Psicología y Educación Integral A.C. 
Revista Internacional PEI: Por la Psicología y Educación Integral
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Volumen II. Número 4. Enero-Febrero 2013
 
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IBSN: Internet Blog Serial Number 2010-07-01-00

ESQUEMAS MALADAPTATIVOS TEMPRANOS ASOCIADOS A LA CONDUCTA CRIMINAL

Early Maladaptive Schemas associated with criminal behavior

Sikandar Ortega Aguilar, Ari Ortega Aguilar

Centro de Psicoterapia Cognitiva

Resumen

En vista al grave problema de la inseguridad en México, ha crecido el interés por conocer las causas de la conducta criminal. Desde el desarrollo de la Terapia Cognitiva en los 60´s, los Esquemas Cognitivos han sido un constructo de gran utilidad para comprender y tratar una gran variedad de trastornos psicológicos, ya sea desde su enfoque clásico, el modelo de Beck o desde el abordaje de Young y los Esquemas Maladaptativos Tempranos (EMT). Por lo tanto, nuestro objetivo principal fue realizar un análisis descriptivo de los EMT en un grupo de criminales, y compararlo con un grupo clínico y un grupo comunitario sin antecedentes criminales. A los tres grupos se les aplicó el Cuestionario de Esquemas de Young, así como la sub escala del Trastorno de Personalidad Anti Social del Cuestionario de Creencias Centrales de la Personalidad. Los resultados nos permitieron identificar en los criminales cuatro esquemas con puntuaciones más altas en comparación a los dos grupos control: Desconsideración por los demás (F[2,110]=21.43, p<.001), Aislamiento Social (F[2,110]=16.06, p<.001), Privación Emocional (F[2,110]=19.67, p<.001) y Desconfianza (F[2,110]=18.22, p<.001). Estos datos apoyan la hipótesis que en los criminales operan mecanismos cognitivos provenientes de esquemas disfuncionales que facilitan la conducta delictiva mediante una visión distorsionada de sus actos y de los derechos de los demás.

 

Palabras clave: Conducta criminal, Terapia Cognitiva, Esquemas Maladaptativos Tempranos

Abstract

In light of the serious problem of crime in Mexico, there has been a growing interest in identifying causes of criminal behavior. Since the creation of Cognitive therapy in the 60´s, Cognitive Schemas have been central to understanding a wide range of psychopathologies, whether it´s from Beck´s cognitive model or the more recent Early Maladaptive Schema (EMS) approach. Therefore our main goal was to identify EMS in a criminal sample, and compare it with a clinical group and a community sample. All three groups responded the Young Schema Questionnaire and the Anti Social Personality disorder sub scale of the Personality belief questionnaire. Results allowed us to identify four schemas which were significantly higher in the criminal group: Entitlement  (F[2,110]=21.43, p<.001), Social Isolation (F[2,110]=16.06, p<.001), Emotional deprivation (F[2,110]=19.67, p<.001) and Mistrust and Abuse (F[2,110]=18.22, p<.001). The data support the hypothesis that within the criminal population cognitive mechanisms, which stem from dysfunctional schemas, facilitate criminal behavior by distorting beliefs about their actions and other people´s rights.

Key words: Criminal behavior, Cognitive therapy, Early Maladaptive Schemas

 

Introducción.

La inseguridad es un tema casi imposible de evitar para los mexicanos. Todos los días encontramos en los medios de comunicación reportes sobre crímenes como secuestros, asaltos u homicidios. Lo preocupante no es sólo que ocurran estos hechos, si no que los índices y la violencia con la que se cometen van en aumento (Encuesta nacional sobre la percepción de seguridad ciudadana en México, 2010). Al escuchar sobre la violencia con que se cometen los delitos, y la completa falta de respeto por los derechos ajenos, muchos nos preguntamos cómo seres humanos son capaces de actuar de esta manera en contra de otros seres humanos.

Debido a la gravedad del problema y al impacto que causa en la sociedad, cada vez encontramos una mayor cantidad de estudios enfocados a comprender la conducta criminal. Una de las teorías pioneras en el estudio de los criminales es el modelo del crimen realizado por Gary Becker, quien adopta una visión socio económica para comprender la delincuencia (Becker, 1968). Siguiendo esta línea encontramos estudios que describen las características socio demográficas de los delincuentes (e.g Lattimore, 2007; Daley, 2001). También podemos encontrar datos sobre experiencias de la infancia como violencia intra familiar (Nygaard Christoffensen, Francis & Soothill, 2003), abuso sexual (Swanston et al., 2003) y estilo educativo disfuncional de los padres (Loeber & Farrington, 2000). Además, una cantidad importante de estudios se han enfocado en las características individuales de los criminales, como son los factores biológicos y genéticos (Raine, Lencz & Scerbo, 1995), abuso de sustancias (Chiles, Von Cleve, Jemelka & Trupin, 1990) y auto control deficiente (Gottfredson and Hirschi, 1990). Uno de los conceptos que más se asocia con la conducta criminal es el trastorno de personalidad Anti Social, sin embargo, los índices de prevalencia en prisioneros se estiman entre el 40% y el 60% (Coid et al., 2009). Complementando los hallazgos sobre las características individuales de los criminales, también han surgido contribuciones importantes desde una perspectiva situacional para comprender la conducta criminal y anti social. Desde hace varias décadas, experimentos sociales han demostrado que el contexto puede influir sobre la conducta, incluso facilitando la conducta anti social. Entre los experimentos sociales clásicos encontramos los de Milgram y Obediencia a la autoridad (1974), el experimento de la prisión de Stanford de Phillip Zimbardo (Haney, Banks & Zimbardo, 1973) y el aprendizaje por modelamiento con el muñeco Bobo de Bandura (1973).

Tanto el conocimiento de características individuales como situacionales han aportado información importante para la comprensión de la conducta criminal. Sin embargo, aunque ambos planteamientos cuentan con respaldo empírico, en ambos casos existen una cantidad considerable de excepciones. Por ejemplo, los criminales difieren considerablemente en su personalidad, y no todos los sujetos bajo las mismas condiciones sociales responden de la misma manera. Con tanta información disponible, ¿cuál es el camino a seguir? Ciertamente podemos entender la conducta criminal como un problema multi-factorial, y que no en todos los casos intervienen los mismos factores. Sin embargo diseñar una intervención tomando en cuenta la mayoría de estos factores resultaría en una tarea demasiada compleja. El reto para la psicología por lo tanto consiste en encontrar los mecanismos compartidos que logren una teoría unificadora, congruente y consistente y que sea verificable mediante estudios empíricos. Varios autores resaltan la importancia de identificar los mecanismos de acción clave asociados al origen y mantenimiento del problema, como son las variables mediadoras y moderadoras (Barlow, Allen & Choate, 2004; Kazdin, 2007). La propuesta del presente estudio para comprender la interacción entre las características individuales, el contexto y la conducta criminal, es el enfoque Cognitivo.

Los Esquemas Cognitivos han sido identificados como un constructo de gran utilidad para comprender y tratar una gran variedad de trastornos psicológicos, ya sea desde su enfoque clásico, el modelo de Beck (1979), o desde el abordaje de Young y los Esquemas Maladaptativos Tempranos (2003). Los esquemas cognitivos asociados al bienestar psicológico, social y emocional se forman en cada individuo según sus experiencias, las cuales moldean su visión sobre sí mismo, los demás y el futuro. Una persona que se sabe valiosa es porque las experiencias que respaldan esta creencia están almacenadas en su esquema. Los esquemas tienen gran influencia sobre todos los aspectos del procesamiento de la información, ya que, según su contenido, le dan significado a las percepciones, afectan a las inferencias, dictan sobre qué información recordamos y moldean la formación de memorias nuevas (Beck, 1996). Por lo tanto, los esquemas le ayudan a las personas a asignar significado a sus experiencias, entenderse a sí mismos, a su mundo social y físico y además sirven para predecir eventos y planear sus conductas (Beck, 1967). El complejo sistema de estímulos ambientales nos influye sólo al grado que se mezcla con nuestro sistema psicológico interno.

Cuando las experiencias de la infancia son acorde a las necesidades emocionales, el esquema en formación adquiere un funcionamiento adaptativo. Esto significa que las interpretaciones serán congruentes con el estímulo presente y las reacciones emocionales serán apropiadas en intensidad y función. Sin embargo, cuando las experiencias tempranas son adversas, se genera un esquema disfuncional. Esto se traduce en una constante distorsión de la información, causando un desfase entre la experiencia interna y la situación externa, lo cual generalmente desemboca en un acusado malestar emocional. Por ejemplo, un niño que sufrió de rechazo constante será más propenso a malinterpretar acciones de otros como señales de rechazo, aunque esta no sea su intención. Esta discrepancia entre la experiencia interna y el entorno es la que origina los trastornos psicopatológicos (Beck, 1967).

A partir del trabajo realizado con A.T. Beck, Jeff Young identificó 18 esquemas relacionados a la frustración toxica de necesidades básicas de la infancia y los llamó Esquemas Maladaptativos Tempranos (EMT). Young postula que las personas con EMT realizan conductas extremas para lidiar con las emociones intensas generadas por dichos esquemas. Él agrupó estos esquemas en 5 dominios según temas en común. El primer dominio, desconexión y rechazo, hace referencia a la falta de afecto, apego y estabilidad, y encontramos los esquemas de Privación emocional, abandono, desconfianza, defectuosidad y aislamiento social. El segundo dominio se refiere a falta de confianza en desempeño y autonomía, y encontramos los esquemas de fracaso, vulnerabilidad, dependencia / incompetencia y simbiosis. En el tercer dominio encontramos deficiencias en límites y responsabilidad, y los esquemas son grandiosidad / desconsideración por los demás y auto control insuficiente. El cuarto dominio hace referencia a la forma de relacionarse con los demás, generalmente en una atención excesiva en los deseos y respuestas de los demás, y los esquemas son subyugación y sacrificio. El quinto dominio tiene que ver con inhibición, reglas y expectativas excesivas, y encontramos los esquemas de inhibición emocional y estándares inalcanzables. Para una descripción completa de cada esquema recomendamos ver a Young,  Klosko & Weishaar, (2003). 

Los Esquemas disfuncionales se han asociado en estudios empíricos con una cantidad importante de psicopatologías, ya sea para la formulación de teorías o el desarrollo de protocolos de tratamiento. El enfoque Cognitivo de la Depresión (Beck, 1979) y los trastornos de Ansiedad (Barlow, 2002) es uno de los más aceptados y utilizados actualmente debido a su amplio respaldo empírico (Stewart & Chambless, 2009). En los últimos años el enfoque Cognitivo también ha sido de gran utilidad para los avances en la comprensión y tratamiento de algunos trastornos considerados como “complicados”, como son los Trastornos de Alimentación (Fairburn, 2008), Trastorno límite de la Personalidad (Young, 2000), Suicidio (Wenzel, Brown & Beck, 2009), Trastorno Bipolar (Newman, Leahy, Beck, Reilly-Harrington & Gyulai, 2002) y Esquizofrenia (Beck, Rector, Stolar & Grant. 2009).

Actualmente podemos encontrar teorías y opciones de tratamiento basados en el modelo Cognitivo para problemas que se asocian a la conducta criminal. El modelo Cognitivo de la conducta violenta plantea que aspectos genéticos y biológicos interactúan con experiencias tempranas como maltrato o modelamiento de conductas inapropiadas por los padres en el desarrollo de esquemas disfuncionales (Beck, 1999). Estas personas aprenden a verse a sí mismos como vulnerables o víctimas, a las demás personas como hostiles y al mundo como inestable. El esquema disfuncional causa un estado constante de desconfianza e hipervigilancia, por lo que fácilmente malinterpretan señales como potencial agresión o amenaza a su autoestima o estatus social. La violencia se convierte en el principal (o único) recurso que tienen para lidiar con las situaciones problemáticas y para restaurar la autoestima.

La Teoría Cognitiva para el trastorno de personalidad Anti Social igualmente se basa en esquemas disfuncionales para comprender su comportamiento (Beck, 1990; McMurran & Christopher, 2008). En las personas Anti Sociales se ha encontrado un déficit en la forma de procesar la información, en especial referente a las reglas sociales que generan vergüenza y culpa (Wallace & Newman, 2004). La ausencia de empatía y culpa, despreocupación por las consecuencias y búsqueda constante de beneficio personal proviene de las forma en que se ven a sí mismos y a los demás. Hay una constante distorsión de la información, sobre todo acerca de los propios actos, para proteger el self. Por ejemplo, los propios actos de engaño son ingeniosos y justificados, pero el mismo acto en alguien más es deplorable. Se rigen bajo la ley de la jungla donde el más fuerte sobrevive y el débil merece perder. Creencias comunes son “si no agredo seré la víctima” y “el fin justifica los medios”. Dentro de esta visión, conductas como mentir, engañar o agredir simplemente son “cómo funcionan las cosas”, o “lo que se tiene que hacer”.

En cuanto a tratamiento, varios estudios sobre intervenciones cognitivo conductuales para problemas relacionados a la conducta anti social y criminal han presentado resultados favorables. McCloskey, Noblett, Deffenbacher, Gollan & Coccaro (2008) realizaron un ensayo clínico aleatorizado para el Trastorno Explosivo Intermitente, y lograron una reducción significativa de enojo, agresividad y síntomas depresivos, los cuales se mantuvieron en el seguimiento a los 3 meses. En un meta análisis realizado por Beck y Fernández (1998) en el tratamiento cognitivo conductual para el enojo, la magnitud de efecto promedio fue de .70. En otro meta análisis con prisioneros, Wilson, Bouffard & Mackenzie (2005) encontraron una reducción de la conducta criminal y reincidencia después de intervenciones estructuradas basadas en el modelo Cognitivo Conductual.

Presente estudio

Existe una cantidad importante de estudios empíricos sobre factores asociados a la conducta criminal, sin embargo los resultados han sido diversos, por lo cual resulta importante que un siguiente paso sea identificar mecanismos subyacentes a las manifestaciones problemáticas. Dentro de la literatura en México han sido escasos los estudios sobre los criminales desde una perspectiva cognitiva. Hasta nuestro conocimiento no hay estudios que hayan identificado EMT en criminales. Siguiendo la recomendación de Farrington (2004), es importante identificar tanto diferencias inter grupales (¿qué diferencia hay entre alguien que comete crímenes y alguien que no?) como características intra grupales en los perfiles criminales (¿por qué cometen crímenes en ciertas situaciones y en otras no?). Por lo tanto, nuestro primer objetivo fue medir la presencia e intensidad de EMT en una población criminal proveniente de un grupo de presos en el Centro de Readaptación Social (CERESO) de Cancún. El segundo objetivo fue confirmar si existe una diferencia en el perfil esquemático entre la muestra criminal y una muestra sin antecedentes criminales. Para aumentar la validez interna, además de una muestra comunitaria incluimos un grupo control clínico para discriminar con mayor precisión los esquemas cognitivos que sirven como mediadores entre el entorno y la conducta criminal y no solo aquellos esquemas relacionados a la psicopatología en general. En base a la literatura, esperamos encontrar que los criminales presentan esquemas disfuncionales que se activan con mayor intensidad que las personas sin antecedentes criminales. Tanto la Terapia Cognitiva como la Terapia de Esquemas han demostrado su efectividad para una gran variedad de trastornos psicológicos en estudios empíricos (Beck, 2005; Halford, Bernoth-Doolan & Eadie, 2002), por lo que la identificación de un perfil cognitivo en criminales nos permitiría identificar mecanismos psicológicos que explican o facilitan la conducta anti social, y en consecuencia proponer intervenciones basadas en evidencia para prevenir, tratar y rehabilitar a esta población.

Método

Participantes

Un total de 119 personas participaron en el estudio. La edad de los participantes estuvo entre los 18 y los 51 años (M=27; D.E 7.2), con escolaridad promedio de 8 años (secundaria incompleta) y el 27.7% casados. El grupo criminal (n=37) fue reclutado del centro de rehabilitación social (CERESO) de la ciudad de Cancún. Prisioneros fueron invitados a participar de manera voluntaria, se les explicó el propósito de la investigación y que la participación y los resultados no serían utilizados ni a favor ni en contra de su sentencia. Los dos grupos control fueron elegidos de una muestra clínica y de un grupo comunitario, y los criterios de inclusión se establecieron en base a las características socio demográficas encontradas en la muestra criminal. Para el grupo control clínico, los participantes provinieron del Centro de Psicoterapia Cognitiva y se incluyeron a personas diagnosticadas con un trastorno psicológico según el DSM IV-TR (n=37; 32% Trastorno por Depresión Mayor, 35% Trastorno de Ansiedad, 22% un Trastorno de Personalidad y 11% otro). Aquellos pacientes que cumplían con las características socio demográficas establecidas fueron informados sobre el estudio, y se solicitó su permiso por escrito para integrar sus datos a una muestra, respetando su anonimidad. El segundo grupo control fue elegido de una muestra comunitaria sin antecedentes criminales (n=39). Los criterios de exclusión fueron antecedentes de violencia o actividad delictiva, presencia de un trastorno psicótico, abuso de alcohol o drogas e impedimentos intelectuales para responder los cuestionarios. En base al análisis estadístico (análisis de varianza para edad y años de escolaridad, Ji cuadrado para estado civil) no hubieron diferencias significativas entre el grupo criminal y los grupos control en características socio demográficas (ver tabla 1).

           

 

 

G. Criminal (n=37)

G. Clínico (n=37)

G. Com (n=39)

M (D.E)

M (D.E)

M (D.E)

F(2,110)

Edad

25.5 (5.4)

26.8 (7.4)

28.4 (8.2)

1.46

p>.05

Educación (años)

7.8 (2.7)

8.3 (2.8)

8.2 (3.3)

0.3

p>.05

Primaria

9 (24%)

8 (21.5%)

9 (23%)

Secundaria

24 (65%)

24 (65%)

24 (62%)

Bachillerato

2 (5.5%)

3 (8%)

2 (5%)

Est superiores

2 (5.5%)

2 (5.5%)

4 (10%)

Casado (%)

10 (27%)

13 (35%)

10 (26%)

Soltero (%)

22 (59%)

17 (46%)

21 (54%)

Divorciado (%)

5 (13%)

7 (19%)

8 (20%)

Tabla 1: Características Socio Demográficas

 

Instrumentos

Las características sociodemográficas y los datos sobre la conducta delictiva fueron recolectados mediante una entrevista clínica semi estructurada.

 

A los tres grupos se les aplicó el Cuestionario de Esquemas de Young (Young, & Brown, 1994) versión corta (YSQ-sf por sus siglas en inglés). Utilizamos la versión en castellano adaptada por Castrillón et al. (2005). Cada ítem representa una creencia, emoción o conducta correspondiente a un esquema en particular. La respuesta es en escala tipo Likert, con opciones de 1 (completamente falso en mí) a 6 (completamente cierto en mí); puntuaciones elevadas indican mayor presencia del EMT. Cuatro subescalas no fueron incluidas en el análisis debido a baja confiabilidad interna (<.6). En los restantes once esquemas la confiabilidad interna (Alfa de Cronbach) total fue >.7 con un rango entre .62 y .87 en los 3 grupos.

 

Para aumentar la validez externa también se midieron rasgos anti sociales en los tres grupos mediante la sub escala del Trastorno de Personalidad Anti Social del Cuestionario de Creencias Centrales de la Personalidad  (PBQ por sus siglas en inglés; Beck, A. T., & Beck, J. S. 1991). Utilizamos la versión en español que se encuentra en el libro de Beck y Freeman (1995). El PBQ ha demostrado buena consistencia interna (Alpha de Cronbach = .81 - .93) y buena confiabilidad test - re test (r de Pearson = .57 - .93; Beck et. al. 2001). A los 3 grupos se les aplicó la sub escala, la cual incluye ítems como “está bien mentir y engañar si no me descubren” y “la gente se aprovechará de mí si yo no me aprovecho primero”. La confiabilidad en el presente estudio fue alta (Alpha de Cronbach de >.8).

 

Análisis de datos

Los datos fueron analizados con el SPSS 13 para Windows. Además del análisis descriptivo, el análisis intra grupal se realizó con la correlación de Pearson para determinar la interacción de las variables y un análisis de varianza para grupos emparejados. El análisis inter grupal se realizó mediante el análisis de varianza de un factor con un nivel de significancia de .05. Para el análisis de las diferencias entre los grupos (post hoc) se utilizó la prueba t con la corrección de Bonferroni.

 

Resultados

 

Delito

n (%)

Inicio <18 (%)

Reincidencia (%)

Asalto

6 (16%)

2 (33%)

2 (33.3%)

Posesión / venta de drogas

6 (16%)

2 (33%)

3 (50%)

Homicidio

5 (13.5%)

4 (80%)

4 (80%)

Intento de homicidio

1 (2.7%)

1 (100%)

1 (100%)

Lesiones

3 (8%)

3 (100%)

3 (100%)

Portación de armas

2 (5.5%)

1 (50%)

2 (100%)

Robo a casa / comercio

9 (24%)

5 (55.5%)

5 (55.5%)

Secuestro

2 (5.5%)

2 (100%)

2 (100%)

Violación

3 (8%)

2 (66.6%)

2 (66.6%)

Total

37 (100%)

22 (59%)

24 (65%)

Tabla 2: Datos descriptivos sobre la Conducta Criminal

La tabla 2 nos muestra las características sobre la conducta delictiva en la muestra criminal. El delito más frecuente que se encontró fue robo a casa o comercio (n=9, 24%), seguido por asalto y delitos relacionados a drogas (n=6, 16% cada uno). El 59% de los delincuentes comenzaron su carrera delictiva antes de los 18 años, y el 65% fueron clasificados como reincidentes.

Previo al análisis de las correlaciones univariadas (r de Pearson), establecimos tres criterios para definir las correlaciones importantes: a) Correlaciones estadísticamente significativas. b) Correlaciones presentes únicamente en el grupo criminal. c) Correlaciones teóricamente congruentes. En base a estos criterios, las correlaciones más relevantes fueron las encontradas entre los rasgos Anti Sociales y los esquemas de Fracaso (r=.50 p<.001), Aislamiento Social (r=.35 p<.05) y Vulnerabilidad (r=.37 p<.01), así como las correlaciones entre el esquema de Desconsideración por los demás y los esquemas de Privación emocional (r=.37 p<.01), Aislamiento social (r=.56 p<.001), Fracaso (r=.53 p<.001) y Vulnerabilidad (r=.44 p<.01). Al analizar las correlaciones de los tres grupos, encontramos una mayor interacción de los EMT en el grupo criminal en comparación a los dos grupos control. La interacción entre los Esquemas de los criminales es alta, ya que prácticamente entre todos los esquemas hay correlaciones significativas (ver tabla 3), lo cual no es el caso en los dos grupos control (ver tabla 4).

Los resultados del Cuestionario de Young y de la Sub escala de rasgos Anti Sociales se presentan en la tabla 5. Para el análisis de varianza, establecimos que los esquemas importantes serían los más altos en el grupo criminal y que también fueran significativamente más altos que los dos grupos control. Los esquemas del grupo criminal que cumplieron con estos criterios fueron Desconsideración por los demás (F[2,110]=21.43, p<.001), Aislamiento Social (F[2,110]=16.06, p<.001), Privación Emocional (F[2,110]=19.67, p<.001) y Desconfianza (F[2,110]=18.22, p<.001). Un análisis de varianza intra grupal no reveló diferencias significativas entre estos 4 esquemas (F(3,108), 2.28 p>.05), por lo tanto, no podemos establecer a un esquema en particular como el más activo en los criminales. Los resultados en la escala de rasgos Anti Sociales también fue significativamente más alta en los criminales (F=43.66, p<.001).  Estos datos los podemos interpretar como indicadores de que una mayor cantidad de estímulos activan estos esquemas en los criminales, y que las reacciones afectivas generadas son más intensas.

Discusión

El enfoque cognitivo de la personalidad plantea que los esquemas cumplen con la función de integrar la información proveniente del ambiente, lo cual los convierte en un componente central para comprender la forma en que una persona actúa, piensa, siente y se relaciona con los demás. Estas reacciones están fuertemente influenciadas por el contenido de los esquemas, proveniente de las experiencias previas. El objetivo general de la presente investigación fue identificar EMT asociados a la conducta criminal. Al elaborar un perfil esquemático en una muestra criminal y compararlo con un grupo sin antecedentes criminales, pudimos obtener una mejor comprensión de los mecanismos cognitivos que facilitan la conducta delictiva.

 

TPAS

P em

Ab

Desc

A soc

Defec

Frac

Dep

Vuln

Sub

Desc

Fd

TPAS

1

Priv. emoc.

0.14

1

Abandono

0.21

0.03

1

Desconfianza

.46**

0.04

.46**

1

Ais Soc.

.35*

0.21

0.27

.56***

1

Defectuoso

.41**

.40**

.39**

.47**

.6***

1

Fracaso

.50***

0.12

.32*

.57***

.56***

.6***

1

Dependencia

.37**

0.14

0.26

.5***

.51***

.59***

.78***

1

Vulnerabilidad

.37**

-0.08

.42**

.52***

.65***

.54***

.55***

.53***

1

Subyugación

.42**

0.06

.47**

.6***

.53***

.55***

.7***

.64***

.66***

1

Desconsederación

.69***

.37**

0.27

.54***

.56***

.39**

.53***

.36**

.44**

.38**

1

Falta de disciplina

.49***

0.28

.38**

.62***

.62***

.54***

.72***

.49***

.47**

.61***

.55***

1

Tabla 3: Correlación de Pearson en el Grupo Criminal. *=p<.05, **=p<.01, ***=p<.001. TPAS= Trastorno de personalidad Anti Social, Priv. Emoc. = Privación emocional, Ais. Soc. = Aislamiento Social

El origen que Young plantea para los 4 EMT es congruente con el entorno familiar y social que se ha encontrado en la infancia y adolescencia de criminales. Nijhof, de Kemp, Engels, & Wientjes (2008) encontraron que los delincuentes tienen historiales amplios con desafío a las reglas y a la autoridad, y que también provienen de familias que no ofrecen reglas ni estructura y son inconsistentes con el castigo. Widom (1992) realizó un estudio en el que siguió a niños víctimas de maltrato por 20 años, y concluyó que la victimización de un niño incrementa la probabilidad de conducta anti social como adulto. Akers & Silverman (2004) argumentan que la conducta delictiva también se aprende de la interacción con otros, como son familiares delincuentes. Las experiencias que se asocian al origen de los 4 EMT encontrados en el grupo criminal son congruentes con los factores familiares mencionados. El esquema de Privación Emocional surge de ambientes inestables, con rotación de cuidadores y falta de satisfacción de necesidades emocionales. Los esquemas de Desconfianza y Aislamiento Social surgen de experiencias de rechazo tanto familiar como social, falta de habilidades sociales y falta de conexión con otras personas. El esquema de Desconsideración por los demás proviene generalmente de un ambiente hostil en donde el individuo adopta conductas de rebeldía y dominio para compensar experiencias o sentimientos de maltrato e inferioridad. Por lo tanto, los EMT nos ofrecen una posible conexión entre los factores de riesgo distales y la conducta criminal.

 

TPAS

P em

Ab

Desc

A soc

Def

Frac

Dep

Vuln

Sub

Desc

Fd

TPAS

1

-0.06

0.19

.48**

0.29

0.18

-0.01

-0.02

0.29

0.22

.7***

0.29

Priv em

-0.03

1

0.24

-0.01

0.3

.32*

.31*

-0.02

-0.01

0.13

0.04

-0.03

Abandono

0.09

.6***

1

0.21

.4**

0.24

0.16

.32*

0.24

0.11

0.29

0.26

Desconfianza

.37**

0.26

0.2

1

0.23

0.22

0.12

-0.01

.6***

0.24

.38**

.32*

Ais soc

0.27

.42**

0.27

.35*

1

.51***

.55***

0.21

-0.08

.47**

.5***

0.23

Defectuoso

0.16

.66***

.47**

0.28

.51***

1

.57***

0.13

-0.03

.57***

0.29

.32*

Fracaso

0.11

0.19

0.1

.5***

.32*

.49***

1

.31*

0.26

0.62***

0.08

0.27

Dependencia

0.03

.38**

.31*

.54***

.35*

.51***

.76***

1

-0.01

0.27

-0.01

0.01

Vulnerabilidad

0.07

.38**

0.15

.42**

.32*

.46**

.35*

.33*

1

0.14

0.09

0.25

Subyugación

0.08

.71***

.52***

.35*

.34*

.57***

.35*

.45**

.41**

1

.36**

.41**

Desconsideración

.58***

-0.02

0.14

.44**

0.01

0.12

0.13

0.16

0.22

0.07

1

.34*

Falta de disciplina

.32*

0.15

0.24

.61***

0.25

.38**

.68***

.55***

0.24

0.19

.46**

1

Tabla 4: Correlación de Pearson de los grupos Clínico (diagonal inferior) y Comunitario (diagonal superior). *=p<.05, **=p<.01, ***=p<.001. TPAS= Trastorno de personalidad Anti Social, Priv. Emoc. = Privación emocional, Ais. Soc. = Aislamiento Social

Los 4 EMT identificados como los de mayor presencia (y los siguientes 2 también, Abandono y Falta de autodisciplina) identificados a través del análisis intragrupal, así como los esquemas que distinguen a los criminales de los grupos control identificados a través del análisis intergrupal, provienen de 2 dominios: Desconexión y rechazo y Ausencia de límites. Esto nos permite hipotetizar sobre 2 mecanismos clave para comprender la conducta criminal:

1- Los criminales se logran desconectar emocionalmente de las demás personas con gran facilidad, posiblemente porque ven a los demás como rechazantes, inestables, amenazantes o simplemente no encuentran satisfacción en las relaciones interpersonales. Esto nos explica rasgos como falta de empatía, falta de interés social, egocentrismo, deshumanización y desapego emocional.

 

Criminal (n = 37)

Clínico (n=37)

Control (n = 39)

 

M

DE

M

DE

M

DE

F(2,110)

Post Hoc

YSQ T

2.93

0.96

2.36

0.76

1.63

0.37

29.84***

Cr > Cl > Co

P em

3.15

1.31

2.32

1.12

1.63

0.44

19.67***

Cr > Cl > Co

Ab

3.35

1.58

2.88

1.31

1.75

0.68

16.7***

Cr, Cl > Co

Desc

3.03

1.17

2.1

1.04

1.68

0.71

18.22***

Cr > Cl, Co

A soc

3.45

1.37

2.49

1.35

1.86

0.94

16.06***

Cr > Cl, Co

Def

2.61

1.13

1.81

1.04

1.16

0.39

24.09***

Cr > Cl > Co

Frac

2.27

1.43

2.32

1.56

1.35

0.51

7.26**

Cr, Cl > Co

Dep

2.42

1.28

1.94

0.94

1.38

0.55

11.14***

Cr, Cl > Co

Vuln

2.69

1.42

2.51

1.15

1.88

0.75

5.37**

Cr, Cl > Co

Sub

2.68

1.66

2.18

1.21

1.41

0.48

10.64***

Cr, Cl > Co

Desc

3.56

1.28

2.6

0.91

2

0.92

21.43***

Cr > Cl > Co

F disc

3.01

1.33

2.86

1.35

1.83

0.64

12***

Cr, Cl > Co

TPAS

27.32

8.63

13.95

6.1

14.08

6.36

43.66***

Cr > Cl, Co

Tabla 5: Análisis de varianza de un factor del YSQ y PBQ. *=p<.05, **=p<.01, ***=p<.001. P em= Privación emocional; Ab = Abandono; Desc = Desconfianza; A soc= Aislamiento Social; Def = Defectuoso; Frac = Fracaso; Dep = Dependiente; Vuln = Vulnerabilidad; Sub = Subyugación; Desc = Desconsideración por los demás; F disc = Falta de disciplina; TPAS = Trastorno de personalidad Anti Social.

2- Los criminales no han internalizado reglas de conducta social ni auto control y son propensos a sobre reaccionar cuando sus necesidades se ven frustradas, lo cual los motiva a obtener lo que quieren por cualquier medio, al mismo tiempo que justifican y distorsionan las consecuencias de sus actos. Esto nos explica la facilidad con que rompen las reglas sociales y morales, así como la falta de respeto y consideración por los demás.

Los resultados indican que la presencia de EMT solamente en el dominio de Desconexión y rechazo, los cuales son comunes en la psicopatología, o solamente en el dominio de Ausencia de límites no son facilitadores de la conducta criminal.  Es la combinación de esquemas hiperactivos en el dominio de Desconexión y rechazo con esquemas en el dominio de Ausencia de límites, los que conforman el perfil esquemático de los criminales y “pueden” servir como mediadores para la conducta criminal (la función mediadora aún es una hipótesis que requiere comprobación). Desde esta perspectiva, la situación externa, o el rasgo de personalidad, no son suficientes para explicar la conducta criminal. Es la interacción entre el estímulo (interno o externo) con el EMT lo cuál moviliza al delincuente a la acción, ya sea generando una motivación o eliminando las funciones auto reguladoras (reglas internalizadas). Por lo tanto podemos hipotetizar que la presencia de niveles altos de esquemas en estos dos dominios generan mecanismos cognitivos que distorsionan significativamente la realidad al bloquear, minimizar, distorsionar y/o justificar las consecuencias de sus conductas criminales, lo cual permite realizar actos criminales sin auto sanciones como culpa o una disminución significativa del self.

Las implicaciones prácticas de nuestros resultados abarcan tanto el área de prevención como tratamiento. Basándonos en los resultados que hemos encontrado, consideramos que cuando se trabaje la prevención con jóvenes será de gran importancia ponerle atención especial a la enseñanza de reglas y límites, trabajar en el apego y conexión a otras personas y enseñar (de preferencia modelar) la responsabilidad social. El entrenamiento en empatía (Davis, 1996) será un componente esencial en cualquier intervención, ya que va dirigido a fomentar el apego interpersonal y el reconocimiento de necesidades y emociones ajenas (lo cual es el opuesto a la desconexión y el rechazo). En cuanto a la atención para la población criminal, intervenciones cognitivas dirigidas a la modificación de esquemas disfuncionales (además de otras áreas) muestran un camino prometedor. Hoy en día contamos con una serie de técnicas y protocolos de tratamiento dirigidos a la modificación de Esquemas, sin embargo hace falta continuar con investigaciones que nos permitan adaptar las intervenciones de manera específica para esta población. Es de gran importancia que se continúe trabajando desde una metodología científica para seguir fundamentando de manera empírica la teoría y que esta sirva como base para el desarrollo de intervenciones contra esta problemática.

La conducta criminal es un tema muy importante que no ha tenido la suficiente atención en estudios empíricos en nuestro país. El presente estudio logra aportar información para una mejor comprensión de esta problemática desde una metodología científica. Sin embargo, también es importante señalar algunas de las limitaciones del presente estudio. La primera limitación tiene que ver con el tamaño reducido de la muestra. La participación de los criminales fue voluntaria, lo cual tiene ventajas y desventajas. Por un lado esto aumenta la confiabilidad de los datos, ya que ellos mismos decidieron participar. Al mismo tiempo, esto mantuvo el tamaño de la muestra muy reducida, lo cual limita la capacidad para generalizar los resultados. Además, los delitos por los cuales estaban sentenciados fueron bastante diversos, imposibilitando un análisis más profundo según el tipo de delito. Otra limitante es en relación a la recolección de datos. La información obtenida tanto en la entrevista como en los cuestionarios de auto reporte no pudo ser constatada por otras fuentes. Además, el hecho de estar en la cárcel puede influir en su forma de pensar y sentir en relación a su vida fuera de la cárcel, lo cual también puede afectar los resultados. Por estos motivos la interpretación de los datos se tiene que tomar con precaución.

Debido al diseño transversal de la investigación, únicamente podemos establecer relaciones bi - direccionales entre los esquemas y la conducta criminal. Aunque en teoría la conducta criminal surgiría a partir de los EMT, ciertamente podemos pensar que la misma conducta criminal influye sobre la formación o mantenimiento de estos, por lo que el presente estudio no nos permite establecer relaciones causales. Serán de gran utilidad investigaciones longitudinales, así como diseños experimentales para poder establecer una interacción más clara entre los EMT y la conducta criminal. Otra recomendación sería utilizar muestras más amplias y con características más específicas (por ejemplo comparar un grupo de criminales violentos contra no violentos). Se deja abierta la posibilidad de explorar mecanismos de acción más específicos que facilitan la conducta criminal.

 

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