Psicología y Educación Integral A.C. 
Revista Internacional PEI: Por la Psicología y Educación Integral
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Volumen III. Número 5. Julio-Agosto 2013
 
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APORTACIONES DEL PENSAMIENTO FILOSÓFICO DE PAULO FREIRE A LA PRÁCTICA EDUCATIVA DEL DOCENTE UNIVERSITARIO

CONTRIBUTIONS OF PHILOSOPHICAL THOUGHT Paulo Freire PRACTICE OF EDUCATION UNIVERSITY PROFESSOR

 Celerino Casillas Gutiérrez[1]

Resumen

En este ensayo se presentan las aportaciones filosóficas de Paulo Freire a la práctica educativa del docente universitario. En un primer momento se problematiza sobre el tipo de educación que priva en la sociedad mexicana, esto a partir de considerar los tipos de educación a las que Freire hace referencia; la educación bancaria o domesticadora y la educación problematizadora o liberadora. Aquí se da cuenta de las características que cada una de ellas posee. En un segundo momento se hace alusión a la compleja labor que tiene el docente universitario dentro del aula, su relación con el alumno y la trascendencia de su labor a su propia formación y transformación con el otro, en y con el mundo. Por último se presentan los posibles saberes necesarios que debe poseer el docente universitario en el ejercicio de su práctica educativa, las características de esta práctica y la posibilidad del encuentro entre el docente y el alumno como sujetos históricos creativos, transformativos de su realidad y de su mundo.

 

Palabras claves: Educación bancaria o domesticadora, educación problematizadora o liberadora, labor educativa, docente universitario, práctica educativa

Abstract

This paper presents the philosophical contributions of Paulo Freire to educational practice of university teaching. At first it problematizes about the kind of education that prevails in Mexican society, from considering this type of education which Freire refers, education and banking or domesticating or liberating problematizing education. Here is an account of the characteristics that each possesses. In a second stage, alludes to the complex task that has the university teachers in the classroom, their relationship with the student and the importance of their work to their own training and transformation with the other, and the world. Finally we present the possible complex lessons that must have a university lecturer in the course of teaching practices, the features of this practice and the possible encounter between teacher and student as historical subjects creative, transformative of his reality and his world.

Keywords: bank or domesticating Education, problematizing or liberating education, educational work, university, educational practice

 

Resumo

Este trabalho apresenta as contribuições filosóficas de Paulo Freire para a prática educativa do ensino universitário. Na primeira, problematiza sobre o tipo de educação que prevalece na sociedade mexicana, de considerar este tipo de educação que Freire se refere, educação e serviços bancários ou domesticar ou libertar educação problematizadora. Aqui está um relato das características que cada um possui. Em uma segunda etapa, alude à tarefa complexa que tem os professores universitários em sala de aula, a sua relação com o aluno e da importância do seu trabalho para a sua própria formação e transformação com o outro, e do mundo. Por fim, apresentamos as lições possíveis complexos que devem ter um professor universitário no curso de práticas de ensino, as características dessa prática eo encontro possível entre professor e aluno como sujeitos históricos criativa, transformadora de sua realidade e sua mundo.

 

Palavras-chave: banco ou domesticar Educação, a educação problematizadora ou libertadora, trabalho educativo, a universidade, a prática educacional


 

 

1.    Introducción

La docencia universitaria hoy día presenta retos interesantes en sociedades como la nuestra sobre la forma en que ha de llevarse el proceso educativo dentro de las aulas.  Es de suma importancia entonces visualizar a la educación como una posibilidad de cambio y transformación humana, social y cultural. Es en esta perspectiva que Paulo Freire nos da aportaciones de su pensamiento filosófico a la práctica educativa del docente universitario.

 

El discurso neoliberal ante un sistema capitalista sólo favorece a la clase dominante y desprotege a la clase alienada, oprimida dice Freire. Por ello, Freire pone en discusión dos tipos de educación que a su consideración pueden limitar o favorecer el desarrollo del sujeto histórico-cultural. Se trata de la educación bancaria o domesticadora y la educación problematizadora o liberadora. La primera ve al sujeto como objeto depositario del conocimiento y subyuga al sujeto a la pasividad, a la nula posibilidad de transformación, la segunda coadyuva sin lugar a dudas la criticidad, a la politicidad, y a la transformación del sujeto como sujeto con historia y no acabado, y a partir de esta educación  es como este sujeto se encuentra y reencuentra consigo mismo y en y con su propio mundo. Por eso la importancia del docente en este proceso educativo. Su labor educativa trasciende el espacio áulico. Su labor no sólo está en la escuela sino también en el mundo mismo y con los otros.

 

El docente universitario a través de la práctica educativa tiene el gran reto de constituirse como un ser humano libre que trascienda en su ser y que en su relación dialéctica con sus alumnos favorezca las condiciones para que también el otro se descubra, se forme, y se transforme y también alcance su libertad. Ya que esta libertad favorecerá a ambos como sujetos activos e históricos a tener una esperanza sobre la transformación de una sociedad más justa y menos alienante, más democrática y menos oprimida.

 

2.    Paulo Freire y la educación

 

Paulo Freire es sin duda uno de los pedagogos más influyentes en el ámbito educativo hasta nuestros días. Su preocupación por una educación de la liberación lo lleva a plantear la posibilidad que tiene el hombre de humanizarse, desalienarse y transformarse  ante un sistema capitalista imperante en nuestros días.

 

Freire ha logrado una notable síntesis para proyectarla en la praxis educativa: su teoría educativa se desarrolla sobre la base de una antropología con Iineamientos claramente filosóficos, pero tan importante es este bagaje teórico como la inspiración que proviene de la realidad social de su país, en general de Latinoamérica, pues ambas son eI referente omnipresente de su pensamiento y de su praxis” (Rojas Osorio, 2010:248-249).

 

Si tomamos como referencia que Freire basa sus aportaciones educativas con base a la realidad Brasileña, es también importante destacar que el contexto mexicano es muy semejante al contexto Brasileño y por ende sus implicaciones y sus aportaciones no son ajenas a nuestra realidad. De ahí la importancia de considerar a Paulo Freire en este trabajo, sus ideas, sus palabras, sus hechos, en suma sus aportaciones a la educación y a la práctica educativa en particular del docente universitario.

 

Si  bien es cierto que Freire no hace referencia a un docente de algún nivel educativo en particular, si lo hace en torno al papel del educador, su práctica educativa, esto, a partir de la visión de educación que el plantea, una educación problematizadora y liberadora. La influencia de diversos autores como Fromm, Sartre, Kosik, Agnes Heller, Merleau Ponry, Simone Weil, Arendt, Marcuse, Lucaks entre otros  marcaron el pensamiento filosófico de Freire, de tal suerte que sus aportaciones parten de una realidad donde el ser humano es un ser inconcluso con capacidad para poder realizarse, de poder humanizarse en una realidad histórica-cultural. Ante esto “el hombre es hombre, y el mundo es histórico-cultural, en la medida en que ambos inacabados, se encuentran en una relación permanente, en la cual el hombre, transformando al mundo, sufre los efectos de su propia transformación” (Freire, 2007a:87). 

 

Y es precisamente en esta transformación donde el hombre tiene la oportunidad de su inconclusión mediante la práctica transformadora del mundo social e histórico.

 

Es fundamental partir de la idea de que el hombre es un ser de relaciones y no sólo de contactos, no sólo está en el mundo sino con el mundo. De su apertura a la realidad, de donde surge el ser de relaciones que es, resulta esto que llamamos estar con el mundo. (Freire, 2009a:28).

 

La relación que el hombre tiene con el mundo es histórico y cultural, pero también permite que su realidad sea dinámica y cambiante. Por ello la forma como el hombre se humaniza y se relaciona con el mundo es a partir de la toma de conciencia. “La conciencia es conciencia del mundo: el mundo y la conciencia juntos, como conciencia del mundo, se constituyen dialécticamente en un mismo movimiento, en una misma historia” (Freire, 1994: 14). De ahí que ese hombre tiene que objetivar su mundo a partir de historizarlo, de humanizarlo. El hombre entonces, debe reconocerse como sujeto en la posibilidad de hacerse libre en su mundo y con su mundo. El ser humano debe ser un sujeto activo de su historia, de mundo y su educación. 

 

Toda conciencia es siempre conciencia de algo, aquello que se busca. La conciencia de sí de los seres humanos implica la conciencia de las cosas, de la realidad concreta en que se hallan como seres históricos y que aprehenden a través de sus habilidad cognoscitiva” (Freire, 2008:84-85).

 

Por ello, si la toma de conciencia permite que el ser humano se humanice, la educación también puede posibilitar la toma de conciencia y la misma humanización del hombre y del mundo. Ahora bien, ¿Qué tipo de educación se privilegia en nuestro país? Una educación bancaria o domesticadora o una educación problematizadora o liberadora. ¿Por qué posibilitar una educación liberadora en docentes universitarios?

 

El sentido que se le da a la educación en México depende en gran medida de la perspectiva de lo que pueda entenderse por educación; domesticación o liberación. De hecho la educación responde a una realidad cambiante, dinámica que responde a lo histórico-cultural y por lo tanto se adecua al mundo social. Muchas de las prácticas educativas del docente universitario son reducidas a una mera domesticación, más que una educación.

 

 Freire parte de que la educación bancaria  es “el acto de depositar, de transferir valores y conocimientos, no se verifica, ni puede verificarse está superación. Por el contrario, al reflejar la sociedad opresora, siendo una dimensión de la “cultura del silencio”, la “educación bancaria” mantiene y estimula la contradicción” (Freire, 1994:73-74). Esta educación bancaria se sustenta en una concepción de lo que es el conocimiento, que Paulo Freire no comparte. Supone que el conocimiento es hecho de una vez para siempre, que se puede adquirir como si fuera cosa. Según Freire, la educación bancaria supone una violencia en la medida en que se efectúa desde la sordera hacia el otro que está siendo educado. Es esta una violencia que se manifiesta especialmente en la consideración del otro, el educando, como un ignorante.

 

En la visión «bancaria» de la educación, el «saber», el conocimiento, es una donación de aquellos que se juzgan sabios a los que juzgan ignorantes. Donación que se basa en una de las manifestaciones instrumentales de la ideología de la opresión: la absolutización de la ignorancia, que constituye lo que llamamos alienación de la ignorancia, según la cual ésta se encuentra siempre en el otro. (Freire,1994:73).

Si tomamos como ejes particulares el papel del docente y del alumno en este tipo de educación, entonces decimos que el docente es dueño del saber, del conocimiento, es el sujeto, no hay refutación ni se pone en tela de juicio sus saberes:

 

…si el educador es el quien sabe, y si los educandos son los ignorantes, le cabe, entonces, al primero dar, entregar, llevar, trasmitir su saber a los segundos. Saber que deja de ser un saber de “experiencia  realizada” para ser el saber de experiencia narrada o trasmitida. (Freire, 1994:74).

 

Por lo tanto, el alumno deja de tener posibilidades de crear conciencia crítica, de humanizarse,  es un ser receptivo, adaptable a las circunstancias de su entorno y de su realidad. “Cuanto más se ejerciten los educandos en el archivo de los depósitos que le son hechos, tanto menos desarrollarán en sí la conciencia crítica de la que resultaría su inserción en el mundo como transformadores de él. Como sujetos del mismo” (Freire, 1994:75).  Y por lo tanto éstos alumnos son más proclives a adaptarse al mundo que a transformarlo, minimizan su creatividad, criticidad así como desfiguran su condición humana y esto favorece a los opresores diría Freire.

 

De ahí entonces que la educación bancaria se convierta en una práctica pedagógica que niega la realidad vital del ser humano, lo inmoviliza, en una realidad totalmente pasiva, fija, inmóvil, sin movimiento. Lo deshumaniza más que humanizarlo. No hay posibilidades para que el individuo piense, critique, y sólo se adapte al mundo sin reparar en la posible transformación del mundo.

 

Por otro lado Freire hace alusión a una educación alternativa a la educación bancaria, y la llama educación problematizadora o liberadora y señala que esta educación puede ser una herramienta central en el proceso de transformación de la humanidad. Su apuesta fundamental consiste en que los educando son capaces de problematizar la realidad, son capaces de mirar críticamente el mundo, de hacerle preguntas, de buscar caminos para hallar respuestas. Freire comenta que este tipo de educación:

…respondiendo a la esencia del ser de la conciencia, que es su intencionalidad, niega los comunicados y da existencia a la comunicación. Se identifica con lo propio de la conciencia que es ser, siempre, conciencia de (y) ya no puede ser el acto de depositar, de narrar, de transferir o de transmitir “conocimientos” y valores a los educandos, meros pacientes, como lo hace la educación “bancaria”, sino ser un acto cognoscente. (Freire, 1994:85).

 

El docente se convierte en un sujeto crítico, transformador, creador de su propia enseñanza y su propio aprendizaje. La educación problematizadora pretende constituirse en una educación liberadora, una educación que ayude y  motive al sujeto a pensar por sí mismo, a tener una posición activa frente a la vida, a creer en la comunicación con los otros, a dialogar. Para Freire el diálogo es la esencia de la educación liberadora; a través de él se construye el nuevo saber. Entonces el diálogo a través de la palabra se convierte en una herramienta importante en esta relación. Un diálogo que permita la comunicación y la manifestación de la realidad del mundo histórico-cultural.

 

¿Y qué es el diálogo? Es una relación horizontal de A más B. Se nutre del amor, de la humildad, de la esperanza, de la fe, de la confianza. Por eso sólo el diálogo comunica. Y cuando los polos del diálogo se ligan así, con amor, esperanza y fe uno en el otro, se hacen críticos en la búsqueda de algo. Se crea, entonces, una relación de simpatía entre ambos. Sólo ahí hay comunicación. (Freire, 2009a:87).

 

La relación horizontal es ya una realización de la utopía de una sociedad sin oprimidos, es decir, una sociedad estructurada de forma que no cohíba la expresión de las personas. La utopía, pues, está ya presente en el medio para lograrla. No es un fin ajeno al momento actual, sino que se encuentra necesariamente en el proceso educativo. Pero, para que acontezca esta encarnación del ideal y «sane» el hombre, es preciso vencer la carga ideológica que el sujeto oprimido ostenta, incorporada a sí mismo.

 

Por ello,  a partir de la comunicación entre docente-alumno donde se puede reflexionar, crear, criticar, y transformar el mundo mismo. De ahí entonces que Freire manifieste que “la educación es comunicación, es diálogo en la medida en que no es la transferencia del saber, sino un encuentro de sujetos interlocutores, que buscan la significación de los significados” (Freire, 2007a:77). Significados que solo pueden ser aprehendidos en la medida que los sujetos tomen conciencia de su realidad histórica-cultural y en la medida que sean capaces de no repetir y fragmentar el conocimiento sino de abordarlo de manera holística y crítica, de saber escuchar al otro a través del diálogo y para que este diálogo sea auténtico, para que las palabras no tengan un sentido vacío o de mera palabrería, es necesario que exista una solidaridad entre reflexión y acción: “No hay palabra verdadera que no sea unión inquebrantable entre acción y reflexión y, por ende, que no sea praxis. De ahí que decir que la palabra verdadera sea transformar el mundo” (Freire, 1994:99).

 

En esta educación entonces se posibilita la comprensión del mundo social e histórico, donde el sujeto es capaz de contruirse a sí mismo y su realidad.

 

El educador ya no sólo el que educa sino aquel que, en tanto educa, es educado a través del diálogo con el educando, quien, al ser educado también educa. Así ambos se transforman en sujetos del proceso en que crecen juntos y en el cual “los argumentos de autoridad” ya no rigen. (Freire, 1994:86).

 

La relación que se genera en este proceso es dinámica en la medida que los sujetos (docente-alumno) que participan están posibilidades de crear, criticar y transformar su realidad en el mundo y con su mundo. Ya no hay una actividad pasiva por parte de los sujetos sino todo lo contrario es totalmente activa y ambos se transforman en sujetos del proceso en que crecen juntos y que permite una educación como práctica de la libertad.

 

En esta educación el alumno pasa a ser de objeto como lo era en la educación bancaria a ser un sujeto con toda su capacidad analítica, crítica, reflexiva, transformadora y creativa. Entonces la educación liberadora es democrática y en ella existe la comunicación, el diálogo, la libertad así como también permite la libre expresión del sujeto y “provee al educando de los instrumentos necesarios para resistir los poderes del desarraigo frente a una civilización industrial que se encuentra ampliamente armada para provocarlo” (Freire, 2009a:84).

 

En realidad, toda educación liberadora, en oposición a la educación bancaria, posee un destacado carácter recíproco, es decir, se da «de todos con todos». Esto presupone un sentimiento profundamente arraigado en el educador de que el otro vale, además de una sincera fe en los hombres, en su poder creador para dotarse de un destino, y en que este destino puede adecuarse a sus necesidades profundas. Así pues, esta educación entonces prepara al hombre para su libertad y su humanización que le permitirá la reflexión, la acción, la creación, la crítica y la transformación de su realidad y de su mundo.

 

3.    Freire y la labor del docente universitario

 

Si bien es cierto que Paulo Freire no habló de un docente de algún nivel educativo en particular, si podemos encontrar en su pensamiento el papel y la labor que debe tener el educador en cualquier nivel educativo que se encuentre. En México como en muchos países latinoamericanos la formación del docente sólo se ve supeditada por capacitación, actualización, entrenamiento, manual, cursos, talleres, métodos, técnicas, recetarios, formulas que le otorga a éste herramientas operativas e instrumentales para su labor docente, dejando de lado su inteligencia, su creatividad y su experiencia como materia prima de su propio proceso educativo. Ante esta posición Freire habla de un pragmatismo neoliberal que consiste en “no hablar más de formación sino en  entrenamiento técnico y científico de los educadores” (Freire, 2010a:72).

 

El contexto social, económico y político del mundo actual demanda la formación de docentes “competentes”, que puedan responder a una serie de políticas educativas neoliberales. La sociedad capitalista ha puesto en manos del neoliberalismo y las formas idóneas de mantener este sistema dominante en constante reproducción. El planteamiento es claro, ante un mundo globalizado y con intereses neoliberales la educación misma se convierte en una mercancía que sirve a grupos de interés como los políticos y los empresariales. El mismo Freire comenta al respecto:

 

…es típico de cierto discurso neoliberal, también llamado posmoderno, pero de una posmodernidad reaccionaria, para lo cual lo que importa es la enseñanza puramente técnica, la trasmisión de un conjunto x de conocimientos necesarios a las clases populares para su supervivencia. Más que una postura políticamente conservadora es ésta una posición epistemológicamente insostenible y que además agrede la naturaleza misma del ser humano, “programado para aprender”, algo más serio y más profundo que adiestrarse. (Freire, 2009b:121).

 

Entonces, se privilegia lo técnico y productivo para la reproducción del sistema y quizá lo más alarmante, la enajenación de los oprimidos, que se adaptan y sobreviven en el mundo como mero reproductores, calificados para mantener este discurso neoliberal.

 

Bajo este contexto ¿cuáles serían las aportaciones del pensamiento filosófico a la labor del docente universitario? Primeramente hay que situarnos y decir que el docente antes de ser docente es hombre, es mujer, vive en un contexto histórico-cultural, y por lo tanto tiene una historicidad, memoria, se desarrolla como sujeto cognoscente que aprehende su realidad. Y que su humanización o deshumanización, su afirmación  como sujeto o minimización como objeto depende en gran parte de la captación de su realidad. Este sujeto está en constante relación con los otros y para los otros, además con relación con el mundo y con su mundo. Y es en esta relación como se concientiza, se trasforma. Donde su praxis, producto de su reflexión y acción genera conciencia, “alimenta” a los oprimidos.

 

Así este sujeto- educador es clave en el proceso formativo del educando, pues, se nutre y funde con ellos, donde enseña y aprende con ellos, donde de manera dialéctica  constantemente se capta la conciencia crítica y esta a su vez capta la realidad y la problematiza. A pesar de que el docente es un hombre con posibilidades de concientizarse y de humanizarse muchas veces dice Freire que:

 

El hombre simple no capta las tareas propias de su época, le son presentadas por una élite que las interpreta y se las entrega en forma de receta, de prescripción a ser seguida, Y cuando juzga que se salva siguiendo estas prescripciones, se ahoga en el anonimato, índice de la masificación, sin esperanza, sin fe, domesticado y acomodado: ya no es sujeto. Se rebaja a ser puro objeto (Freire, 2009a:33).

 

Por ello, la importancia de considerar la labor del docente universitario en su contexto, en su entorno y en su propia práctica educativa. Ahora pues, rescatemos algunas ideas de Freire con respecto a la labor del docente.

 

La tarea fundamental de educadores y educadoras es vivir éticamente, practicar la ética diariamente con los niños y los jóvenes; esto es mucho más importante que el tema de Biología, si somos profesores de Biología. Lo importante es el testimonio que damos con nuestra conducta. Inevitablemente cada clase, cada conducta es testimonio de una manera, ética o no, de afrontar la vida. (Freire, 2010a:35).

 

El educador manifiesta su ética, desde el momento en que se respeta a sí mismo y respeta las diferencias de ideas y de posiciones de los otros. Este respeto no significa mentirle al otro, no manipular  al otro si no dar testimonio de la elección del docente, defendiendo sus posturas, mostrar al otro las posibilidades que hay fuera del aula, de la realidad histórica, cultural política y social. Es importante que el docente predique con el ejemplo, la crítica dentro del aula es absolutamente necesaria, pero ésta debe estar acompañada de la coherencia, del decir y del hacer, del sueño y de la utopía. Freire comenta con respecto a la ética del docente:

 

La ética define el deber ser, establece los principios morales de convivencia y respeto, regula nuestra presencia en el mundo. Para evitar la trampa de la ideología digo que la ética tiene que ver con el sentido común. Por ejemplo, desde este punto de vista, ¿sería ético explotar a las personas o discriminar al diferente? ¿Será correcto humillar, ironizar, minimizar al alumno, reírse de él, intimidarlo? Desde el sentido común nadie puede aceptar esto. La eticidad es una actitud concreta que no proviene de discursos abstractos sino de vivirla. (Freire, 2010a:64).

 

Por ello la ética es un punto de referencia para el actuar docente donde se acompaña con la congruencia y coherencia de sus propios discursos. Es una virtud que debe acompañarse como una forma de vida.

 

Una de esas virtudes indispensables a una o un educador progresista es la coherencia entre el discurso y la práctica. Disminuir la distancia entre uno y otra es un ejercicio que se nos impone. Una cosa es hablar o escribir sobre las relaciones democráticas y creadoras entre profesores y alumnos, y otra es reprimirlos porque le hacen, al profesor, una pregunta incomoda. (Freire, 2007b:144).

 

Sin embargo, ¿cuántas veces no nos encontramos con docentes que se jactan de ser éticos, críticos, propositivos y que saben escuchar al alumno cayendo en su propia trampa de la incongruencia? Seguramente muchas. La tarea del docente se hace significativa en la medida en que entra en contacto con el alumno, y se inmiscuye en el proceso dialéctico de enseñar-aprender.

En ese sentido “la tarea del educador, por tanto, no es colocarse como sujeto cognoscente, frente a un objeto cognoscible para, después de conocerlo, hablar sobre él discursivamente a sus educandos, cuyo papel sería el de archivadores de sus comunicados” (Freire, 2007:77). El docente enseña en la medida en que conoce el contenido de lo que enseña, es decir, en la medida él mismo es capaz de apropiárselo y aprehendérselo. Lo dicho, la congruencia del docente como sujeto que conoce  y reconoce su mundo frente a un alumno no solo depositario de información sino como sujeto de concientización. Para ello se requiere de docentes tolerantes, transparentes, críticos, curiosos y humildes que sean auténticos y que  asuman su práctica docente.

 

Es por esto que “el educador o la educadora críticos, exigentes, coherentes, en el ejercicio de su reflexión sobre la práctica educativa o en el ejercicio de la propia práctica, siempre la entienden en su totalidad” (Freire, 2009c:104). Y es precisamente en la práctica donde el docente se reconoce como sujeto activo, creador, político y ético.

 

Aún así la labor del docente debe rebasar el trabajo áulico, pero para ello este docente requiere en palabras de Freire ciertas cualidades que lo lleven a cuestionar su propia práctica, y que son generadas de manera coherente con la opción política de naturaleza crítica del educador. Entre las cualidades más destacadas se encuentran la humildad que nos ayuda a reconocer que no todo lo sabemos, pero que tampoco todo lo ignoramos, y es esta humildad que hace del docente dialogue, escuche al otro y la posibilidad que le brinda de ser abierto a aprender y enseñar. Otra cualidad de la cual habla es la amorosidad, amor no sólo para con los alumnos, sino con el mismo proceso de enseñar, el derecho de poder luchar, criticar, denunciar y de anunciar, un “amor luchador”.

 

Y que decir de la cualidad de la valentía y es que en la medida de que el docente se enfrenta a sus miedos también se enfrenta a la posibilidad de tener opciones de luchar por sus sueños. La tolerancia es otra cualidad del docente que implica a enseñar a convivir con lo que es diferente, a aprender con lo diferente, a respetar con lo diferente. La capacidad de decisión es otro rasgo que el docente ha de apropiarse, ello implica ruptura  y ésta no es siempre fácil de ser vivida ya que esto implicará ante un acto tener que valorar, que emitir un juicio ante el acto de comparar para optar por uno de los posibles polos, personas o posiciones.

 

Una de las últimas cualidades en las que Freire hace hincapié son la seguridad, la  paciencia y la alegría de vivir. La seguridad requiere capacidad científica, claridad política e integridad ética, esto es, en la medida que el docente pueda tener ideas de lo que hace, por qué lo hace y para qué lo hace, es como puede enfrentar su propia práctica educativa. La paciencia ante lo desconocido y la posibilidad misma de conocer, de dirigir y encauzar los momentos pedagógicos hacia una actitud necesaria para la práctica educativa.

 

Ante la práctica educativa el sujeto se entrega a la libertad de vivir, de enseñar, de aprendere, la alegría de vivir como una forma de entregarse con libertad total a la vida, es disfrutar el vivir, y sentir plena satisfacción por hacer de la educación algo diferente, algo que posibilite la humanización del hombre con el hombre (Freire, 2010b:75-85). Todas estas cualidades mencionadas hacen del docente un sujeto que intenta humanizarse y humanizar al  hombre desde su misma práctica. Este sujeto que cree en la educación, que fianza su labor en la concientización misma de lo qué es y lo que representa para la sociedad y para el mundo.

 

Un docente con una actitud que contribuya al cambio, pero este cambio debe partir de él mismo, y para el mismo para poder generarlo en los otros. Freire también comenta al respecto sobre esta actitud y dice que:

 

En primer lugar es preciso que el docente esté por lo menos inclinado a cambiar. En segundo lugar, el docente debe tener claro cuál es su posición política. La educación es una práctica política, y el docente, como cualquier otro ciudadano, debe hacer su elección. En tercer lugar, es preciso que el docente empiece a construir su coherencia, que disminuya la distancia entre su discurso y su acción…la primera pelea que un docente progresista debe dar es consigo mismo. Ese es el comienzo del cambio. (Freire, 2010a:60).

 

Ese es uno de los retos de los docentes, hacer cambios consigo mismos y con su entorno, con su mundo. Luego entonces, es importante la tarea del docente en la medida que busca generar una autonomía en sus educandos y sacarlos de su heteronomía. “EI maestro educa para la autonomía, y debe saber guiar al educando de la heteronomía a la autonomía, pues esta no se consigue de la noche a la mañana, sino a través de un proceso” (Rojas, 2010:255).  Si bien la heteronomía implica respeto por el otro, por la indiferencia del otro, es necesario dialogar, respetar las ideas de los sujetos, encaminarse a su propia constitución como sujetos históricos.

 

Como podemos apreciar la labor del docente trasciende el edificio escolar y el aula, y lo posiciona como un ser que a través del proceso educativo puede generar conciencia consigo mismo y con los otros en un mundo cada vez más alienado y enajenado. Y nos da la oportunidad de que todo sujeto traiga consigo a su propio educador.  Educador es pues aquel sujeto sumergido en un proceso histórico-cultural que marca pautas importantes para realizar cambios trascendentales en su vida y en la vida de otros sujetos en pro de humanizar al mundo. El docente es un ser humano histórico con posibilidades de transformarse a sí mismo y a su mundo. Es un ser inacabado, no perfecto, pero con la suficiente fortaleza como para influir en sus alumnos a encontrarse a sí mismos. Freire señala respecto a esto:

 

No estoy pensando que los educadores y las educadoras deban ser perfectos o santos. Es justamente como seres humanos, con sus valores y sus fallas, como deben dar testimonio de su lucha por la seriedad, por la libertad, por la creación de la disciplina de estudio indispensable de cuyo proceso deben formar parte como auxiliares, puesto que es tarea de los educandos generarlo en sí  mismo” (Freire, 2010b: 103).

 

Lo dicho no hay tarea educativa fácil, la oportunidad que tiene el docente de generar a través de su práctica educativa un cambio en la manera de ser del educando en la búsqueda de conciencia y de autonomía es quizá uno de sus mayores retos, retos que sólo podrá lograr en la medida de su reconocimiento  a sí mismo como sujeto histórico-social y como sujeto con posibilidades de cambio y de esperanza para con los otros y con su mundo.

 

4. Freire y la práctica educativa del docente universitario

 

En nuestro país son pocos los docentes universitarios que se detienen a reflexionar sobre su práctica educativa y su preocupación se dirige más a los salarios, actualización, capacitación, las condiciones  laborales por mencionar algunos rubros. En ese sentido la práctica educativa pasa a ser un ejercicio cotidiano que en ocasiones carece de sentido y significación.

 

Por ello Freire le da un peso importante en su concepción pedagógica a la práctica educativa situando al docente como el pilar más importante en el proceso educativo, y es que precisamente para ser docente y ejercer la práctica educativa hay que reflexionar sobre el propio ser y sobre los demás sujetos. Dice Freire: “No es posible ejercer la tarea educativa sin preguntarnos como educadores y educadoras, cuál es nuestra concepción del hombre y de la mujer. Toda práctica educativa implica esta indagación: que pienso de mí mismo y de los otros” (Freire, 2010a: 27).

 

La importancia de que el docente se piense a sí mismo como sujeto histórico, incompleto,  inacabado o inconcluso le permite liberarse y tomar conciencia de sí, y para ello la educación es una herramienta valiosa para lograr esa conciencia de inacabamiento ya que si se sabe que se es inacabado el sujeto entra constantemente en un proceso de búsqueda, de curiosidad que lo llevar a actuar en el mundo. Si el docente es un ser inconcluso, también la práctica educativa es inconclusa y le permite al ser humano educarse. “Otro hito fundamental de la práctica educativa es la inconclusión, dado que es en esa inconclusión que el ser humano se torna educable” (Freire, 2010a:32).

 

Como seres humanos y en función de nuestra  condición humana, como seres conscientes, críticos y curiosos, la práctica del docente consiste en luchar por una pedagogía crítica que le de herramientas e instrumentos al sujeto para asumirse como sujetos de la historia misma.

 

Es entonces en la relación del docente y alumno donde se genera la práctica educativa. Según Freire:

 

…toda práctica educativa implica siempre la existencia de sujetos, aquel o aquella que enseña y aprende, y aquel o aquella que, en situación de aprendiz, enseña también; la existencia del objeto que ha de ser enseñado y aprendido –re-conocido y conocido-, por último el contenido. (Freire, 2009c:104).

 

Pero esta práctica educativa se realiza siempre desde un marco social y cultural. Hay un referente de mundo, de realidad que permite que al interior del aula y fuera de ella se genere cualquier práctica educativa.

 

Pero ¿Cuáles pueden ser los saberes necesarios que son indispensables para la práctica educativa del docente universitario?[2] Freire comenta al respecto lo que un docente debe saber y expone lo siguiente:

 

a)    Es necesario que el docente refuerce desde su práctica docente la capacidad crítica del educando, su curiosidad, su insumisión, debe tener un rigor metódico con los alumnos para que se “aproximen” a los objetos cognoscibles.

b)    La investigación debe ser una base importante en el proceso educativo, el docente debe investigar mientras enseña porque con ello posibilita conocer lo desconocido.

c)    Hay que respetar los saberes de los alumnos y saber discutir con los alumnos esos saberes en relación con la enseñanza de los contenidos.

d)    La crítica permite hacer riguroso al método en su aproximación al objeto.

e)    Debe haber una formación ética siempre al lado de la estética.

f)     El pensar acertado implica la disponibilidad d riesgo, la asunción de lo nuevo que no puede ser negado o recibido sólo porque es nuevo, así como el rechazo a lo viejo no es solamente cronológico.

g)    La práctica docente crítica, implícita en el pensar acertadamente, encierra el movimiento dinámico, dialéctico, entre el hacer y el pensar sobre el hacer.

h)   La enseñanza no es sólo transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su propia producción o construcción.

i)     La autoridad docente debe ser segura en sí misma. Seguridad expresada en la forma como actúa, decide, respeta las libertades, discute sus propias posiciones (Freire, 2009d: 23-88).

 

Si bien Freire da una propuesta sobre los saberes necesarios para la práctica educativa del educador, no significa que estas sean inacabadas, pues constituyen sólo algunos aspectos que debieran considerarse. Recordemos que es el propio docente que inmiscuido en su práctica cotidiana debe reconocerse como sujeto con posibilidades de cambio. Además la práctica educativa es dinámica, es cambiante, se genera desde sus propios contextos y con sus propias alteraciones sin perder nunca el sentido educativo, de ahí la importancia del papel del docente para poder intervenir en el proceso educativo. 

 

Al respecto Freire comenta “una misma comprensión de la práctica educativa, una misma metodología de trabajo no operan necesariamente en forma idéntica en contextos diferentes. La intervención es histórica, es cultural, es política. Por eso insisto tanto en que las experiencias no se pueden trasplantar y es preciso reinventarlas” (Freire, 2009b:53).

 

Como hemos venido mencionando la práctica educativa no se queda sólo dentro del aula, sino que es un vivir constante, es una posibilidad que tiene el sujeto para completarse y reconfigurarse dándole un sentido y una significación a su actuar en el mundo. Aunque también es importante mencionar que es innegable darle su valor a la práctica educativa que el docente ejerce dentro del aula, lo necesario que es para el docente tener muy claro hacia dónde va, quiénes son sus interlocutores, qué es lo que busca y desea, para qué enseñar. Freire es muy claro sobre los elementos mínimos que debe contener toda práctica educativa y señala que en forma simple, incluso esquemática, pero no simplista, toda práctica educativa implica[3]:

 

a)    Presencia de sujetos. (Educador y educando), b) Objeto de conocimiento que han de ser enseñados por el profesor y aprehendidos por los alumnos para que puedan aprehenderlos (contenidos), c) Objetivos mediatos e inmediatos hacia los cuales se orienta la práctica educativa (en filosofía direccionalidad de la educación) y d) Métodos, procesos, técnicas de enseñanza, materiales didácticos, que deben estar en coherencia con los objetivos, con la opción política. (Freire, 2009b:76-77).

 

Tanto la educación como el docente mismo no pueden dejar de tener en cuenta estos elementos. Aunque la tarea es seria y compleja depende en gran medida como se asuman las autoridades que se encargan de impulsar las políticas educativas así como los docentes mismos dado que son ellos que viven el día a día su práctica educativa. La responsabilidad que se tiene hacia con los alumnos es fuerte, pues son los docentes quienes al convivir con éstos tendrán que desafiarlos para que participen como sujetos de su propia formación.

 

Paulo Freire también se suma a la idea de que la práctica educativa es también política. El docente al asumirse como un ser histórico se convierte también en un ser político que busca entonces no sólo su propia reinvención a través de la práctica educativa sino también la transformación en y con su mundo y su realidad. Por ello dice Freire que:

 

La comprensión de los límites de la práctica requiere indiscutiblemente la claridad política de los educadores en relación con su proyecto. Requiere que el educador asuma la politicidad de su práctica. No basta con decir que la educación es un acto político, igual que no basta decir que el acto político es también educativo. Es preciso asumir realmente la politicidad de la educación. (Freire, 2009b:51-52).

 

Por eso se dice que la educación es una práctica  eminentemente política. De aquí se desprende al sujeto político al que Freire hacía alusión, un sujeto con claridad en sus opciones políticas, sus sueños, porque al final  lo que mueve y alienta al docente son sus proyectos y la posibilidad de tener un sueño para poder soñar con sus alumnos, de ahí que la politicidad de la práctica educativa vaya de la mano  con la estética y la ética. “La politicidad  revela otra dos características de la situación educativa: Revela que en la práctica educativa estética y ética van de la mano” (Freire, 2010a:50).

 

Si la práctica educativa refuerza la idea de la estética y la ética es porque realmente se ve en ellas la belleza de la formación de la cultura, la belleza de la formación del sujeto libre y al mismo tiempo esa estética es ética, pues trata de la moral. Y como dice Freire “difícilmente una cosa bella sea inmoral”. De ahí entonces que la práctica educativa vaya ligada a un sujeto histórico que es capaz de luchar exigir, criticar, reflexionar y transformar su mundo a través de su praxis educativa.

 

5.    Conclusiones

 

Las aportaciones de Freire a la educación desde su pensamiento filosófico dan pauta para poder visualizar una educación diferente en nuestros días. Ante una educación bancaria y domesticadora que sirve a intereses de la clase dominante producto de un discurso neoliberal, alienante surge la opción de una educación problematizadora, liberadora que permita el sujeto se encuentre consigo mismo y con el otro y los otros.

 

Esos otros que son al igual sujetos con sueños, utopías y que están en el mundo como sujetos históricos esperando a darse cuenta de su inacabamiento y de su inconclusión.

Por eso la educación puede convertirse en un espacio de posibilidades para el sujeto para su transformación, humanización y politización consigo mismo y con su mundo. Un mundo cambiante, dinámico, que se crea y recrea desde la historia y desde la cultura.

 

El docente universitario debe tener claro su proyecto de vida, sus sueños, su inconclusión, pues de ello dependerá la forma como transforme su práctica educativa cotidiana. La labor que el docente tiene en sus manos a partir de la educación no es nada sencilla, para poder reconocer al otro, primero se necesita que el docente se reconozca consigo mismo como un sujeto con historia. 

 

La práctica educativa no sólo debe de atravesar el aula –si bien es ahí el principio con el acercamiento con el otro no es el final- sino que debe estar presente en cada momento del sujeto educador, debe pasar a formar parte de la vida de ese sujeto, quizá así tengamos algún día una sociedad más libre, más democrática, menos alienante, por lo menos esos eran los sueños de Freire.

 

 

 

 

Fuentes de Consulta

 

-          Freire, P. (1994). Pedagogía del Oprimido. México: Siglo XXI editores.

-          _______ (2007a). ¿Extensión o comunicación? La concientización en el medio rural. México: Siglo XXI editores.

-          _______ (2007b). La educación en la ciudad. México: Siglo XXI editores.

-          _______ (2008). La importancia de leer y el proceso de liberación. México: Siglo XXI editores.

-          _______ (2009a). La educación como práctica de la libertad. México: Siglo XXI editores.

-          _______ (2009b). Política y educación. México: Siglo XXI editores.

-          _______ (2009c). Pedagogía de la esperanza. México: Siglo XXI editores.

-          _______ (2009d). Pedagogía de la autonomía. Saberes necesarios para la práctica educativa. México: Siglo XXI editores.

-          _______ (2010a). El grito manso. México: Siglo XXI editores.

-          _______ (2010b). Cartas a quien pretende enseñar. México: Siglo XXI editores.

-          Reyes, J. (1995). En torno a Paulo Freire. Aspectos filosóficos de su pensamiento y aportes a la reflexión de raíz latinoamericana. (Versión electrónica).Tesis para obtener el grado de licenciada en Filosofía. Facultad de Filosofía, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile. Extraído el 06 de noviembre, 2011 en  www. servicioskoinonia.org/biblioteca/general/TesisFreire.pdf

-          Rojas, C. (2010).Filosofía de la Educación. De los griegos a la tardomodernidad. Medellín: Ed. Universidad de Antioquia.

Santos, M. (2008). Ideas filosóficas que fundamentan la Pedagogía de Paulo Freire. (Versión electrónica). Revista Iberoamericana de Educación. Núm. 46. Pp. 155-173. Extraído el 06 de noviembre, 2011, en www.rieoei.org/rie46a08.pdf


[1] Licenciado en Pedagogía por la FES Acatlán, UNAM y Maestro en Pedagogía en el área de docencia universitaria por la FES Acatlán, UNAM. Docente de la Universidad del Valle de México Campus Hispano. Es colaborador en el programa “Perspectivas Periodísticas” en ABC radio, 760 A.M. México. email: casillas0302@yahoo.com.mx

 

[2] Si bien en su libro “Pedagogía de la Autonomía”, Freire describe a detalle cuáles son esos saberes necesarios para la  práctica educativa, para efecto de este trabajo sólo nos limitamos a recoger algunas ideas que pueden ayudar a comprender la compleja tarea del docente universitario.

[3] Si bien en su libro “Política y educación” Freire hace mención de estos elementos de la práctica educativa, en otro de sus textos “El Grito Manso” incorpora otros elementos como: El espacio pedagógico como el lugar o sitio donde se lleva  a cabo el proceso educativo; el tiempo pedagógico que está al servicio de la producción del saber. Cfr. Freire, 2010: 39-56.

 

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