Psicología y Educación Integral A.C. 
Revista Internacional PEI: Por la Psicología y Educación Integral
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Volumen V. Número 10. Enero-Febrero 2016
 
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Violencia en el noviazgo en alumnos universitarios relacionada con ambiente familiar y consumo de sustancias

DATING VIOLENCE AMONG COLLEGE STUDENTS ASSOCIATED TO FAMILY ATMOSPHERE AND SUBSTANCE CONSUMPTION

 

Vargas Caropresi Virna1, Galicia Moyeda Iris Xóchitl2 y Garduño Guzmán Aranzazu3

[1] Licenciada en Psicología por la Universidad de las Américas, Ciudad de México. Estudiante de la Maestría en Psicología en la Facultad de Estudios Superiores Iztacala de la Universidad Nacional Autónoma de México. virnavc@gmail.com

2 Doctora en Psicología. Profesora Titular A Tiempo Completo en la Facultad de Estudios Superiores Iztacala de la Universidad Nacional Autónoma de México. Adscripción al Proyecto de Investigación en Aprendizaje Humano. Docente de Licenciatura y Maestría en Psicología en FES Iztacala, UNAM. Tutora del Posgrado en Psicología de la UNAM. iris@unam.mx

3 Licenciada en Psicología por la Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Estudios Superiores Iztacala. Estudiante de la Maestría en Psicología en la FES Iztacala de la UNAM. aralu_2226@yahoo.com.mx

 

Resumen

El estudio de la violencia en el noviazgo adquiere relevancia al considerársele el paso previo para la violencia doméstica. El objetivo del trabajo fue determinar si existe relación entre la violencia en las relaciones de noviazgo, el ambiente familiar y el consumo de sustancias en alumnos universitarios. Se aplicaron los cuestionarios Escala de Ambiente Familiar (Villatoro et al., 1997), Cuestionario Maltrato en el Noviazgo (Osorio, Tani, Bazán, Bonechi & Menna, 2012) y Cuéntanos cuánto (Pulido y Coronel, 2012) a una muestra no probabilística de 102 participantes que hubieran tenido una relación de pareja y que cursaban el segundo semestre de licenciatura. La violencia reportada con mayor frecuencia fue la psicológica, seguida de la sexual, física y económica. La violencia física fue la única que presentó diferencia entre sexos, siendo los hombres quienes reportaron un mayor nivel de violencia sufrida. Los resultados no mostraron correlación entre los tipos de violencia y el ambiente familiar, pudiendo deberse al papel de la familia como factor de protección. El consumo de tabaco se relacionó con violencia sexual. Se encontró también que el consumo de alcohol y tabaco se relaciona con la hostilidad y rechazo en su núcleo familiar. Los resultados obtenidos coinciden con los de otros estudios realizados sobre el tema.

Palabras clave: violencia, noviazgo, familia, consumo de sustancias, universitarios

 

Abstract:

This study aimed to determine whether there is a relationship between dating violence, family environment and substance consumption in college students. The study of dating violence becomes more important as it is considered the first step towards domestic violence. The questionnaires Family Environment Scale (Villatoro et al., 1997), Dating Abuse Questionnaire (Osorio et al., 2012) and Tell us how much (Pulido & Coronel, 2012) were applied to a non-probabilistic random sample of 102 participants who had had a dating relationship and were freshman students in college. Psychological violence was most frequently reported, followed by sexual, physical and economic violence. Physical violence was the only one that presented difference between genders, with men been the ones who reported higher levels of violence suffered. The results showed no correlation between the types of violence and the family atmosphere might be due to the role of the family as a protective factor. With regard to substance consumption, only cigarettes related to sexual violence. It was also found that the consumption of alcohol and cigarettes is associated with hostility and rejection in your household. The results agree with the ones obtain in other studies about the subject.

Key words: dating violence, family, substance consumption, college

 

Resumo:

O objetivo foi determinar se existe uma relação entre a violência nas relações de namoro, ambiente familiar e uso de substâncias em estudantes universitários. O estudo é considerado importante por relacionar a violência no namoro como primeiro passo para a violência doméstica. Os questionários Escala Ambiente Família (Villatoro et al., 1997), Abuso Questionário em datar (Osorio et al., 2012) e Conte-nos como (Pulido e Coronel, 2012) foram aplicados a uma amostra aleatória probabilística de 32 homens e 70 mulheres que haviam tido um relacionamento e se encontravam no segundo semestre da graduação no FES Iztacala. A violência psicológica foi a mais freqüentemente relatada, seguida pela sexual, física e econômica. A violência física foi a única diferença apresentada entre os sexos, com os homens que relataram níveis mais elevados de violência sofrida. Os resultados não mostraram nenhuma correlação entre os tipos de violência e o ambiente familiar. Isso pode ser devido ao papel da família como fator protetor. No que diz respeito à substâncias ilícitas, sô o tabaco está apenas relacionado à violência sexual. Verificou-se igualmente que o consumo de álcool e de tabaco está associado a hostilidade e rejeição em suas famílias.

Palavras chave: violência, namoro, família, substâncias, universitários

 

1. Introducción

La violencia en la pareja es un tema de gran importancia al cual se han dedicado diversas investigaciones, principalmente desde el punto de vista de la violencia doméstica. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía ha realizado, desde el año 2003, tres Encuestas Nacionales sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares, ENDIREH, (Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 2004, 2008 y 2012) en las que se revelan algunos datos relevantes sobre la violencia. Sin embargo, ha comenzado a surgir un marcado interés por el tema de la violencia que se ejerce en la pareja antes del matrimonio, es decir, en el noviazgo.

Se considera como violencia en el noviazgo (VN) “todo acto, omisión, actitud o expresión que genere, o tenga el potencial de generar daño emocional, físico o sexual a la pareja afectiva con la que se comparte una relación íntima sin convivencia ni vínculo marital” (Castro & Casique, 2010, p. 22). Entre los tipos de violencia que se pueden encontrar en estas situaciones se encuentra la violencia psicológica, física y sexual.

En 2007 se realizó por primera vez la Encuesta Nacional de Violencia en las Relaciones de Noviazgo (ENVINOV), la cual arrojó nuevos datos sobre el desarrollo de este fenómeno en nuestro país. Esta encuesta recabó datos sobre la violencia sufrida en las relaciones de los jóvenes. Entre los resultados se encontró que, en el grupo de edad de 20 a 24 años, prevalece la violencia emocional (45.89% en los hombres y 34.12% en las mujeres), seguida por la física (8.22% en hombres y 2.6% en mujeres) y en tercer lugar la violencia sexual (7.88% en mujeres) (Castro & Casique, 2010). Datos de estudios en todo el país (Instituto Mexicano de la Juventud, 2008; Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 2008) son consistentes con los de cifras internacionales, e indican que, entre los jóvenes de entre 15 y 24 años en una relación de noviazgo, entre el 43% y el 76% han sido víctimas de abuso emocional, en especial las jóvenes solteras (23,1%), 15% han sido víctimas de abuso físico y el 16,5% han experimentado abuso sexual (Cortés, Bringas, Rodríguez, Flores, Ramiro & Rodriguez, 2013). También se tiene el dato de que la violencia presenta frecuentemente un carácter recíproco o bidireccional (Rubio-Garay, López-González, Saúl & Sánchez-Elvira, 2012), es decir, tanto los hombres como las mujeres pueden ser agresores y víctimas al mismo tiempo (Lazarevich, Irigoyen, Sokolova & Delgadillo, 2013).

Existen factores de riesgo y factores de protección que se relacionan con la violencia en la pareja. Se entienden como factores de riesgo aquellas manifestaciones en la vida de las personas que pueden desencadenar actos de violencia tanto hacia sí mismos como hacia otras personas (García, 2013). Uno de los aspectos que se consideró en la ENVINOV 2007 es el de los antecedentes de violencia, con lo cual se refiere a la presencia de situaciones violentas en el hogar donde se vive durante la infancia. Los resultados reportan que en el 21.3% de los hogares de los encuestados había insultos, especialmente del padre hacia la madre y entre ambos padres. En relación con los golpes, éstos estaban presentes en el 9% de los hogares. Este tipo de situaciones experimentadas en la infancia puede hacer que las personas las vean como situaciones normales y que, al experimentarlas en sus propias relaciones de pareja, no las identifiquen como violentas y las repitan en situaciones cotidianas (Castro & Frías, 2010). Por ejemplo, en 1998, la Organización Mundial de la Salud (OMS), informó que el 30% de las estudiantes universitarias habían revelado algún tipo de violencia en sus relaciones de pareja. Otros estudios revelan que, con el tiempo, las agresiones verbales se convertían en agresiones físicas (Hernando, García & Montilla, 2012) evidenciando así cómo las interaciones con violencia normalizada pueden convertirse en situaciones violentas graves ya no aceptadas socialmente.

Otros factores de riesgo se asocian con el consumo de alcohol, de tabaco y otras adicciones (Castro & Frías, 2010). En la ENVINOV 2007 se encontró que el consumo de tabaco se relaciona con una mayor presencia de violencia física en los hombres que fuman actualmente y violencia sexual en las mujeres que fuman. El consumo de alcohol está asociado con una mayor prevalencia de violencia de los tres tipos en las mujeres, mientras que en el caso de los hombres sólo parece haber mayor prevalencia con relación a la violencia emocional. En relación con el consumo de drogas, se identificó una mayor prevalencia de violencia sufrida entre aquellos hombres y mujeres que alguna vez han utilizado drogas y que resultó estadísticamente significativo (Castro & Casique, 2010). A pesar de que el grupo de edad que considera la ENVINOV 2007 es menor al del promedio de los estudiantes de licenciatura, se han realizado estudios en poblaciones de estudiantes de universidades privadas en la Ciudad de México y Puebla que nos permiten tener un panorama más claro de la situación de consumo de tabaco, alcohol y drogas en esa población. El estudio realizado por Pulido y Coronel (2012) con estudiantes de las carreras de Psicología y Ciencias de la Comunicación revela cómo ha ido incrementando el consumo de alcohol y drogas en la población de estas instituciones. En lo que respecta al consumo de alcohol, se identificó un aumento significativo tanto en la frecuencia de consumo como en las ocasiones en que los jóvenes llegan a la intoxicación.

Las creencias y actitudes más tolerantes hacia la violencia constituyen también, uno de los factores de riesgo para la ocurrencia del maltrato en la pareja pues la mayoría de las jóvenes que son víctimas de violencia sexual (46%) no buscan ayuda porque consideran que "no tiene importancia" o que "es normal en una relación de noviazgo". Es decir, en algunos casos no perciben, por ejemplo, las tácticas sexuales coercitivas como problemáticas (Cortés et al., 2013).

En cuanto a los factores de protección, éstos incluyen las situaciones de la vida de las personas que los hacen menos vulnerables a sufrir violencia en sus relaciones de pareja.  Al respecto Ramírez y Nuñez (2010) mencionan que el nivel de escolaridad puede ser una variable importante para reducir el impacto en la aceptación de la violencia en la pareja “pues a medida que aumenta el nivel educativo, se incrementa también el grado de asertividad y disminuye el de abnegación, reduciéndose también los escenarios que generan agresividad” (p. 281). Hay datos de otras investigaciones en las que se hace evidente una asociación negativa entre los tres tipos de violencia, pero principalmente la física, y el nivel de escolaridad: a mayor escolaridad, menos manifestaciones de violencia (Ramírez & Núñez, 2010).

Otro factor de protección se encuentra principalmente en la familia (Chávez, 2013). Villatoro, Andrade, Fleiz,  Medina-Mora, Reyes y Rivera (1997) refieren investigaciones que realizan una amplia revisión de la influencia de la familia en la vida de los adolescentes. De ellas se deriva que el  ajuste social y emocional de los adolescentes es mejor cuando sus familias son cohesivas, expresivas, organizadas y fomentan la independencia de sus miembros. Los datos destacan dos hechos importantes: a) una comunicación eficaz en la familia es un determinante crucial para el bienestar de los adolescentes, b) experimentar  afecto y cercanía en las familias propicia una menor probabilidad de que los adolescentes sean influenciados por su grupo de amistades y se involucren en problemas de conducta. De tales hallazgos se esperaría que una relación famiiar que proporciona ambientes con las características antes señaladas podría estar asociada con una menor presencia de violencia y un menor consumo de sustancias.

También en México se han observado empíricamente pruebas del impacto de la familia en el desarrollo psicosocial del individuo. La familia es el principal medio por el cual se transmiten los valores, la cultura, las formas de ser, así como la forma de pensar y actuar. Las cifras de la ENVINOV permiten observar que la transmisión de la cultura de una generación a otra, es quizá el aspecto más importante que caracteriza a la violencia en las relaciones de noviazgo (Instituto Mexicano de la Juventud, 2008), por lo que la familia puede fungir como un factor de protección para que los jóvenes no permanezcan en relaciones donde hay violencia.

Es importante señalar que la presencia del maltrato durante el noviazgo  prepara el camino para un futuro marcado por la violencia conyugal con expresiones cada vez más severas (Espinosa, 2010).  Conocer la dinámica de la violencia en el noviazgo permitirá desarrollar estrategias que ayuden a los jóvenes a identificar y afrontar de una mejor manera la violencia en sus relaciones amorosas en su vida presente y futura.

Los jóvenes universitarios particularmente se encuentran en posibilidad de establecer relaciones amorosas más perdurables y se supondría que en ellas no se encontrarían manifestaciones violentas, principalmente porque se considera un grupo de menor riesgo de padecer violencia en el noviazgo debido al nivel de estudios. No obstante hay evidencia de que ello no ocurre necesariamente así, pero tampoco se tienen suficientes datos de cómo en esta población con menor riesgo se manifiestan y relacionan otros factores que probabilicen la violencia. De ahí surge la importancia de conocer cómo es que algunos elementos identificados como factores de riesgo y de protección influyen en la presencia de violencia en el noviazgo para poder incidir en ellos de manera que ésta se reduzca. 

Por lo anterior el objetivo de esta investigación consistente en identificar si existe relación entre la violencia en el noviazgo, el ambiente familiar y el consumo de sustancias (alcohol, tabaco y drogas) en estudiantes universitarios.

Las hipótesis que condujeron este estudio son las siguientes.

H1: El ambiente familiar negativo tendrá relación con la presencia de violencia sufrida en las relaciones de noviazgo de los estudiantes universitarios.

H2: El consumo de sustancias como tabaco, alcohol y drogas se encuentra relacionado con la presencia de violencia sufrida en las relaciones de noviazgo de los estudiantes universitarios.

H3: El ambiente familiar negativo estará relacionado con un mayor consumo de sustancias en los estudiantes universitarios.

 

2.Método

a) Diseño

Se realizó un estudio transversal, no experimental, correlacional.

b) Muestreo

Se tomó una muestra no probabilística aleatoria conformada por 102 alumnos de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala (31.37% hombres, 68.63% mujeres) que cursaban el 2º semestre de las licenciaturas de Psicología, Medicina y Odontología y que hubieran tenido una relación de pareja en los últimos 12 meses.

c) Instrumentos

·         Escala de Ambiente Familiar (Villatoro et al., 1997) que determina la relación filial del individuo. Está constituida por 43 afirmaciones con una escala tipo Likert del 1 al 4, donde 1 corresponde a Casi Nunca y 4 a con Mucha Frecuencia. Los reactivos se dividen en cinco categorías: Comunicación del Hijo, Apoyo Cotidiano del Hijo, Comunicación de los Padres, Apoyo de los Padres y Hostilidad y Rechazo.

·         Cuestionario Maltrato en el Noviazgo (Osorio et al., 2012). Contiene tres secciones: la primera esta conformada por 54 ítems en Escala Likert en donde 1 significa Nunca y 5 significa Siempre.  La segunda contiene ocho afirmaciones en Escala Likert donde 1 es Completamente en Desacuerdo y 5 Completamente de Acuerdo. En la tercera se presentan 4 preguntas de opción múltiple dirigidas a conocer su entorno familiar, cuyas opciones de respuestas son “Sí”, “No” y “No sé”. Evalúan los tipos de violencia sufrida: física, psicológica, sexual, económica e influencia sociocultural. Esta última no se consideró para el presente estudio.

·         Instrumento “¡Cuéntanos cuánto!” (Pulido & Coronel, 2012). Explora y  valora la frecuencia de consumo de tabaco, alcohol y drogas, Consta de once reactivos tipo Likert:  tres para el consumo de tabaco, seis para alcohol y dos más para drogas. También se incluyó una pregunta abierta para explorar el tipo de drogas consumidas, la cual sustituyó a la tabla que aparece en el instrumento original donde se enlistan distintas drogas para que los participantes indiquen si las consumen y con qué frecuencia.

d) Procedimiento

Se aplicaron los instrumentos a 102 estudiantes de licenciatura: 36 de la licenciatura en  psicología (11 hombres y 25 mujeres), 34 de medicina (12 hombres y 22 mujeres) y 32 de odontología (9 hombres y 23 mujeres), con una edad media de 19 años 2 meses. Se entró en contacto con diversos profesores de las licenciaturas a quienes se les explicaron los objetivos de la investigación y se les solicitó autorización para que disponer de un tiempo de sus asignaturas para la aplicación de los instrumentos. Una vez concedida ésta, a sus alumnos se le invitó a participar de manera voluntaria  y confidencial. A quienes aceptaron se les pidió que firmaran un consentimiento informado y a continuación se les proporcionaron los instrumentos, proporcionándoles las instrucciones necesarias para contestarlos. La aplicación de los instrumentos se realizó en una sola sesión, de duración aproximada de una hora, de manera colectiva en el salón de clases de cada grupo de cada una de las licenciaturas.  Posteriormente, la información obtenida se analizó utilizando el paquete estadístico SPSS versión 22. Se obtuvieron puntuaciones medias y desviación estándar y se utilizaron los análisis de prueba t para muestras independientes para los análisis de diferencia por género, prueba ANOVA y prueba post hoc de Scheffe para encontrar diferencias significativas entre carreras, y correlaciones de Pearson para identificar relaciones entre las variables estudiadas.

 

 

3. Resultados

Al analizar los datos obtenidos en cada subescala de la Escala de Ambiente Familiar, se obtuvieron los datos mostrados en la Figura 1. Las puntuaciones más altas se presentan en el factor de “Hostilidad y rechazo”. Los factores de “Apoyo de los padres” y “Comunicación del hijo” tienen puntuaciones muy similares entre sí. El factor con puntuación más baja fue “Apoyo cotidiano del hijo”.

 

Figura 1. Puntuaciones medias obtenidas en la Escala de Ambiente Familiar

 

Para identificar si existía diferencia entre hombres y mujeres en los puntajes obtenidos en la Escala de Ambiente Familiar se utilizó una prueba t para muestras independientes. No se encontraron diferencias significativas entre los grupos (“Comunicación del hijo” t= -.832, p= .402; “Apoyo cotidiano del hijo” t= .288, p= .774; “Comunicación de los padres” t= -1.281, p= .203; “Apoyo de los padres” t= -.722, p= .472; “Hostilidad y rechazo” t= -.242, p= .809)

 En la Tabla 1 se muestran los puntajes medios obtenidas en cada subescala por los estudiantes de las tres carreras que participaron en el estudio. Se puede distinguir que la carrera de Odontología es la que obtuvo mayores puntajes en las subescalas de “Comunicación del Hijo”, “Apoyo Cotidiano del Hijo” y “Apoyo de los Padres”, mientras que la carrera de Medicina obtuvo los puntajes más altos en las subescalas de “Comunicación de los Padres” y “Hostilidad y Rechazo”. Para determinar si en los resultados obtenidos en esta escala existían diferencias entre grupos de acuerdo con la carrera que cursan los participantes, se realizó una prueba ANOVA en la que se encontró diferencia significativa entre grupos únicamente en la subescala “Comunicación del Hijo”. Posteriormente se realizó la prueba post hoc de Scheffe con lo que se encontró que dicha diferencia estaba entre la carrera de Psicología y Odontología (p =0.038). 

 

Tabla 1. Puntajes medios obtenidos en la Escala de Ambiente Familiar por carrera

 

Psicología

Medicina

Odontología

F

p

Comunicación del hijo

23.64

25.24

27.91

3.42

0.036

Apoyo cotidiano del hijo

22.72

22.44

23

0.278

0.758

Comunicación de los padres

29.14

30.47

29.88

0.658

0.521

Hostilidad y Rechazo

36.69

37.65

37.56

1.329

0.269

Apoyo de los padres

24.56

25.32

25.75

1.207

0.303

Nota: F= valor de ANOVA; p = significación

 

Para el Cuestionario de Maltrato en el Noviazgo, se analizaron cada una de las dimensiones y se obtuvieron los datos mostrados en la Figura 2. Se puede observar un predominio de violencia psicológica en la muestra estudiada y en menor grado se presentan la violencia psicológica y la sexual, con puntuaciones muy semejantes. La violencia económica fue la que obtuvo los menores puntajes.

 Para la violencia física se obtuvo una M=10.36 (DT=2.57), indicando mayor presencia de casos con bajo puntaje de violencia física. En la violencia psicológica, se encuentran más individuos con bajo puntaje pues se obtuvo una M=36.85 (DT=10.31). Para la violencia sexual, la M=11.23 (DT=12.43), lo que muestra mayor número de casos con un bajo nivel de violencia sexual. En lo que toca a la violencia económica, se obtuvo M=7.68 (DT=1.99), lo que indica que son más los casos que reportan un bajo nivel de este tipo de violencia. Finalmente, en el puntaje total de la escala de violencia, se obtuvo M=66.12 (DT=14.67), lo cual refleja que hay más casos con bajo puntaje .

 

Figura 2. Puntuaciones medias obtenidas para las dimensiones del Cuestionario de Maltrato en el Noviazgo

 

Se realizó la prueba t de student para muestras independientes con el propósito de determinar si existían diferencias significativas entre hombres y mujeres en lo que respecta a las distintas dimensiones de violencia. Se encontró que únicamente en la dimensión de Violencia Física había diferencias significativas en los puntajes reportados por hombres y mujeres (t =2.057, p =.042), siendo los hombres quienes reportaron mayor violencia física sufrida (11.13) que las mujeres (10.01). También se realizó un ANOVA para determinar si existían diferencias significativas entre las tres carreras y la violencia reportada, sin embargo, no se encontraron diferencias significativas (Violencia física, F= .245, p= .783; Violencia psicológica, F= .557, p= .575; Violencia sexual, F= .293, p= .746; Violencia económica, F= .293, p= .746; Violencia total, F= .525, p= .593).

Para el cuestionario ¡Cuéntanos Cuánto!, los datos obtenidos se muestran en la Figura 3. Las puntuaciones obtenidas indican que la sustancia más consumida es el alcohol, casi cinco veces más que el tabaco; y en menor proporción las drogas. Atendiendo al porcentaje de participantes que ha consumido dichas sustancias, se obtuvo que el 66.7% de la muestra consume tabaco, mientras que los que consumen alcohol equivalen al 93.1% y el porcentaje de participantes que han consumido alguna droga es del 27.4%.

 

Figura 3. Puntuaciones medias obtenidas para el Cuestionario ¡Cuéntanos Cuánto!

 

Se realizó una prueba t para muestras independientes con el objetivo de encontrar si existían diferencias significativas entre el consumo de sustancias  entre hombres y mujeres. Se encontró que únicamente existe diferencia significativa en el consumo de drogas (t = 4.047, p =.000) entre lo reportado por hombres (6.31) y mujeres (2.61).

Con el objetivo de conocer si existían diferencias entre las distintas carreras en el consumo reportado de sustancias, se utilizó una prueba ANOVA en la que se encontraron diferencias significativas entre grupos para las tres sustancias. Como se puede observar en la Tabla 2, la carrera de Psicología fue la que obtuvo las puntuaciones medias más altas en las tres sustancias que abarca el cuestionario. Un análisis post hoc mostró diferencias entre la carrera de Psicología y la de Medicina en lo que respecta al consumo de tabaco (p =.038), alcohol (p =.006) y drogas (p =.016). Hubo diferencia significativa entre la carrera de Psicología y Odontología,  pero únicamente en relación con el consumo de drogas (p =.000). 

 

 

Tabla 2. Puntajes medios obtenidos en el Cuestionario ¡Cuéntanos Cuánto! por carrera

 

Psicología

Medicina

Odontología

F

P

Tabaco

5.97

3.82

5.34

3.53

0.033

Alcohol

31

23.47

25.84

5.56

0.005

Drogas

6.11

3.12

1.84

9.072

0

Nota: F = valor de ANOVA; p = significancia

 

Posteriormente, se analizó si existían correlaciones entre las puntuaciones obtenidas en los tres instrumentos. De acuerdo con los resultados obtenidos, no se encontraron correlaciones significativas entre las diferentes subescalas del instrumento de Ambiente Familiar y los diferentes tipos de Violencia en el noviazgo en ninguna de sus dimensiones.

A pesar de lo anterior, se encontraron correlaciones significativas entre la Escala de Ambiente Familiar y el cuestionario sobre consumo de sustancias, así como entre este último y el Cuestionario de Maltrato en el Noviazgo. Los valores significativos obtenidos se presentan en la Tabla 3.

 

Tabla 3. Correlaciones entre Consumo de sustancias, Ambiente Familiar y Violencia en el noviazgo

 

Tabaco

Alcohol

Ambiente Familiar

r

p

r

p

       Apoyo cotidiano del hijo

-0.276

0.005

-

-

       Hostilidad y Rechazo

0.254

0.01

0.218

0.028

Violencia

r

p

r

p

       Violencia Sexual

0.217

0.029

-

-

Nota: r = valor de correlación; p = valor de significancia. Los espacios con guión dentro        
de la tabla se deben a que no se obtuvieron correlaciones significativas.

 

En cuanto a las correlaciones de Pearson entre las subescalas de Ambiente Familiar y el consumo de sustancias, se encontró una correlación negativa débil entre la subescala Apoyo Cotidiano del Hijo y consumo de tabaco, señalando que el apoyo cotidiano del hijo está inversamente relacionado con el consumo de tabaco. También se encontró una correlación positiva débil entre la subescala de Hostilidad y Rechazo y el consumo de alcohol, y entre esta misma subescala (HyR) y el consumo de tabaco. Esto quiere decir que entre menor sea el nivel de hostilidad y rechazo en la familia, menor será el consumo de tabaco y de alcohol.

Al realizar el análisis de correlación entre los tipos de violencia y el consumo de sustancias, se encontraron únicamente correlaciones en el caso de los hombres entre en el consumo de tabaco y la violencia sexual (r=.406, p=.021) y entre la violencia económica y el consumo de tabaco (r=-.391, p=.027).

Dependiendo de la composición familiar en la que viven los jóvenes, es decir, si viven con uno o ambos padres, se buscó si existían diferencias significativas entre los puntajes relacionados con la Escala de Ambiente Familiar, Tipos de Violencia y Consumo de sustancias. Se encontraron diferencias significativas únicamente en el caso de la escala de Ambiente Familiar, las cuales se muestran en la Tabla 7. En cuatro de las subescalas se encontraron diferencias significativas entre el grupo que vive con ambos padres y el que vive solamente con uno de ellos.

 

Tabla 7. Diferencias entre grupos por composición familiar para la Escala de Ambiente Familiar

 

CH

ACH

CP

HR

AP

Ambos

26.55

23.01

29.87

37.72

25.52

Sólo 1

23.05

21.48

29.99

36.29

23.71

t

2.09

2.005

-0.027

2.263

2.606

P

0.039

0.038

0.978

0.026

0.011

Nota: t = t de Student; p = significancia. CH = Comunicación del Hijo; ACH = Apoyo Cotidiano del Hijo; CP = Comunicación de los Padres;  HR = Hostilidad y Rechazo; AP = Apoyo de los Padres.

 

Además, tomando en cuenta la composición familiar, se analizó si existía correlación entre los puntajes obtenidos para Ambiente Familiar, Violencia en el Noviazgo y Consumo de sustancias. Los resultados reflejan que el hecho de vivir con un solo padre potencializa que exista una correlación negativa entre la Violencia Total y la Violencia Psicológica con los puntajes obtenidos en la subescala de Apoyo de los Padres (r= -.458, p=.037; r= -.498, p=.022, respectivamente). Cuando se vive con ambos padres,  la violencia sexual se relaciona negativamente con las subescalas Comunicación del Hijo (r= -.256, p=.031) y Apoyo de los Padres (r= -.235, p=.048).

El consumo de sustancias, específicamente tabaco y drogas, se asocia únicamente con el hecho de vivir con ambos padres. La Hostilidad y Rechazo se asocia de manera negativa con el consumo de tabaco (r=-.284, p=.016), y el Apoyo Cotidiano del Hijo se relaciona negativamente con el uso de drogas (r=-.235, p=.049).

El hecho de que los estudiantes tengan una vida sexual activa o no podría repercutir en la Violencia, el Ambiente Familiar y el Consumo de sustancias. Al respecto se encontró que esa condición incidió únicamente con el consumo de sustancias. Este consumo es mayor para el caso del tabaco y las drogas en los estudiantes con vida sexual activa en relación a los que no la tienen (t =2.086, p= .04; t =2.741, p= .007, respectivamente).

Se indagó si la vida sexual activa propicia alguna relación entre las variables evaluadas, encontrándose que sólo aquellos jóvenes que reportaron tener relaciones sexuales y consumir tabaco presentaban correlaciones con la violencia física (r= -.268, p=.031) y con algunos factores de Ambiente Familiar: el Apoyo Cotidiano del Hijo (r=-.302, p=.015) y con la Hostilidad y Rechazo (r=-.282, p=.023).

Se exploró si el tiempo de la relación de pareja tenía algún efecto en las variables evaluadas. Se ubicaron a los participantes en cuatro rangos de tiempo: 1 a 6 meses, 7 a 12 meses, 13 a 24 meses, más de 24 meses. Al explorar los puntajes de violencia en cada uno de esos rangos no se encontraron diferencias significativas pero sí se hallaron diferencias significativas en el consumo de sustancias entre los participantes que llevaban entre 1 y 6 meses de relación con los que tenían de 13 a 24 meses en cuanto al consumo de tabaco (Scheffe= 0.056). También se encontraron diferencias entre quienes tenían una relación entre 13 a 24 meses y quienes tenían una relación de más de 24 meses en el consumo de drogas (Scheffe=0.015).

Por otro lado, en la Tabla 8 se muestran las correlaciones encontradas entre el Ambiente Familiar, la Violencia y el Consumo de sustancias por rangos según la duración de su relación de pareja. Se puede apreciar que es en los grupos de 7 a 12 meses y de 13 a 24 meses donde se encuentra un mayor número de correlaciones. En el caso del grupo de 7 a 12 meses, se puede apreciar que el ambiente familiar y la violencia son las variables que más correlaciones presentan, mientras que en el caso del grupo de 13 a 24 meses es el consumo de drogas el que se relaciona con distintos tipos de violencia.

 

Tabla 8. Correlaciones entre el ambiente familiar, los tipos de violencia y el consumo de sustancias por grupos según la duración de la relación de pareja.

Duración

Correlación

r

1 a 6 meses

CH y Alcohol

**-0.424

7 a 12 meses

CH y V. Física

*-0.589

CH y V. Sexual

*-0.575

AP y V. Sexual

*-0.562

ACH y Drogas

**-0.684

HyR y Drogas

**-0.675

 

Alcohol y V. Física

*-0.561

13 a 24 meses

V. Sexual y AP

*0.570

V. Psicológica y Drogas

*0.589

V. Sexual y Drogas

*0.591

V. Total y Drogas

*0.601

CH y Drogas

*-0.597

más de 24 meses

Tabaco y ACH

*-0.389

                        Nota: r= valor de correlación.

 

Se realizó también un análisis por sexo entre el Consumo de sustancias y el Ambiente Familiar, el cual reveló que el Consumo de drogas en los varones se asocia de manera negativa con la Hostilidad y Rechazo y con el Apoyo Cotidiano del Hijo (r= -.473, p=.006; r= -.434, p=.013, respectivamente). En tanto que en las mujeres, el Consumo de tabaco se asocia de manera negativa con la Comunicación del Hijo y el Apoyo Cotidiano del Hijo (r= -.253, p=.034; r= -.260, p=.03, respectivamente).

 

 

4. Discusión

Después de revisar los resultados obtenidos, se puede observar que, en lo que respecta a la Escala de Ambiente Familiar, no se encontraron correlaciones con las dimensiones de violencia, ni con la violencia total sufrida en el noviazgo reportada por los participantes. Es importante considerar que el hecho de no haberse encontrado correlaciones entre los resultados obtenidos en ambos instrumentos puede ser indicador de que un ambiente familiar positivo, como el reportado por la mayor parte de los participantes, funcionaría como un factor de protección que evite que los jóvenes sean víctimas de violencia por parte de sus parejas, como lo menciona Chávez (2013).

En este estudio se encontró que la violencia reportada con mayor frecuencia es la violencia psicológica, seguida por la violencia sexual y violencia física, ambas con valores similares y, en último lugar, la económica. Estos resultados coinciden con lo encontrado por Osorio et al. (2012)  acerca de que la violencia psicológica es la reportada con mayor frecuencia, seguida de la sexual y física, quedando en último lugar la económica. Sin embargo, difiere de lo encontrado en la ENVINOV 2007, donde se menciona que en primer lugar prevalece la violencia emocional, en segunda lugar la violencia física y en tercero, la sexual. Esta última parece haber incrementado con relación a las otras. Esto sugiere que existen cambios en el comportamiento de las nuevas generaciones de jóvenes, en particular en lo que se refiere a la violencia sexual.

Algo que podría explicar los cambios en los resultados es el hecho de que actualmente se habla más del tema de la sexualidad con respecto a años anteriores y que, por lo tanto, también se le da mayor atención a este tipo de violencia lo cual podría explicar el cambio de orden de aparición de los diferentes tipos de violencia encontrada como ya se describió anteriormente, sin embargo esto habrá de indagarse de manera más profunda.

Si se toma en cuenta que no se presentaron diferencias por sexo en la violencia general, ni en los tipos de violencia, exceptuando la física, ello podría sugerir cambios en los valores de los jóvenes, o bien tomar con reserva estos datos y continuar indagando la existencia de nuevas  formas de conceptualizar la violencia, ya que, según Rojas (2013), la violencia se relaciona con la “adscripción a roles de género” tradicionales, lo cual es ejemplificado por el estudio realizado por Sears (2001, en Rey, 2008), donde se encontró que en el caso de los hombres, se ejerce con el fin de reafirmar su masculinidad y, en el caso de las mujeres, como parte de la búsqueda de equidad. La violencia está estrechamente vinculada con valores, normas y prácticas culturales que respaldan la idea de que los hombres son superiores a las mujeres y tienen derecho a controlarlas, incluso en su sexualidad. Para muchos hombres el uso de violencia es parte de su sentido de masculinidad y la violencia sexual es una manera en que los hombres pueden reforzar y perpetuar su masculinidad jerárquica y por parte de las mujeres puede formar parte del ideal de pareja que se fomenta en la cultura en donde se normaliza el someterse ante la pareja, se difunde la idea del amor incondicional y de la aceptación total hacia la pareja.

Lo encontrado en el presente estudio en materia de consumo de sustancias coincide con lo que Pulido y Coronel (2012) reportaron en su estudio realizado con estudiantes universitarios. Aunque los porcentajes de participantes que han consumido estas sustancias varían de un estudio a otro, el alcohol permanece como la sustancia más consumida, seguida del tabaco y, por último, las drogas.

Este es un tema a considerar pues según Rojas (2013), el consumo de sustancias está relacionado con la conceptualización que se tiene de la violencia, y en el caso del presente estudio, un dato interesante es el relativo a la correlación encontrada entre el consumo de tabaco y la violencia sexual en el noviazgo: es la única sustancia cuyo consumo se relacionó con la presencia de algún tipo de violencia. Este resultado concuerda con lo reportado en la ENVINOV 2007, donde se encontró que el consumo de tabaco estaba relacionado con mayor prevalencia en la violencia sexual en mujeres y con lo reportado por Rivera, Allen, Rodríguez, Chávez y Lazcano (2006), quienes reportan que las adolescentes que fuman uno o más cigarrillos al día tienen mayor probabilidad de ser víctimas de violencia durante el noviazgo en comparación con las no fumadoras. Además, si se toma en cuenta que las mujeres son más victimizadas en el aspecto sexual que los hombres (Rey, 2008), se podría tener una idea del por qué únicamente en su caso se encontrara una correlación de este tipo de violencia.

Por último, se encontraron correlaciones entre consumo de tabaco y de alcohol con la hostilidad y rechazo indicando que a mayor presencia de estas últimas en las relaciones familiares de los jóvenes, menor será el consumo de tabaco y alcohol por parte de éstos. Esto coincide con lo encontrado en otras investigaciones (Ruíz & Ruíz, 2011; Martínez & Robles, 2001) acerca del papel de la familia como factor de protección para evitar el consumo elevado de estas sustancias en los jóvenes y con Rojas (2013), quien afirma que la transmisión intergeneracional puede explicar la violencia y por tanto,  la familia en este caso, es factor protector de violencia pues se ha observado que cuando en las relaciones familiares abundan las discrepancias y los conflictos, los jóvenes recurren al consumo de sustancias.

En otros estudios realizados (Rey, 2008) se ha encontrado que los jóvenes que tienen relaciones de noviazgo violentas pueden también estar involucrados en otras problemáticas como lo son la ingesta de bebidas alcohólicas, el consumo de drogas y conductas sexuales riesgosas. De acuerdo a lo investigado por Rivera et al. (2006), los jóvenes con comportamientos riesgosos como el tabaquismo y el consumo de alcohol son más propensos a estar involucrados en otras conductas peligrosas entre las que se incluye ser víctimas o ejercer violencia de diferentes tipos.

Limitaciones

En cuanto a los problemas metodológicos, es preciso mencionar que la aplicación de los cuestionarios en este estudio se llevó a cabo en salones reducidos, por lo que los participantes estaban muy cerca unos de otros al momento de contestar y esto pudo afectar sus respuestas debido a la deseabilidad social que, según Rojas (2013), es un factor sumamente importante para los estudios cuantitativos, pues entre las críticas que sobresalen al uso de los autoinformes se encuentra la alta deseabilidad social de las respuestas, tanto de hombres como de mujeres, en un tema delicado como la pareja (De las Cuevas & González de Rivera, 1992, en Rojas, 2013), sin olvidar la culpabilización, negación o minimización de las conductas violentas.

Otro punto que resulta importante destacar es el tamaño de la muestra empleada, la cual estuvo conformada por 102 participantes. Debido a que se trató de una muestra no probabilística, las características como edad y sexo no tienen una distribución normal, por lo que los resultados de este estudio no serían fácilmente generalizables a otras poblaciones.

Futuras líneas de investigación

Como se comentó anteriormente, uno de los puntos a considerar en investigaciones futuras es si el nivel académico influye en la presencia de violencia en el noviazgo y que, por lo tanto, la presencia de violencia en el noviazgo sea menor cuando el nivel de estudios es mayor, pues según un estudio realizado por  Ramírez y Núñez (2010), una variable que puede ser importante para reducir el impacto de la aceptación de la violencia en la pareja es el nivel de escolaridad. Estos datos complementan los obtenidos por Flores y Aguilar (1998, en Ramírez y Núñez, 2010), quienes encontraron que la escolaridad desempeña un papel importante, al aumentar el grado de asertividad y disminuir el de abnegación. Esta es una posibilidad que tendría que estudiarse a detalle en investigaciones posteriores que comparen estudiantes de diversos niveles educativos.

Otro punto a considerar en futuras investigaciones es el hecho de que en muchas ocasiones los jóvenes, tanto hombres como mujeres, que sufren violencia en sus relaciones no la perciben como tal. Así pues se debería explorar también la percepción y /o concepciones que tienen los jóvenes sobre lo que es violencia en general y en las relaciones de noviazgo en particular, pues de acuerdo a lo encontrado en la investigación llevada a cabo por Ramírez y Núñez (2010), existe la posibilidad de que las mujeres perciban la violencia como algo intrascendente y, por tanto, no sea reportada.

En la actualidad es posible que los jóvenes se encuentren en la transición entre las ideas tradicionales y otras más modernas en relación con el ideal de la pareja y su papel dentro de ella, lo cual podría no perpetuar relaciones armoniosas o más propensas a mostrar conductas violentas. Esto puede verse reflejado en el hecho de que no se encontraron diferencias significativas por género sobre la violencia sufrida. De ahí que habrá que explorar más detenidamente si en los jóvenes han cambiado estos valores y normas y se están dejando de perpetuar los esquemas de violencia donde el hombre ejercía más violencia sobre la mujer.

En cuanto a la relación encontrada entre la violencia sexual y el consumo de tabaco, habría que indagar por qué esta asociación es más significativa que la asociación alcohol-violencia, dado que ésta es más reportada y tiene elementos sociales y biológicos que la mantengan, en tanto que la asociación tabaco-violencia no resulta tan clara y evidente.

 

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