Psicología y Educación Integral A.C. 
Revista Internacional PEI: Por la Psicología y Educación Integral
IBSN: 2010-07-01-00                                                     MCN :: W2BFP-QW4FS-MQQ38
Licencia Creative Commons
MyFreeCopyright.com Registered & Protected
INICIO REVISTA ESTADO DE ARTÍCULOS NÚMEROS AUTORES COMITÉS LINKS CONTACTO
 
Volumen III. Número 6. Enero-Febrero 2014
 
DESCARGA EL MANUAL DE AUTORES
CONVOCATORIAS
 
INDEXACIONES
ebesco
 
Licencia Creative Commons
MyFreeCopyright.com Registered & Protected
IBSN: Internet Blog Serial Number 2010-07-01-00

 

 

ASIMETRÍAS DE GÉNERO EN REVISTAS MEXICANAS DE PSICOLOGÍA[1]

Gender inequality in Mexican journals of psychology

Elsa S. Guevara Ruiseñor[2], Liliana Rosas Ponce[3] y Alba E. García López[4]

 

Resumen

Con el propósito de identificar si existen asimetrías de género en la organización y contenido de las revistas mexicanas de psicología, se realizó un análisis de contenido a cinco revistas diferentes -un número de cada una y un artículo específico de cada volumen- publicadas entre 2010 y 2011. Los resultados mostraron: una escasa presencia de mujeres editoras; nula visibilidad de género en la bibliografía y un continuado sexismo en el lenguaje, tanto en artículos escritos por mujeres como por varones. Se propone incorporar los aportes de la teoría feminista a la psicología con el fin de eliminar estos sesgos y desarrollar una psicología incluyente.

Palabras clave: género, asimetrías, psicología, revistas mexicanas

 

Summary

In order to identify whether there are gender disparities in the Organization and content of the Mexican psychology journals, a content analysis was conducted on five different magazines - a number of each one and a specific item of each volume - published between 2010 and 2011. The results showed a limited number of women involved in the editing process; null visibility of gender in the bibliography and a continued sexism in articles written by men and women. It is proposed to incorporate the contributions of feminist theory to psychology in order to eliminate these biases and develop an inclusive psychology.

Key words: Gender, inequality, Mexican psychology journals

 

Resumo

A fim de identificar assimetrias de gênero na organização e conteúdo das revistas mexicanas de Psicologia, foi realizada uma análise de conteúdo para cinco revistas diferentes - um número de cada um - e um item específico de cada volume publicados entre 2010 e 2011. Os resultados mostraram: uma baixa presença de mulheres de publicação; visibilidade nula de gênero na bibliografia e um contínuo sexismo na linguagem, tanto em artigos escritos por mulheres como por homens. Propõe-se incorporar as contribuições da teoria feminista, a psicologia, a fim de eliminar esses preconceitos e desenvolver uma psicologia inclusiva.

Palavras-chave: gênero, desigualdade, psicologia, revistas

 

Introducción

La neutralidad de los sujetos de conocimiento es en la actualidad una tesis poco cuestionada, a pesar de que desde 1962 Thomas Khun planteara la importancia de los factores sociales e ideológicos que rodean la generación del conocimiento científico y afirmara que la ciencia se construye mediante creencias sostenidas por una comunidad científica que son resultado del momento histórico y social que le tocó vivir, pero también de las características personales y del contexto individual de quién investiga. Ello abrió un debate en teoría de la ciencia durante los años sesenta y setenta del siglo XX en el que se evidencia que la separación entre el sujeto cognoscente y su objeto de investigación es inconseguible, ya que los valores y la filosofía del sujeto siempre afectarán el conocimiento que se genere porque el saber es una construcción del sujeto que no puede estar disociada de su inscripción social (Arruda, 2010). Este ambiente crítico dificultaba descalificar sin más las propuestas que se desarrollaron desde las epistemologías feministas que, en su crítica al conocimiento instituido, cuestionaban tal neutralidad al afirmar que todo sujeto produce conocimiento desde su particular condición social pero también desde la posición que ocupa en el orden de género. Con esas herramientas conceptuales, las teóricas feministas impugnan el lugar subalterno que se ha otorgado a las mujeres en la ciencia y explican su escasa presencia en el mundo científico como resultado de las disparidades de género creadas a lo largo de la historia y que aún se mantienen vigentes.

Los estudios pioneros de Margaret Rossiter (1989, 1993) sobre la situación de las científicas en Estados Unidos, los de Teresa Ortiz (1987) en España o los de Norma Blazquez (1992) en México, permitieron aportar evidencia sobre las condiciones sociales que han excluido a las mujeres del campo científico, pero también de cómo sus contribuciones han sido silenciadas por la ciencia misma. A estos trabajos pioneros siguieron muchos más que obligaron a las comunidades científicas y los gobiernos a prestar atención a las relaciones entre género y ciencia, en un debate que se reflejó en diversas publicaciones y acuerdos internacionales. Vale la pena mencionar cuando menos tres de ellos: a) La publicación de dos números temáticos sobre las mujeres y la ciencia en la prestigiosa revista Science en 1993 y 1994; b) Los compromisos asumidos por la UNESCO en la Conferencia Mundial sobre Ciencia para el Siglo XXI en 1999, en la cual se reconoce que existe un desequilibrio en la participación de hombres y mujeres en la ciencia y se proclama el compromiso de resolver con urgencia esta situación; y c) La publicación del  informe ETAN[5] en el año 2000 en la Unión Europea, donde se afirma que la incorporación plena de las mujeres a la ciencia es no sólo una medida de justicia social, sino una necesidad económica y social, dada la pérdida de competitividad que supone para los países no aprovechar el potencial de las mujeres para aumentar su masa de investigadores. 

Ello ha dado lugar a diferentes respuestas que llevan, por un lado, a ignorar el tema bajo el supuesto que el problema se ha resuelto, y por el otro, a cuestionar tales ideas e indagar sobre los desafíos que enfrentamos para lograr una participación equitativa de mujeres y varones en la ciencia. Una de las vías para evaluar la situación actual, consiste en investigar, desde una perspectiva de género, la producción científica que aparece en las publicaciones de determinada disciplina, porque al evaluar la presencia de las mujeres en puestos directivos de las revistas o su visibilidad en el contenido de las publicaciones, es posible apreciar el grado en que se han resuelto o no las disparidades de género y obtener indicadores de qué tanto se ha avanzado en ese terreno. Los trabajos realizados para analizar la presencia de las mujeres como editoras o autoras en las revistas biomédicas españolas (Miqueo, Germán, Fernández-Turrado y Barral, 2011), en revistas científicas en Perú (González, 2012) o como ponentes en reuniones científicas de hematología (Moreno et al, 2012), permiten apreciar que las desigualdades de género persisten en la actualidad.

En disciplinas como la psicología donde se ha privilegiado la idea de que no importa quien sea el sujeto de conocimiento mientras se siga la ruta que marca el “método científico”, se ha reflexionado poco sobre las disparidades de género que pueden estar presentes en la transmisión, producción y difusión del conocimiento psicológico. Esta falta de reflexión se acentúa al considerarse ésta una carrera “feminizada,” dado que la mayor parte de su matrícula estudiantil se encuentra constituida por mujeres. Sin embargo, la perspectiva “femenina” de esta disciplina es casi nula, además de que los aportes de las mujeres a la psicología están prácticamente ausentes en los contenidos de los planes y programas de estudio de las diversas universidades donde se imparte esta carrera. Como ha señalado García Dauder (2005), desde que se constituyó como ciencia objetiva, racional e impersonal, asentada sobre los principios de control y dominio, la psicología excluyó cualquier atisbo femenino en su definición, pero también otros enfoques teóricos alejados del modelo positivista elaboraron sus fundamentos desde una óptica donde el varón se constituyó en la norma y la mujeres o lo femenino, en su desviación.

Desde entonces, la mirada masculina ha dictado las metodologías y formas de conocimiento de esta disciplina y marcado las directrices que rigen sus principales corrientes. Desde la teoría conductista, considerada una rama experimental puramente objetiva de la ciencia natural orientada a la predicción y el control de la conducta que pregonaba como atributos indispensables el distanciamiento emocional, impersonalidad y neutralidad (Watson, 1913), hasta la teoría freudiana del complejo de Edipo que concibió a las mujeres en una eterna incompletud, la dimensión psicológica de lo femenino ha ocupado siempre una posición de inferioridad o desviación de lo masculino. En estas perspectivas marcadamente androcéntricas, destacan las propuestas de Kohlberg (1992) sobre el desarrollo del juicio moral o la de McClelland (1989) sobre motivación del logro, que al utilizar como parámetro las formas de razonamiento y las motivaciones de los varones para aplicarlas a las mujeres, las colocaron en una condición de inferioridad. Así, en las evaluaciones desarrolladas bajo los parámetros de estas teorías, ellas suelen quedar a la zaga de sus compañeros porque las formas de razonamiento moral y de motivaciones que desarrollan las mujeres no son tomadas en cuenta por los investigadores, lo que se traduce en una descalificación de sus capacidades. 

Gilligan (1985) cuestiona los sesgos de género presentes en esas herramientas conceptuales y metodológicas, pues plantea que sólo cuando estos teóricos dividan su atención y empiecen a tomar en cuenta la vida de las mujeres como la han vivido ellas y no queriendo ajustarla a la de los hombres, su visión abarcara la experiencia de ambos sexos y sus teorías, correspondientemente, serán más productivas, dejando de lado el sofismo de la superioridad de los hombres sobre las mujeres. Bajo estas premisas, ella elabora una explicación distinta a los hallazgos encontrados en esas investigaciones y propone otra concepción del juicio moral que permite entender las formas de razonamiento de las mujeres como diferentes pero no como inferiores. Desafortunadamente los aportes de estas perspectivas críticas a la psicología suelen ser poco citados en los artículos de muchas publicaciones científicas. 

No sólo las dimensiones femeninas de los seres humanos han sido menospreciadas en las teorías psicológicas dominantes, sino que las mujeres mismas cuyos aportes contribuyeron a consolidar esta disciplina, han sido omitidas de su historia, y no se incluyen en los contenidos curriculares con que se prepara profesionalmente al estudiantado de esta disciplina. De manera que las contribuciones que hicieron las pioneras a la psicología, como las mujeres de la escuela de Chicago por ejemplo, son desconocidas por las y los estudiantes en la actualidad. Así lo muestran algunos estudios realizados en España y México donde las y los alumnos de esta carrera difícilmente pueden nombrar a una mujer entre los teóricos revisados en sus cursos ordinarios, además sus nombres no figuran en la historia de la psicología que se encuentra en los manuales y libros de texto (García Dauder, 2005; Medel, 2011; Guevara, García y Mendoza, 2012).

Analizar la presencia de las mujeres en las revistas de psicología es una vía que permite apreciar el grado en que han logrado posicionarse como líderes en los espacios editoriales y con autoridad epistémica en la producción científica de esta disciplina. El estudio pionero realizado por Fernández Villanueva (1982) quien identificó los porcentajes diferenciales por sexo de autores y autoras que publicaron en la American Psychologist, la Journal of Personality and Social Psychology, la British Journal of Psychology y la Revista de Psicología General y Aplicada, encontró que en estas revistas las mujeres como autoras eran minoría. Un estudio más reciente en España, González-Alcaide y sus colaboradores/as (2010) reportan que, aunque el número de autoras ha experimentado un aumento importante y han pasado de ser un 35,71% en 1989 a un 48,48% en 2008, persisten desequilibrios en relación con la productividad y el orden de las firmas, por ejemplo, cuando se identifican los artículos con sólo una firma, el porcentaje de autores varones es del 73% y el de mujeres el 27%.

Por otro lado, la visibilidad de las mujeres en las fuentes bibliográficas es muy reducida, pues la exigencia de los comités editoriales de muchas revistas de utilizar sólo las iniciales del nombre de autoras o autores citados en la bibliografía de cada artículo, ha hecho muy difícil reconocer sus presencia y los aportes específicos de las mujeres a la psicología, lo que a decir de García Dauder (2010) ha dado como resultado un modelo de profesional de psicología basado en la persistente invisibilidad de las mujeres. Además, es frecuente que prevalezcan tintes sexistas en el uso del lenguaje, pues a pesar de que instituciones como: American Psychological Association [APA], Modern Language Association, American Medical Association o American Marketing Association [AMA] han proscrito el uso de lenguaje sexista, se sigue encontrando un uso androcéntrico de la lengua en artículos científicos de psicología (Morales y González, 2007).

En México casi no existen datos al respecto, por ello, nos propusimos realizar el análisis de algunas revistas mexicanas de psicología que permitiera arrojar luz sobre el panorama actual respecto a la persistencia o no de asimetrías de género en la organización o contenido de estas revistas. Nos planteamos como objetivo: identificar la presencia de las mujeres como editoras generales y como autoras en cinco revistas mexicanas de psicología, identificar visibilidad de género en la bibliografía citada en los artículos de estas revistas y examinar el uso de lenguaje, sexista o incluyente, que se utiliza en un artículo de cada revista.

Entendemos por asimetrías de género, una gama amplia de prácticas materiales y simbólicas que colocan en desventaja a las mujeres. Estas prácticas se legitiman  mediante normas que tienden a limitar su presencia o visibilidad en los espacios de producción del conocimiento; valores en los campos de la educación y la ciencia constituidos desde una óptica masculina; y en parámetros de producción científica que vuelven invisibles los aportes de las mujeres. Definimos como sexismo en el lenguaje, una forma de discriminación en razón del sexo que se expresa en el uso de un habla discursiva donde predomina el genérico masculino, invisibiliza a las mujeres, las coloca en posiciones subalternas o devaluadas, o bien, refuerza estereotipos de género (Morales y González, 2007; Maglie y Frinchsboy, 1988; Bustos, 2011). 

 

Método

Por medio de un muestreo accidental no probabilístico de las revistas mexicanas de psicología, se seleccionaron cinco de ellas publicadas entre el año 2010 y 2011, buscando incluir tanto revistas editadas en otros estados de la república como en la ciudad de México, además de incorporar aquellas que tuvieran una versión electrónica y aquellas que se publican impresas. Se eligió un número por cada una y un artículo específico de ese volumen, las cinco revistas y los cinco artículos fueron sometidos a un análisis de contenido de acuerdo a la propuesta por Krippendorff (1990) y a la metodología desarrollada desde la perspectiva feminista de la ciencia (Harding, 1996; Keller, 1995; Pedrero, 2010).

Se utilizaron cuatro indicadores para identificar la visibilidad y presencia de las mujeres como autoras y editoras de la revista; y uno para identificar sexismo en el lenguaje.

Los indicadores fueron:

1) El número de mujeres y de varones como editor o editora general de las revistas.

2) El número de mujeres y de varones en los comités editoriales.

3) La visibilidad de género en la bibliografía citada en cada artículo, es decir que tenga el nombre pila del autor o autora. 

4) La proporción de mujeres que aparecen como autoras de los artículos publicados, ya sea como autoras únicas o como primera autora en artículos de autoría colectiva.

5) Para identificar sexismo en el lenguaje se utilizó como indicador sólo el número de palabras escritas en genérico masculino en cada uno de los cinco artículos analizados.

 

Resultados y análisis

En el análisis de las personas que ocupan la posición de editor/a general en cada una de las revistas, se observa que sólo una de ellas contaba con una mujer en esa posición, mientras que en las otras cuatro el editor era un varón, sin embargo, en sus consejos editoriales encontramos mayor paridad, pues tres revistas tenían igual número de mujeres y varones, mientras que una de ellas, la revista Psicología y Salud, tiene mayor cantidad de varones, y la otra, la Revista Iberoamericana, tiene mayor cantidad de mujeres, como se puede apreciar en el siguiente cuadro.

 

Cuadro 1. Características de las Revistas

Nombre y número de las Revistas de psicología

Editor General

Consejo  Editorial

Visibilidad de género en la Bibliografía  

Revista Electrónica de Psicología Iztacala, Vol. 12, Núm. 2 junio 2011

José de Jesús Vargas

 

2 mujeres y 2 hombres

No

Revista Mexicana de Investigación en Psicología, Vol. 3 Núm. 1, 2011

Pedro Solís Cámara

 

14 mujeres y 14 hombres

No

Psicología y Salud (Veracruz)

Vol. 21 Núm. 2 julio-dic. del 2011

Rafael Bullé-Goyri Mister

Comité editorial

5 mujeres y 7 hombres

No

Revista científica electrónica de psicología (Hidalgo), Núm. 10, 2010

Sergio Santamaría

 

Comité editorial

5 mujeres y 5 hombres

No

Revista Psicología Iberoamericana Vol. 19, Núm. 1, enero- junio del 2011

Angélica Ojeda García

5 mujeres y 1 hombre

No

 

Estos resultados indican que las mujeres han ido ganando presencia en la estructura orgánica de algunas revistas de psicología, pero lo han logrado sólo en los puestos de menor jerarquía, espacios donde ellas son invitadas porque suelen comprometerse con el trabajo y cumplir cabalmente las responsabilidades que les asignan. Al parecer, estas cualidades no son suficientes para ocupar la posición de mayor jerarquía en esas organizaciones, de manera que encontramos muy pocas que logran llegar al primer puesto. Si bien no contamos con información que nos permita saber las causas de tal situación en estas revistas, es evidente que no puede atribuirse a la falta de capacidad de las mujeres sino a los regímenes de género que operan en estas organizaciones editoriales y a las identidades de género que se forjan en esos ambientes.

De ello dan cuenta otras investigaciones en las cuales se ha podido evidenciar las dificultades que deben enfrentar las mujeres para ocupar posiciones de liderazgo en las revistas científicas, pues al igual que en las empresas o en las universidades, los varones suelen apoyar a otros varones para esos puestos, y las otras mujeres tienden a mostrase más aquiescentes al liderazgo de los hombres; pero también se ha podido constatar que las mujeres pueden utilizar otros estilos de liderazgo más participativo, además de que suelen incluir más mujeres en sus equipos de trabajo. Estos estudios también dan cuenta de los obstáculos personales que enfrentan las mujeres para asumir las demandas que exige un puesto directivo, de manera que algunas prefieren no ascender porque consideran que ello le quitará tiempo a su vida familiar, un fenómeno que las investigadoras españolas han llamado el “techo de cemento”, una metáfora que alude a las limitaciones que impone a las mujeres un orden de género que restringe las posibilidades de articular su vida familiar con su vida profesional, mientras los varones no se ven obligados a enfrentar ese conflicto (Miqueo et al, 2011; González, 2012; Mauleón, et al, 2012; Blazquez y Bustos, 2013).

Cuando se atiende la visibilidad de género en la bibliografía, es posible apreciar una homogeneidad en todas las revistas que impide visibilizar a las mujeres, es decir, ningún artículo expone el nombre de pila de los autores y autoras citados en la bibliografía, un dato que es consecuencia de los criterios editoriales exigidos por las revistas que, en general, se ajustan a las normas de publicación de la American Psychological Association (APA) y que han adoptado como propias las revistas mexicanas. Se han dado principalmente dos explicaciones para esta práctica tan extendida en la comunidad científica: la naturaleza del saber científico y el temor a prejuicios sexistas. En el primer caso, se argumenta que existe una exigencia metodológica de objetividad y universalidad de la ciencia donde la investigación es desarrollada por un sujeto “neutro” de conocimiento cuyas características personales, incluida su condición de género, no tiene impacto alguno en lo que investiga. En el segundo caso, se supone que colocar las iniciales del nombre impide conocer el sexo del autor y autora, lo evitaría la intromisión de estereotipos sexistas al evaluar la información aportada por los trabajos. Lo que muestran entrevistas realizadas a editores y editoras de revistas biomédicas españolas que han utilizado sólo la inicial de los autoras y autores citados en la bibliografía (Miqueo et al, 2011), es que se trata de una tradición impuesta hace mucho tiempo y que en la actualidad ha sido poco cuestionada, pero consideran que esta práctica puede ser eliminada sin menoscabo de la rigurosidad y cientificidad de los artículos publicados. En cambio, quienes cuentan con criterios editoriales que recomiendan incorporar el nombre de pila de autoras y autores en la bibliografía, señalan que el uso de siglas responde “al estilo anglosajón que obliga al resto de los ciudadanos del mundo a seguir unos criterios que van en contra de nuestra identidad” (p.89), de manera que ellos lo integran no sólo por cuestiones de género sino por respeto a la identidad de toda persona.  

En realidad, hacer visible la diferencia sexual en las referencias bibliográficas es un potente instrumento para legitimar e integrar a las mujeres al sistema de ciencia y tecnología de cualquier disciplina y para evitar que se siga sosteniendo el imaginario de una ciencia sin mujeres, donde sólo unas cuantas “excepcionales” son reconocidas y todas las demás son esas “extrañas en el paraíso” de las que habla Carmen Magallón (1996). Este dato en las revistas mexicanas de psicología, resulta aun más trascendente porque muestra el rostro dominante de una disciplina que se empeña en utilizar criterios editoriales cuya consecuencia inmediata es invisibilizar a las mujeres, pero también oculta que el pensamiento de las teorías dominantes es masculino o incluso anglosajón, y por tanto, no responde a la realidad latinoamericana. Como dice Alejandra Restrepo (2010), citar es un hecho político, porque la persona citada adquiere autoridad epistémica en ese campo de conocimiento y sus saberes adquieren reconocimiento colectivo, de ahí la trascendencia de modificar esta práctica.

Sobre la cantidad de mujeres y varones que participaron como autores/as únicos, se pudo identificar que había mayor número de varones, pero era muy poca la diferencia respecto a las mujeres en esta misma condición, mientras que en los  artículos colectivos era mayor el número de mujeres como primera autora, aunque variaba de una revista a otra, los datos precisos se pueden observar en el siguiente cuadro.

Cuadro 2. Las mujeres como autoras

Revistas de psicología

Autora única

Mujer

Autor único

Hombre

Primero mujer

Primero hombre

TOTAL

Revista Electrónica de Psicología Iztacala

1

2

7

5

15

Revista Mexicana de Investigación en Psicología

0

4

3

3

10

Psicología y Salud (Veracruz)

2

0

8

3

13

Revista científica electrónica de psicología (Hidalgo)

3

2

3

9

17

Psicología Iberoamericana

1

1

3

3

8

TOTAL

7

9

24

23

63

 

Estos resultados parecieran indicar que no existe disparidad de género en cuanto a los autores y autoras, sin embargo, si atendemos al hecho de que se trata de una disciplina constituida en su mayoría por mujeres, esta igualdad numérica muestra una asimetría proporcional, pues si consideramos que ellas constituyen aproximadamente 75% de las personas egresadas de la carrera de psicología en México y un 60% del profesorado de psicología de la UNAM, esta proporción se debiera reflejar en el número de autoras que publica en revistas científicas. Con todo, resulta alentador corroborar que cada vez más las mujeres se constituyen en un segmento importante de quienes generan conocimiento psicológico y que su presencia en esta disciplina se ha ido ampliando en los años recientes. Falta por ver si ellas siguen utilizando los mismos referentes teóricos de los paradigmas androcéntricos, o bien, si han empezado a incorporar nuevas miradas desde una perspectiva incluyente de la psicología.

Lo que parece indicar la revisión del lenguaje utilizado, tanto por los varones como por las mujeres, es que los referentes simbólicos del lenguaje científico de la psicología han cambiado muy poco, pues los resultados del análisis de contenido aplicado a un artículo de cada una de estas revistas muestran que la mayoría de los autores y autoras usaron lenguaje sexista y que fueron pocas las palabras con lenguaje incluyente, de manera que la presencia de palabras en genérico masculino rebasó con mucho, en una proporción de casi del doble, al lenguaje inclusivo. Ello fue más acentuado en los artículos analizados en la Revista de Psicología de Iztacala y la Revista Científica Electrónica de Psicología, como se puede apreciar en el cuadro.

Cuadro 3. Sexismo en el lenguaje

Artículo

Palabras con Lenguaje masculinizado en el artículo

Lenguaje incluyente

 “Intervención clínica a díadas madre-hijo para mejorar la conducta social y el aprovechamiento escolar en nivel básico”  David Jiménez Rodríguez e Ivonne Hernández Moctezuma

Revista Electrónica de psicología de Iztacala

Vol. 12, Núm. 2 junio 2011,págs. 68-89

 

 

720

 

 

147

 “Predicción de satisfacción sexual en mujeres y hombres casados” José del Moral Rubia

Revista Mexicana de investigación en psicología

Vol. 3 Núm. 1, 2011 Págs. 85-102

 

120

 

101

“Mecanismos cognitivos de evaluación de imágenes de violencia en jóvenes adultos con historia de maltrato infantil” Ma. Isolde Hedlefs y Ernesto López R. Psicología y Salud, Vol. 21 Núm. 2 julio-dic. del 2011págs.195-204

 

419

 

234

“Modelo predictivo de las interacciones violentas en parejas jóvenes y prejuicios de género asociados” José González Tovar, Alicia Hernández Montaño, Rosa Isabel Garza Sánchez

Revista Científica Electrónica de Psicología

No. 10, págs. 224-239

 

355

 

44

“Percepción de tareas de crianza en niños con discapacidad Intelectual” L. Antonio Hernández, Hans Oudhof , Norma González, Erika Robles, Susana Zarza.

Psicología iberoamericana

Vol. 19, Núm. 1, enero- junio del 2011, págs.39-46

 

636

 

543

Total

2250 (68%)

1069 (32%)

 

Muchas de estas prácticas se justifican mediante el argumento de que así lo exige la corrección gramatical, de manera que con frecuencia se habla del “hombre” en referencia a todos los seres humanos en lugar de utilizar un lenguaje inclusivo que haga referencia a las personas, o bien, cuando se utilizan todos los plurales en masculino bajo el supuesto de que las mujeres están incluidas ahí. En realidad, se trata de un recurso simbólico que excluye a las mujeres al tiempo que configura una forma de pensar, actuar y sentir que tiene al varón como referente. Se trata de un medio de trasmisión de la cultura y del conocimiento científico que contribuye a ocultar la dimensión femenina de la realidad.

Durante mucho tiempo se tuvo la idea de que el lenguaje científico, en su función referencial, reproducía un objeto físico observado donde no intervenía el sujeto cognoscente, por tanto su identidad era irrelevante. Esto creaba la ilusión de que el lenguaje era un resultado de la objetividad y no de la sujeción a normas retóricas que sostienen el principio de semejanza y homogeneización del discurso científico. La investigación sobre género y ciencia ha permitido constatar que la ciencia tiene “sexo” y que actúa a favor del género masculino. Por herencia del pensamiento positivista del siglo XVIII, se ha enseñado que la ciencia es un conocimiento lógico, riguroso, objetivo e independiente del contexto social, pero hoy sabemos que un lenguaje de observación puro no existe y que el lenguaje de la ciencia se ha construido sobre el supuesto de una distancia entre el sujeto cognoscente y sus objetos de conocimiento, una práctica que ha contribuido a invisbilizar a las mujeres  (Mongolón, 2010; Palacio, 2009).

No olvidemos que el lenguaje, es la forma en la que se expresa y entiende el mundo, en él se codifica una visión de la realidad y sus posibilidades de interpretación. Es un espacio simbólico que estructura la percepción que tienen los agentes sociales del mundo que los rodea, al tiempo que forma parte de las estructuras de jerarquía y dominación, por eso el lenguaje que usa la ciencia es también un recurso para perpetuar o transformar las relaciones de poder. Es decir, mediante su capacidad de nombrar, la ciencia contribuye a imponer una manera más o menos autorizada de ver el mundo social y delimita los marcos de interpretación de la realidad. El nombre dado, dice Bourdieu (2001), contribuye a construir la estructura de ese mundo, a que sea reconocida y autorizada, no hay agente social que no desee tener ese poder de nombrar y de hacer el mundo nombrándolo. Las palabras, y todas las formas de expresión, son programas de percepción y se encuentran inmersos en diferentes estrategias de la lucha simbólica diaria, por tanto, son instrumentos para crear, reproducir o subvertir las relaciones de poder. De ahí la importancia del lenguaje que se utiliza en las revistas de psicología.

 

Conclusiones

Los resultados de este estudio no pretenden ser concluyentes dado el reducido número de revistas que se analizaron, con todo, ofrece algunas pistas sobre las asimetrías de género que persisten y que se expresan en: la escasa presencia de mujeres como editoras; la baja proporción de autoras comparada con la amplia masa de egresadas de esta carrera; la nula visibilidad de género en la bibliografía; y el uso de lenguaje sexista. Se trata de asimetrías que tienen su origen en los regímenes de género que operan en las comunidades científicas, y más específicamente, en las formas de organización, premisas epistemológicas y criterios editoriales de las revistas mexicanas de psicología que, en sus prácticas cotidianas, tienden a adoptar de manera acrítica modelos de conocimiento y criterios editoriales de la psicología anglosajona, sin cuestionar su pertinencia para una realidad como la nuestra.

Estas prácticas han limitado el horizonte científico de nuestra disciplina al colocar a las mujeres en una posición poco visible y desperdiciar el potencial que ofrecen nuevos conceptos y teorías que se alejan de las corrientes dominantes del discurso psicológico y que permiten explicar mejor las asimetrías de género. Pues si bien se han incorporado algunos conceptos desarrollados por la teoría feminista como el de “género” o de “sexismo”, éstos se han despojado de su sentido más profundo y perdido su capacidad analítica. Es decir, en la medida en que el género se utilice como una variable descriptiva que sustituye a la variable sexo (ya no dicen ambos sexos sino ambos géneros); que se entienda como parte de la teoría del rol, cuyo referente es la familia nuclear, heterosexual y urbana; o como un conjunto de atributos individuales que poseen las mujeres o los varones, no se podrá dar cuenta de una realidad como la descrita en este estudio. Estas perspectivas dejan fuera todo el cuerpo teórico y conceptual desarrollado por las teorías y epistemologías críticas, así como nuevas corrientes de la psicología feminista iberoamericana que señalan la importancia de incorporar al análisis psicológico herramientas conceptuales más potentes que permitan comprender cómo operan las distintas fuerzas sociales que colocan en posiciones asimétricas a mujeres y varones, y desde las cuales se construyen percepciones, actitudes y comportamientos. Son estos lugares materiales y simbólicos los que permiten a mujeres o varones ampliar o restringir sus márgenes de acción y decisión individual, construir cierto tipo de relaciones, y equilibrar o no las relaciones de poder, tanto en el plano interpersonal como en el de las instituciones sociales. Desde esa posición material y simbólica unas y otros definen su lugar en el mundo, sus experiencias vitales y sus modos de relación social (Maffía, 2005; García Dauder, 2010; Guevara, 2008).

Lo mismo puede decirse respecto al concepto de sexismo, que ha sido abordado conceptual y metodológicamente desde un enfoque más descriptivo que explicativo y definido como un conjunto de sentimientos y actitudes negativas hacia las mujeres, pero que pueden ser también ambivalentes resultado de las relaciones de aproximación/evitación que caracteriza a los dos sexos (Glick y Fiske, 1996). Este concepto se ha colocado en los estrechos márgenes del ámbito individual y se ha investigado a partir de las definiciones operacionales y los “instrumentos” estandarizados de las epistemologías positivistas que no logran dar cuenta de las condiciones contextuales e históricas que hacen de las mujeres el principal blanco del sexismo y tampoco presta atención a los regímenes de género que operan desde las instituciones sociales, los universos simbólicos, las estructuras normativas presentes en las doctrinas científica o educativas y en las identidades personales desde las cuales se reproduce o se transforma el sexismo.

Destaca también la poca atención que la psicología ha prestado al lenguaje en la reproducción de las asimetrías de género, siendo que se trata de un espacio de la vida social que condensa los universos simbólicos que le dan sentido, tanto al conocimiento científico como a las relaciones cotidianas, pues más que un reflejo de la realidad es un "creador de mundos". Es decir, el lenguaje se organiza en sistemas de explicaciones que se transformarán en creencias y éstas a su vez en acciones. Si nos atenemos a la premisa de “lo que no se nombra no existe”, invisibilizar a las mujeres en el lenguaje, como ocurre habitualmente en las publicaciones de las revistas de psicología, tiene un efecto perverso en la reproducción de las desigualdades. Como señalan Azize y Otero (1994), cuando se establecen normativas lingüísticas desde una perspectiva sexista se perjudica directamente a las mujeres, pero se perjudica indirectamente a toda la sociedad.

Por tanto, las revistas mexicanas de psicología pueden contribuir a reproducir las asimetrías de género, o bien, impulsar estrategias que permitan transformar esos mundos. Esto será posible al desarrollar formas de organización interna comprometidas con el liderazgo de las mujeres; mediante el uso de criterios editoriales que  visibilicen y reconozcan sus aportes a la psicología; mediante la publicación de artículos que restituyan su autoridad epistémica; a través de convocatorias que estimulen la difusión de una psicología incluyente en la cual se recurra a novedosas estrategias teóricas y metodológicas acordes al compromiso ético y social de la equidad de género; finalmente, cuando se promueva el uso de un lenguaje incluyente que permita transmitir otra forma de entender el mundo, de pensar y actuar bajo premisas más equitativas. Los aportes de la teoría feminista a la psicología son un valioso recurso teórico y epistemológico que podemos aprovechar para lograr esos propósitos.

 

 

Referencias

 

Arruda, Ángela. (2010). “Teoría de Representaciones sociales y teorías de género” en Blázquez, Norma, Fátima Flores y Maribel Ríos (Coordinadoras) Investigación feminista. Epistemología, metodología y Representaciones Sociales (317-338). México: UNAM CEIICH CRIM.

Azize, Yamila y Otero, Evelyn. (1994). “Sexismo en el lenguaje”.  Azize Yamila. Mujer y ciencia: Investigación y currículo, Puerto Rico: Gráfica metropolitana.

 

Blazquez, Norma. (1992). “Incorporación de la mujer a la ciencia a comienzos de los noventa”. Tarrés, Ma. Luisa (comp.) La voluntad de ser. Mujeres en los noventa. (195-210) México: Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer, COLMEX.

 

Blazquez, Norma y Olga Bustos. (2013). Saber y Poder: Testimonios de Directoras de la UNAM, México, Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, UNAM.

Bourdieu, Pierre. (2001). ¿Qué significa hablar? Madrid, Akal.

 

Bustos, Olga. (2011). Sexismo en el lenguaje claves para erradicarlo en los medios y en las instituciones. México: Universidad Nacional Autónoma de México-Facultad de Psicología.

 

Fernández Villanueva, Concepción. (1982). “La mujer y la psicología”. Duran Ma. de los Ángeles (Ed.). Liberación y utopía (pp. 81-102). Madrid: Akal.

 

García Dauder, Silvia. (2005). Psicología y Feminismo. Historia olvidada de mujeres pioneras en Psicología. Madrid: Narcea Ediciones.

 

García-Dauder, Silvia. (2010). “Las relaciones entre la Psicología y el Feminismo en “tiempos de igualdad”. Cuadernos de Psicología, Vol.12 (2), 47-64. 

 

Gilligan, Carol. (1985). La Moral y la Teoría. México: Fondo de Cultura Económica.

 

Glick, Peter and Fiske, Susan. (1996). “The Ambivalent Sexism Inventory: Differentiating hostile and benevolent sexism”. Journal of Personality and Social Psychology.70 (5), 91-512.

 

González, Juana. (2012). “La participación de las mujeres en la ciencia en el Perú”  ponencia presentada en el IX Congreso Iberoamericano de Ciencia Tecnología y Género celebrado en la Universidad de Sevilla, España entre el 31 de enero y el 3 de febrero.

 

González-Alcaide, Gregorio; Castelló-Cogollos, Lourdes; Bolaños-Pizarro, Máxima; Alonso-Arroyo, Adolfo; Valderrama-Zurián, Juan Carlos y Aleixandre-Benavent, Rafael. (2010). “Veinte años de investigación de la Psicología española en Psicothema (1989-2008)”. Psicothema, 22(1), 41-50.

 

Guevara Ruiseñor, Elsa. (2008). “La masculinidad desde una perspectiva sociológica. Una dimensión del orden de género” Sociológica 23, (66),71-92.

 

Guevara, Elsa; Alba García y Rosa Ma. Mendoza. (2012). “Las mujeres científicas,  grandes ausentes en la formación profesional de estudiantes universitariosponencia presentada en el VIII Congreso de Investigación y Posgrado, FES-Zaragoza. México: UNAM.

 

Harding, Sandra. (1996). “Rethinking Standpoint Epistemology: What is ‘Strong Objectivity?. Keller Evelyn Fox y Helen Longino, Feminism & Science, Oxford: Oxford University.

 

Keller, Evelyn Fox. (1995). Reflections on Gender and Science, New Haven and London: Yale University Press.

 

Kohlberg, Lawrence. (1992). Psicología del Desarrollo Moral, Bilbao, Desclée de Brouwer.

 

Krippendorff, Klaus. (1990). Metodología de Análisis de Contenido. Teoría y Práctica. México: Paidós.

 

Kuhn, Thomas. (1971). La Estructura de las Revoluciones Científicas. México: Fondo de Cultura Económica.

 

Maffía, Diana. (2005). “Epistemología feminista: por otra inclusión de lo femenino en la ciencia”. Blazquez Norma y Javier Flores. Ciencia, tecnología y género en Iberoamérica. México: CEIIH-UNAM.

 

Magallón, Carmen. (1996). “¿Extrañas en el paraíso? Mujeres en las ciencias físico-químicas en la España de principios del siglo XX”. Ortíz Teresa y Gloria Becerra (eds.) Mujeres y ciencias. Mujer, feminismo y ciencias naturales, experimentales y tecnológicas (39-59), Granada, España, Universidad de Granada.

 

McClelland, David. (1989). Estudio de la Motivación Humana. Madrid, Editorial Narcea.

 

Maglie, Graciela y Frinchsboy, Mónica. (1988). Situación educativa de las mujeres en la Argentina. Buenos Aires: Subsecretaría de la Mujer/UNICEF.

 

Mauleón, Elva; Laura Hillán; Luz Ma. Moreno y María Bordons. (2012). “Mujer y ciencia: indicadores basados en el análisis de revistas científicas” ponencia presentada en el IX Congreso Iberoamericano de Ciencia Tecnología y Género celebrado en la Universidad de Sevilla, España entre el 31 de enero y el 3 de febrero.

 

Medel Figueroa, Denise. (2011). El modelo de científica como elemento motivacional para dedicarse a la ciencia en estudiantes de la UNAM Tesis para obtener el título de Licenciada en Psicología, UNAM. México.

 

Miqueo, Consuelo, Concha Germán, Teresa Fernández-Turrado y Ma. José Barral. (2011). Ellas También Cuentan. Científicas en los comités de revistas biomédicas, España, Prensas Universitarias Universidad de Zaragoza.

 

Mongolón, Gloria. (2010). Discurso de divulgación científica y tecnológica, ¿Instrumento de superación del paradigma androcéntrico en Venezuela? Ponencia presentada  en el VIII Congreso Iberoamericano de Ciencia, Tecnología e Género realizado en Curitiba, Brasil.

 

Morales, Oscar y Carolina González. (2007). “Consideraciones discursivas sobre el género en el discurso académico e institucional ¿¿Dónde está ella?”, Educere, Vol 38, (11), 443-453.

 

Moreno, Luzma; Carmen Méndez; Cindy Cabrera, Laura Rivera, Nora Sobrevilla y Pedro Sobrevilla. (2012). “Mujeres y autoría de trabajos presentados en la 46th Reunión (2004) de la Sociedad Americana de Hematología” ponencia presentada en el IX Congreso Iberoamericano de Ciencia Tecnología y Género celebrado en la Universidad de Sevilla, España entre el 31 de enero y el 3 de febrero.

 

Ortiz, Teresa. (1987). Médicos en la Andalucía del siglo XX. Número, distribución, especialismo y participación profesional de la mujer. Granada: Averroes.

 

Palacios, Loreto. (2009). “Epistemología y Pedagogía de género: el referente masculino como modo de construcción y transmisión del conocimiento científico”. Horizontes Educacionales 14 (1): 65-75.

 

Pedrero, Mercedes. (2010). “Metodología cuantitativa para reforzar estudios cualitativos”.  Blazquez, Norma, Fátima Flores y Maribel Ríos. Investigación feminista. Epistemología, Metodología y Representaciones Sociales (239-270). México: UNAM-CEICH-CRIM.

 

Restrepo Alejandra. (2010). “Claves metodológicas para el estudios del movimiento feminista de América Latina y el Caribe” Blazquez, Norma, Fátima Flores y Maribel Ríos. Investigación feminista. Epistemología, Metodología y Representaciones Sociales (293-316). México: UNAM-CEICH-CRIM.

 

Rossiter, Margaret. (1989). Women Scientist in America: Struggles and Strategies to 1940, Baltimore, Johns Hopkins University Press.

 

Rossiter, Margaret. (1993). “The Mathilda effect in science”, Social Studies of Science,  23: 325-341.

 

Sánchez, Ana. (2002). “El androcentrismo científico: el obstáculo para la igualdad de género en la escuela actual”, Educar, 29: 91-102, Universidad de Coruña, España.

 

Watson, John B. (1913). “Psychology as the behaviorist views it”. Psychological Review. 20:158-177.


[1] Este trabajo forma parte de la investigación: “Las académicas como impulsoras de la carrera científica. La visión de sus estudiantes” financiado por DGAPA-UNAM como proyecto PAPIIT No. IN300411-3 a quien se agradece su apoyo.

[2] Dra. en sociología y maestra en psicología social, Universidad Nacional Autónoma de México, profesora titular “B” en la carrera de psicología de la FES-Zaragoza, UNAM. elsaruisenor@hotmail.com.

[3] Pasante de la carrera de psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México, becaria del proyecto, México.

[4] Dra. en sociología y maestra en psicología del trabajo, Universidad Nacional Autónoma de México, profesora titular “A” en la carrera de psicología de la FES-Zaragoza, UNAM.

[5] Expert Working Group on Women and Science. Science Policy in the European Union.

 

 

 

 

Google Scholar

Bookmark and Share

 

 
 

Programas requeridos

 
free counters
  Revista Internacional PEI: Todos los Derechos Reservados 2010