna necesidad o carencia, y que evite algún tipo de miedo que pueda llegar asociado con ella (Valdez-Medina, 2009).

Tanto la frustración como el odio generan en el individuo una tensión constante, surgida de no aceptar y/o rechazar abiertamente y por el contrario tolerar y controlar, lo que presenta efectos a nivel biológico o salud física, repercutiendo en una disminución o baja del sistema inmunológico, poniendo al cuerpo en un estado de vulnerabilidad en el que la somatización tiene aparición (Valdez-Medina, Aguilar, Torres & González Arratia, 2012).

La somatización consiste en la transformación de un conflicto psíquico en un síntoma orgánico (Schultz, 1951) y en la actualidad es estudiada por la Psicología de la Salud (Matarazzo, 1980), heredera de la Medicina Conductual y Medicina Psicosomática (Chóliz, 2005).

De acuerdo con el Manual Diagnóstico y Estadístico de la Asociación Psiquiátrica Americana en su cuarta revisión (DSM-IV, 1994), la somatización es considerada como un patrón crónico de conducta de enfermedad con un estilo de vida caracterizado por numerosas consultas médicas y dificultades sociales secundarias.

Abbey (2002) agrega que la somatización es un complejo proceso cognitivo, afectivo y conductual, en el que los pacientes, en respuesta a situaciones vitales estresantes, experimentan y comunican diversos síntomas físicos, que frecuentemente son atribuidos a una enfermedad orgánica, que lleva a la personas a buscar ayuda para aliviarlos.

Al respecto, la evidencia médica ha demostrado que los procesos emocionales tienen relevancia en alteraciones del sistema inmunológico (Herbert & Cohen, 1993 a, b; Bridges, Golberg, Evans & Sharpe,1991; Numhauser, Paredes, Arce & Muhr, 1997; Simon, VonKorff, Piccineli & Fullerton & Ornel, 1999), que pueden producir trastornos coronarios (Fernández-Abascal & Martín, 1994), diabetes, alteraciones del sueño, dolor (Chóliz, 2005), o enfermedad de Graves (Sonino, Girelli & Boscaro, 1993), por poner algunos ejemplos.

Para Villafaña (2012), es posible identificar la relación entre la presencia de sintomatología con algunas características de conducta o hasta de personalidad, pues existe una prevalencia de síntomas en personas culposas, en las que predomina un sentimiento de daño y responsabilidad exacerbada.

En relación a lo anterior, se ha generado investigación en torno a características de personalidad que podrían mediar el desarrollo y progresión de una enfermedad. Uno de los constructos más estudiados es el Patrón de Conducta Tipo C (Anarte, López, Ramírez & Esteve, 2001). El término fue acuñado por primera vez por Morris & Greer (1980), para referirse a un estilo de comportamiento que se caracteriza por una supresión de emociones ante situaciones estresantes; este estilo de personalidad ha sido asociado con el inicio y la progresión del cáncer (Temoshok, 1987).

Goleman (1995), menciona que se ha descubierto que las personas que experimentaban ansiedad crónica, prolongados períodos de tristeza y pesimismo, tensión continua u hostilidad incesante, cinismo o suspicacia implacables, tienen el doble riesgo de contraer una enfermedad, como asma, artritis, dolores de cabeza, úlceras pépticas y problemas cardíacos.

Una de las reacciones emocionales en las que existe una evidente relación con la sintomatología es el estrés; investigaciones como las de González & Landero (2008), lo confirman. Estos autores proponen un modelo explicativo del estrés y de los síntomas psicosomáticos, en el cual, la percepción de algún grado de estrés puede producir respuestas emocionales, conductuales y fisiológicas, que redundan en síntomas psicosomáticos, como dolor de estómago, espalda, brazos, piernas, cabeza o pecho, vértigos, falta de aire, estreñimiento e indigestión.  

Actualmente, existe consenso acerca de que los factores psicológicos pueden desempeñar un papel esencial en la historia natural de las enfermedades físicas (Oblitas, 2004), por lo que es posible plantear la utilidad de las emociones positivas para prevenir enfermedades, reducir su intensidad y duración, así como para alcanzar niveles elevados de bienestar subjetivo (Lyubomirsky, King & Diener, 2005), ya que actualmente existen datos suficientes para afirmar que las emociones positivas potencian la salud, mientras que las negativas tienden a disminuirla (Kiecolt-Glaser, 2009; Piqueras et al., 2009).

Es así que resulta relevante la realización de investigaciones que den cuenta de la asociación que pueden tener las emociones negativas no resueltas adecuadamente por las personas y la presencia de síntomas somáticos en ellas, por lo que el objetivo de la presente investigación consistió en conocer la asociación de la frustración y odio con la presencia de síntomas somáticos en alumnos universitarios.

MÉTODO

Participantes

Para la selección de los participantes se utilizó un muestreo no probabilístico de tipo intencional para la selección de 250 estudiantes universitarios divididos equitativamente por sexo (125 hombres y 125 mujeres), todos ellos estudiantes de la Universidad Autónoma del Estado de México, con un rango de edad de 18 a 25 años. Como criterio de inclusión se considero que los participantes hubieran experimentado por lo menos algún episodio de frustración y odio. Quienes no cumplían dicho criterio no fueron considerados para formar parte de la muestra.

Instrumento

Para la presente investigación se construyó un cuestionario compuesto por 6 preguntas abiertas que fueron validadas por jueces expertos, obteniendo un porcentaje de acuerdo mayor al 85%. Dichas preguntas permitieron detectar las experiencias de frustración y odio que se asociaron con la presencia de síntomas somáticos en los participantes.

Procedimiento

Una vez obtenido el consentimiento de los participantes, se llevaron a cabo las aplicaciones del cuestionario de manera individual, dentro de las instalaciones de la Universidad Autónoma del Estado de México en un tiempo aproximado de 20 minutos.

 

RESULTADOS

De acuerdo con el análisis de jueces expertos, los resultados obtenidos para la pregunta, ¿Qué tratabas de conseguir o evitar que no lograste? reportaron que los hombres se han sentido frustrados por no haber conseguido cumplir sus metas personales, por no tener relaciones favorables de amistad, por no cubrir sus metas económicas, por no conseguir buenas relaciones familiares y por no poder dejar sus adicciones. En contraste, las mujeres se han sentido frustradas por no llevar a cabo sus metas personales, no desarrollar sus metas académicas y por no tener una relación de pareja favorable (ver tabla 1).

 

Tabla 1. ¿Qué tratabas de conseguir o evitar que no lograste?

 

 

 

HOMBRES

%

MUJERES

%

Metas personales

Un logro , Proyecto, Desarrollo personal, Viajar , Evitar rechazo, Divertirme, Independencia, Intereses, Logros sociales, Una situación favorable, Evitar un fracaso, Reflexionar, Obtener un reconocimiento, Falta de interés, Conseguir tiempo, Expresión, Caminar, Evitar salirme de la escuela, Estudiar otra carrera, Entrar a clases, Llegar a un examen, proyecto, Tramitar una solicitud para trabajo.

 

50.00%

Un logro, Viajar, Intereses, Aclarar un problema, Tranquilidad, Cumplir sueños, Proyecto, Divertirme, Logros sociales,  Independencia, Evitar rechazo, Desarrollo personal, Expresión, Salud, Llegar a tiempo, Perdonar, Ocultar un problema, Honestidad, Perder a una persona, Ser religiosa.

43.39%

Metas académicas

Buen rendimiento escolar, Aprobar materias, Entrar a una escuela.

12.03%

Aprobar materias, Buen rendimiento escolar, Entrar a una escuela, Intercambio académico, Logros, académicos, Terminar a tiempo un trabajo, Evitar salirme de la escuela, Estudiar otra carrera, Estudiar para un examen.

 

28.30%

Relación de pareja

Conseguir pareja, Conservar pareja.

12.03%

Conservar pareja, Conseguir pareja, Terminar una relación, Evitar pelear con la pareja, Estabilidad con mi pareja.

 

14.15%

Relación de amistad

Conseguir una relación de amistad, Convivir con amigos, Rompimiento de una amistad, Evitar una pelea, Conseguir apoyo.

 

8.33%

Conseguir una relación de amistad, Convivir con amigos.

5.66%

Metas económicas

Conseguir un trabajo, Dinero.

 

8.33%

Conseguir trabajo, Dinero.

3.77%

Relación familiar

Conservar un padre, Unirnos como familia, Tener una verdadera familia, Que no se metieran con mi familia.

 

3.70%

Evitar maltrato familiar, Problemas con mi mamá, Que se casara mi hermano.

2.83%

Muerte /Enfermedad

Muerte y enfermedad, Accidentes, Algo fuera de su control.

 

2.77%

Muerte y enfermedad.

2.83%

Adicciones

Tomar, Tener, precauciones por estar ebrio, Fumar Diario.

2.77%

 

 

 

TOTAL

100%

TOTAL

100%

 

Respecto a la pregunta “¿Qué o quién lo impidió, interfirió u obstaculizó para que no consiguieras o evitaras lo deseado?”, hombres y mujeres argumentan que fueron terceras personas quienes les obstaculizaron, de manera particular las mujeres tienden a mencionar que ellas son las culpables de sus propios fracasos en comparación con los hombres, quienes tienden a responsabilizar a eventos externos e incluso a sus propias adicciones (ver tabla 2).

 

Tabla 2. ¿Qué o quién lo impidió, interfirió u obstaculizó para que no consiguieras o evitaras lo deseado?

 

 

HOMBRES

%

MUJERES

%

Otras personas

Terceras personas, Amigos, Familiares, Padres, Profesores, Pareja, Compañeros, Ex novia, Malas Amistades, Sociedad.

 

56.91%

Terceras personas, Padres, Familiares, Profesores, Amigos, Ex novio, Compañeros, Conocidos, Pareja.

59.05%

Yo mismo

Yo mismo,  Nada, Voluntad, Impotencia, Indecisión.

19.51%

Yo misma, Miedo, Indecisión, Impotencia, Mi actitud, Falta de preparación, No estudiar, Orgullo, Autoestima, Falta de comunicación, Falta de experiencia, Culpa.

 

27.55%

Eventos externos

Condiciones, Tiempo, Gobierno, Escuela, Tráfico, Un conflicto, Compromisos, Competencia laboral.

 

17.88%

Tiempo, Muerte, Opiniones de los demás, Estereotipos, Tráfico.

7.08%

Objetos

Dinero, Cosas.

4.06%

Dinero, Mi oficina, Documentos.

 

6.29%

Adicciones

Fumar, Alcohol.

1.62%

 

 

 

TOTAL

100%

TOTAL

100%

 

Respecto a la pregunta “¿Emocionalmente cómo te sentiste al no haber podido conseguir, conservar, evitar o desaparecer lo que pretendías haber podido conseguir, conservar, evitar o desaparecer?”, se obtuvieron respuestas categorizadas en: tristeza, frustración, odio, ansiedad, tranquilidad y vergüenza/ culpa. Las diferencias sexuales muestran que los hombres se sintieron en mayor medida tristes, con odio, ansiosos y tranquilos, mientras que las mujeres se sintieron frustradas y con vergüenza/culpa (ver tabla 3).

 

Tabla 3. ¿Emocionalmente cómo te sentiste al no haber podido conseguir, conservar,  evitar o desaparecer lo que pretendías haber podido conseguir, conservar,  evitar o desaparecer?

 

 

HOMBRES

%

MUJERES

%

Tristeza

Tristeza, Mal, Sin ganas, Deprimido, Desesperado, Ganas de llorar, Sentimental, Desconsolado, Vacío.

48.66%

Tristeza, Mal, Sin ganas, Deprimida, Desesperada, Rara, Cansada, Cambios de humor, Herida.

 

47.12%

Frustración

Frustración, Decepcionado, Impotencia, Inconforme, Solo, Engañado, Infeliz.

27.80%

Frustración, Decepcionada, Impotencia, Fracasada, Incompleta, Resignada, Incapaz, Defraudada.

 

31.41%

Odio

Enojo, Molesto, Rabia, Irritación, Coraje, Ira, Indiferente.

 

17.64%

Enojo, Molesta, Indiferente, Mal humor, Harta.

14.13%

Ansiedad

Miedo, Preocupado, Angustiado,  Ansiedad.

 

3.20%

Ansiedad, Tensa, Exaltada, Estresada.

2.09%

Tranquilidad

Esperanza, Tranquilo, Emocionado.

 

2.14%

Tranquila, Reflexionar, Menos Presión.

.

1.57%

Vergüenza/Culpa

Vergüenza.

0.53%

Culpable, Vergüenza, Molesta conmigo, Arrepentida, Confundida.

3.66%

 

TOTAL

100%

TOTAL

100%

 

 

Para la pregunta “¿Físicamente cómo te sentiste, es decir, qué síntomas tuviste cuando experimentaste esta situación?”, se obtuvieron las categorías de: síntomas físicos y síntomas físico-emocionales. La muestra masculina presentó en mayor medida síntomas físicos, mientras que la femenina mencionó presentar un mayor número de síntomas físico-emocionales (ver tabla 4).

 

Tabla 4. ¿Físicamente cómo te sentiste, es decir, qué síntomas tuviste cuando experimentaste esta situación?

 

 

HOMBRES

%

MUJERES

%

Síntomas

Físicos

Dolor de cabeza, Cansado, Débil, Dolor de estómago, Nauseas, Mal, Mareos, Más apetito, Dolor de pecho, Tensión muscular, Nerviosismo, Hiperventilación,  Adormecimiento, Dolor de espalda, Sueño, Falta de apetito, Temblores,  Agitación, Gripa, Sudor en las manos, Enrojecimiento del rostro, Exaltación, Cruda, Desahogo.

78.26%

Cansada, Dolor de cabeza, Falta de apetito, Dolor de estómago, Débil, Sueño, Insomnio, Enferma, Mal, Dolor de espalda, Tensión muscular, Temblores, Nauseas, Agitación, Mareos, Adormecimiento, Dolor de pecho, Cólicos, Desmayos, Dolor corporal, Entumecimiento, Escalofríos, Baja presión arterial, Gastritis, Dolor de ojos, Comezón en el cuello, Dolor, Rigidez en el cuerpo, Vómito.

 

68.83%

Síntomas Físico-emocionales

Decaído, Sin ganas, Preocupación, Triste, Llanto, Frustración, Ansiedad, Irritación, Confusión, Miedo.

21.73%

Sin ganas, Llanto, Estrés, Triste, Decaída, Enojo, Mal humor, Coraje, Deprimida, Impotencia, Vacía, Sola, Desesperada, Sin ánimos, Felicidad, No sabía qué hacer, Descuido.

31.16%

 

TOTAL

100%

TOTAL

100%

 

Para la pregunta de ¿Qué hiciste en ese momento?, los resultados se agruparon en las categorías de: movilidad e inmovilidad que muestran que ambos sexos buscan soluciones alternativas, tratan de enfrentarlo, llorar, reclamar, tranquilizarse, deprimirse, se enojan, se adaptan, se decepcionan y se preocupan.

Los hombres tienden a golpear, gritar, sentir miedo y a bloquearse; mientras que las mujeres tienden a desquitarse, a vengarse, a pedir perdón, a juzgar y a dejar que otro decida por ellas (ver tabla 5).

 

Tabla 5. ¿Qué hiciste en ese momento?

 

 

HOMBRES

%

MUJERES

%

Inmovilidad

Nada, Enojarme, Llorar, Adaptarme, Resignarme, Deprimirme, Actuar indiferente, Me molesté, Sentirme mal,  Alejarme, Ingerí sustancias, Posponerlo, Rendirme, Bloquearme, Golpear cosas, Decepcionarme, Distraerme, Guardármelo, Comer, Preocuparme, Gritar, Sentir miedo, Me alerte, Me puse feliz, Sentí Coraje, Desearle buena suerte.

 

67.39%

Llorar, Enojarme, Nada, Deprimirme, Adaptarme, Frustrarme, Entristecer, Gritar, Alejarme, Bloquearme, Distraerme, Rendirme, Guardármelo, Decepcionarme, Preocuparme, Comer, Golpear cosas, Resignarme, Sentirme mal, Pensar como vengarme, Olvidar, Creí no poder conseguir nada más, Me desesperé, Juzgar, Dejé que el otro decidiera.

 

73.61%

Movilidad

Reflexionarlo, Buscar soluciones alternativas, Intentarlo de nuevo, Platicarlo, Tranquilizarme, Afrontarlo, Buscar ayuda, Concentrarme en el estudio, Reclamé, Independizarme.

32.60%

Buscar soluciones alternativas, Intentarlo de nuevo, Afrontarlo, Platicarlo, Tranquilizarme, Pedir perdón, Ayudar en lo posible, Tratar de evitar la situación, Desquitarme, Continuar, Escribir, Dije lo que debía, Informarme más, Reclamé, Reflexionarlo, Tomar importancia a mi estado de salud.

26.38%

 

TOTAL

100%

TOTAL

100%

 

Finalmente para la pregunta ¿consideras que ya lo resolviste o que todavía sigue presente en tu vida? Los resultados muestran una mayor tendencia de los hombres hacia resolver la situación con un 60.19% de coincidencia, mientras que las mujeres presentan una tendencia mayor a que siga presente en sus vidas con un 52.13% (ver tabla 6).

 

Tabla 6. ¿Consideras que ya lo resolviste o que todavía sigue presente en tu vida?

 

 

HOMBRES

%

MUJERES

%

Lo resolvió

 

Resolvió.

60.19%

Lo resolvió.

47.86%

Sigue presente

Sigue presente.

39.80%

Sigue presente.

52.13%

 

TOTAL

100%

TOTAL

100%

 

 

DISCUSIÓN

 

 

De acuerdo con el análisis de los resultados, se observaron similitudes entre hombres y mujeres. La mayoría de los participantes experimentaron frustración cuando no pudieron cumplir alguna meta personal o académica, cuando no obtuvieron algún empleo o apoyo económico, cuando no consiguieron o no conservaron una relación familiar, de amistad e incluso de pareja, además de haberla sentido ante situaciones ajenas a su control. Ello corrobora lo propuesto por Mustaca (1999) y Marina & López (2005), acerca de que la frustración se presenta cuando el individuo constata que sus deseos y proyectos no se cumplieron o que no van a cumplirse.

 

De manera general, ambos sexos tienden a justificar esa frustración con eventos externos que involucran a terceras personas, amigos, familiares e incluso a la pareja. Sin embargo, las mujeres tienden a considerar con más frecuencia que los hombres, que ellas son las culpables o responsables de sus fracasos, y argumentan que el miedo, su actitud e incluso su autoestima fueron los factores que las llevaron a no poder conseguir, conservar, evitar o desaparecer aquello que pretendían, lo que podría derivar en niveles altos de ansiedad e incluso en depresión (González, Hernández, Valdez-Medina & González Arratia, 2013).

 

Las respuestas más frecuentes ante las situaciones que generan frustración fueron: odio, enojo, rechazo, rencor, molestia, coraje, resentimiento, disgusto, fastidio, ira, deseos de venganza, impotencia, frustración, decepción, tristeza, estrés, desesperación, desconfianza, malestar, dolor físico, indiferencia y querer alejarse, pues de acuerdo con Valdez-Medina (2009), el odio presenta diversos niveles hacia aquello que estorbó o impidió conseguir lo que se pretendía.

 

Ante dichas situaciones, hombres y mujeres enfrentaron, lloraron, sintieron enojo, decepción y preocupación, reacciones consideradas por Ramos (2005), como medios de expresión de las emociones, de orden fisiológico y conductual.

 

Las diferencias indican que los hombres tienden a la movilidad, golpeando, gritando, se bloquean o bien ingieren sustancias nocivas para la salud, que son características tradicionalmente masculinas mencionadas por Díaz-Guerrero (2003), mientras las mujeres tienden a desquitarse, pensar como vengarse, pedir perdón, juzgar, o bien hacia la inmovilidad, el apego y la dependencia social, pues tienden a dejar que otros las protejan y decidan por ellas (Valdez-Medina, Díaz-Loving & Pérez, 2005).

 

En relación con las respuestas del organismo frente a una experiencia de frustración, se detectaron reacciones emocionales como la tristeza, depresión, desesperación, decepción, impotencia, enojo, indiferencia y vergüenza, mismas que de acuerdo con Fernández & Fernández (1998), Valdez-Medina et al. (2012) y Torres (2013), tienen efectos importantes en la aparición de síntomas somáticos e incluso enfermedades.

 

En cuanto a las reacciones físicas encontradas, ambos sexos mencionaron haber sentido dolor de cabeza, cansancio, dolor de estómago, debilidad, náuseas, llanto y decaimiento, síntomas somáticos más frecuentes concordantes con los mencionados por González, Landero & García (2009). De manera particular se encontró que las mujeres tienden a presentar síntomas físico-emocionales como estrés, odio o depresión, mientras los hombres parecen experimentar más reacciones físicas como el aumento de apetito, el nerviosismo o la hiperventilación.

 

De manera general, las diferencias encontradas por sexo, se deben a que las mujeres poseen una mayor facilidad para la expresión de sus afectos, la sensibilidad, la definición de palabras y sobre todo un menor nivel de agresividad y actividad en su comportamiento general (Valdez-Medina, Díaz-Loving & Pérez, 2005), en contraste con los hombres que tienen mayor firmeza en sus propósitos, sus objetivos, son racionales y se recompensan por su autonomía, tienden a deprimirse menos (o lo expresan menos), y su autoestima es más elevada gracias a sus propias realizaciones; sin embargo, tienden a sufrir más desórdenes conductuales que las mujeres, como la exaltación de la violencia (Clare, 2000), los celos y la envidia (Van Sommers, 1988; Gray, 2000).

 

Así mismo, las reacciones presentadas por los participantes de acuerdo a su sexo también se enmarcan desde un punto de vista clínico: las mujeres presentan insomnio, entumecimiento y disminución acusada de interés o anhedonia, características propias de la depresión, tal como se explica dentro de los criterios diagnósticos de dicho trastorno. Mientras que los hombres presentan exaltación, agitación y sudoración de manos, síntomas asociados con un trastorno de ansiedad como el de crisis de angustia (DSM-IV, 1994; Torres, 2013).

 

Una característica interesante de las mujeres es que presentan mayor tendencia a la no resolución de la situación generadora de frustración y a tenerla presente en sus vidas, lo que las ubica como más propensas a presentar síntomas somáticos (Torres, 2013), pues la resolución permitiría ubicarse en un estado de tranquilidad, que contribuye a que el sistema inmunológico permanezca funcionando en condiciones favorables para la salud (Seligman, 1994; Fredickson, 2001).

 

Con el presente estudio, se aporta evidencia empírica de la asociación de la frustración y el odio con la presencia de síntomas somáticos, lo que lleva a afirmar que el vivir en constante caos o entropía, situaciones de estrés o conflicto, llevan a que el sistema inmunológico se debilite y por lo tanto sea propenso a presentar síntomas somáticos e incluso alguna enfermedad (Fernández & Fernández, 1998; Torres, 2013).

 

Sin embargo, se sugiere profundizar en el estudio de la frustración y el odio para detectar la asociación de estas emociones con enfermedades físicas y psicológicas, así como determinar si existe asociación entre la no resolución adecuada de estas emociones con la presencia continua de estrés, tensión y angustia.

 

REFERENCIAS

 

Abbey S E. (2002) Somatization and somatoform disorders. En: Wise M., Rundell J., (Eds). Textbook of consultation-liaison psychiatry: psychiatry in the medically Ill. (pp. 361-392) Washington D.C: American Psychiatric Publishing.

American Psychiatric Association. .(1994) Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders DSM-IV. Washington: American Psychiatric Press.

Anarte, M., López, A., Ramírez, C. & Esteve, R. (2001) Evaluación del patrón de conducta tipo C en pacientes crónicos. Anales de Psicología, 16 (2), 133-141.

Bridges, K.., Golberg, D., Evans, B & Sharpe, T. (1991) Determinants of Somatization in Primary Care. En Psychol Med, 473-483. Recuperado el 24 de mayo del 2013 de: http://journals.cambridge.org/action/displayAbstract;jsessionid=2865BB910223CD9AA511810EEDCB87BE.journals?fromPage=online&aid=5013540

Chóliz, M. (2005): Psicología de la emoción: el proceso emocional. Recuperado el 25 de mayo del 2013 de www.uv.es/=choliz.

Clare, A (2000) Hombres: La masculinidad en crisis. México: Taurus

Davitz, J (1969) Language and emotions: Expression; Meaning. New York: Academic Press.

Díaz- Guerrero (2003). Psicología del Mexicano. México: Trillas.

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