Psicología y Educación Integral A.C. 
Revista Internacional PEI: Por la Psicología y Educación Integral
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Volumen I. Número I. Julio-Agosto 2011
 
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IBSN: Internet Blog Serial Number 2010-07-01-00

DEL ORIGEN DE LA FAMILIA A LA CRISIS DE LA FAMILIA PATRIARCAL.

José Manuel Bezanilla[1], Ma. Amparo Miranda[2]

Universidad del Valle de México, Universidad Iberoamericana

Psicología y Educación Integral A.C.

Grupo Interdisciplinario de Investigación en Ciencias Sociales

Resumen

En el presente realizaremos un recorrido sobre los orígenes y transformaciones que ha sufrido la familia tanto de modo general como en México. Partiremos de la revisión de algunos textos que explican los orígenes de la familia como un grupo social y cómo es que este se va sofisticando por motivos económicos y políticos hasta tornarse en una organización fundamentalmente patriarcal. Realizaremos un breve recorrido histórico en torno a la organización y evolución de la familia en México, desde los tiempo prehispánicos hasta la primera mitad del siglo XX, a partir del cual podremos observar que tanto a nivel global como nacional comienza a ponerse en tela de juicio la organización familiar patriarcal, el fracaso de los intentos por la nuclearización de la familia mexicana y la necesidad de abrir nuevas líneas de debate e investigación teórico metodológicas para poder abordar las nuevas realidades de organización familiar, ya que las presentes hasta la fecha no son lo suficientemente potentes ni explicativas.

Palabras clave: familia, origen de la familia, patriarcado, posmodernidad, modernidad líquida.

Abstract

In this make a tour of the origins and transformations undergone by the family both in general and in Mexico. Based on a review of some texts that explain the origins of the family as a social group and how this is going sophisticated economic and political reasons to turn into a fundamentally patriarchal organization. Take a brief historical overview about the organization and evolution of the family in Mexico since pre-Hispanic times through the first half of the twentieth century, from which we can see that both global and national level begins to be questioned patriarchal family organization, the failure of attempts by the nuclearization of the Mexican family and the need to open new lines of theoretical and methodological debate and research to address the new realities of family organization, and that these so far are not sufficiently strong or explanatory.

Keywords: family, home of the family, patriarchy, postmodernism, liquid modernity.

 

El origen de la familia: breve perspectiva histórica.

Desde mediados del siglo XIX, tanto en la filosofía (e.g. Rousseau, 1762) como en las ciencias sociales (e.g. Herder , 1785; Comte,1830) existía el consenso general de que el modelo universal de familia era el nuclear, siendo el matrimonio monogámico el único reconocido.

Con la publicación del texto de Bachofen El derecho materno en 1861, se abre la posibilidad de explorar otras realidades, especialmente con los planteamientos innovadores sobre el origen de la familia, referentes al “heterismo”, considerándolo como un estado de promiscuidad sexual en el que sólo era posible reconocer la filiación materna, dado que les era imposible ubicar la paternidad. De ahí que la organización familiar se fundamentara en el “derecho materno”, donde la organización familiar y de los grupos giraba en torno al maternaje, ya que eran ellas las que daban origen a las nuevas generaciones.

Es a partir de lo anterior que se introduce tanto en el pensamiento científico como en el filosófico, la posibilidad de que el desarrollo de la humanidad y los grupos familiares haya sido variado y asincrónico, llegando a considerarlo como una manifestación de la evolución histórica de los grupos culturales y sus instituciones.

Otro de los trabajos relevantes, lo desarrolló Lewis H. Morgan (1971) quien en 1877 y a partir de estudios minuciosos de las tribus iroquesas, muestra con gran claridad las diferencias de denominación de la parentela entre éstos y el sistema angloamericano. A partir de sus investigaciones, plantea una teoría de la evolución de los grupos familiares desde una perspectiva similar a la de Bachofen.

Morgan planteó ciertas características para los grupos familiares con base en la época y estadio del desarrollo. Así, en la época prehistórica, los hombres vivían en un estado de heterismo en el que las relaciones sexuales eran promiscuas, siendo la única forma de identificar filiación, la materna.

El siguiente punto de evolución de los grupos familiares, lo constituye la familia consanguínea. Ésta marca un punto de avance en la organización grupal, especialmente en lo referente al ejercicio de la sexualidad; se encontraba organizada en torno a círculos generacionales, lo que significa que las relaciones sexuales y la procreación sólo podía darse entre los miembros de la misma generación, es decir, entre hermanos.

Existía en la familia consanguínea, la promiscuidad sexual y prevalecía la filiación y el derecho matrilineal. Dentro de estos grupos, encontramos tres niveles de parentesco; los abuelos, los padres y los hijos; situación que seguramente marcaba toda una forma de organización de las relaciones, la división del trabajo, los roles y normas, siempre en torno a la supervivencia del grupo familiar.

El tercer estadio en la evolución de los grupos familiares, lo constituye lo que Morgan denominó la familia Punalúa, que presentaba un nivel más elevado de organización, ya que se caracterizaba por los matrimonios grupales, debido a que garantizaba la supervivencia del grupo familiar, prevalecía el derecho materno y quedaban excluidas las relaciones sexuales entre hermanos, por lo que los matrimonios se daban entre primos o entre personas que eran incorporadas al grupo.

Al respecto, aclaran Morgan y Engels (2006) que el desarrollo de los grupos familiares de ninguna forma fue lineal y consecutivo, sino que seguramente existieron muchas formas de organizaciones grupal-familiares intermedias, pero que muy probablemente desaparecieron por su poca funcionalidad y/o inviabilidad debido al deterioro genético por la no regulación de la sexualidad y la procreación, por lo que las evidencias que les llegaron a ellos (siglo XIX) y que nos transmiten, pertenecen a aquellos grupos que fueron más eficientes y pasaron la prueba del tiempo permitiéndoles dejar huella. Por su parte, Maine (1861) menciona que posterior a la etapa de promiscuidad, los grupos familiares se encontraban organizados con base en la ley del padre, siendo de esta manera que se dio la organización social vigente hasta los tiempos modernos.

El cuarto estadio en la organización del grupo-familiar los constituyen las Gens, siendo dentro de éstas donde se establece la primera restricción formal al ejercicio de la sexualidad, primero entre hermanos y posteriormente, entre cualquier tipo de familiares. Puedo ubicar que es en esta forma de organización donde se presenta la primera institucionalización, al establecer límites claros que diferencian a la familia nuclear del resto de la familia. Dentro de la primera, prevalece el derecho materno, pero a raíz de las restricciones sexuales, comienza a dificultarse el conseguir pareja por lo que comienza a establecerse el robo de mujeres.

Posterior al establecimiento de la Gen, se observa la Familia Sindiásmica. Mencionan que es en este tipo de organización que comienzan a establecerse relaciones monogámicas, en la que la infidelidad para los hombres estaba permitida mientras que era duramente penada para las mujeres.

Es en este punto donde comienza a establecerse el fin del derecho materno y la instauración del patriarcado. Mencionan los autores que este desplazamiento del derecho obedece más a fines económicos que de otro orden. Aclaran que fueron las mujeres quienes lo propiciaron, a partir de la especialización del trabajo con el surgimiento de la agricultura y la ganadería; ya que se consideraba establecido que cada quien era el dueño de sus herramientas y del producto del trabajo de ellas. En consecuencia, mientras las mujeres se quedaban dentro del hogar realizando trabajo doméstico, los hombres acumulaban riqueza a partir de los sobrantes de la producción agrícola y ganadera, por lo que comienzan a plantearse la pregunta ¿quién heredará mi riqueza cuando muera?

Es a partir de este momento que las mujeres ceden su estatus dentro del grupo, pretendiendo garantizar a los hombres la paternidad de sus hijos, para que de alguna manera, fueran éstos los herederos de la riqueza y posesiones del pater.

Comienza el establecimiento de familias nucleares pero, al ser altamente frágiles para la vida autónoma, continúan cohabitando con el grupo extendido de origen. Aquí se presenta otra transformación ya que la cohabitación pasó de la Gen materna a la paterna.

Posteriormente, se establece la Familia Monogámica, donde se obliga la fidelidad de los cónyuges, estableciéndose la indiscutibilidad de la “paternidad” lo que permite la herencia del “patrimonio”. En este tipo de grupo-familia, la mujer se encontraba esclavizada formando parte de la propiedad del “pater”. Mencionan Morgan y Engels que este tipo de grupo-familia era característico del imperio Romano, siendo aquí donde surge el concepto de “Familia”, derivado de “famulus” que hace referencia a los esclavos y posesiones que son propiedad del patriarca y cohabitan en la misma casa.

El trabajo de Morgan fue retomado por Federico Engels (2006), quien en 1884, presenta una reelaboración comunista siendo esto una obra que Marx dejó inconclusa. Lo valioso de esta aportación es la relación que hace del desarrollo de los modos de producción y trabajo con los miembros de la familia, destacando que a menor desarrollo y sofisticación del trabajo, mayor dependencia existirá de los vínculos de consanguinidad. Aclaró que conforme avanzaba la sofisticación de los medios de producción, colocando el valor del trabajo en personas fuera del círculo familiar, es que comienza la desaparición de la sociedad antigua, dando origen a la moderna, quedando en el núcleo de esta el capital y la propiedad sobre la pertenencia y la sangre.

Por su parte, Westermarck (Citado en López 1993) critica fuertemente la poligamia y la promiscuidad, mencionando que el matrimonio monógamo y la familia nuclear son la unidad primera para el desarrollo de la humanidad, es decir que los grandes grupos familiares se conformaban por pequeños grupos nucleares que mantenían redes de interacción y cooperación entre sí. Con respecto a la sexualidad, apoya la hipótesis de Morgan que sostiene que los grupos familiares que tuvieron mejores oportunidades de sobrevivir fueron los que mantuvieron un sistema de relaciones exogámico.

Boas (1964) menciona que el desarrollo de los grupos familiares más que encontrarse ligado al desarrollo de la cultura, lo hace al de la economía, de ahí que las organizaciones al interior de los grupos familiares tenga una estrecha relación con las actividades necesarias para la supervivencia, por lo que estas tenían interdependencia con las condiciones del ambiente.

Para los fines del presente, y sin importar si el desarrollo de los grupos familiares ha obedecido a un evolucionismo, leyes naturales o económico materialistas, me interesa rescatar que desde los más antiguos orígenes de la humanidad, siempre han existido grupos familiares, ya sean extensos con amplias redes de vínculos parentales, ya sean pequeños y nucleares que se asociaban con otros grupos familiares para sobrevivir; fundamentados en las leyes de la filiación materna o sobre una base patriarcal.

Vale la pena puntualizar que el planteamiento que mejor nos sirve para explicar nuestra postura aunque fuertemente criticado, es el de Morgan retomado por Engels, especialmente en la etapa que se refiere a la familia monogámica, ya que es en este momento cuando se establece el modelo de familia occidental que prevalece hasta nuestros días. Aquí marca Engels que se da el triunfo de la propiedad privada sobre la comunal, así como el cambio del estatus social de la función a la posesión.

Y es que es aquí donde se da la transformación de la organización comunitaria a la societal (Alvaro, 2010), ya que en la primera prevalecían las organizaciones con base en el parentesco, lo que propiciaba la conformación de grupos familiares amplios; mientras que la segunda favorecía la afirmación individual y la libertad de elección, por lo que propiciaba organizaciones familiares nucleares más o menos emancipadas del parentesco.

Desarrollo de la familia en México[3].

El apartado anterior habla del desarrollo histórico de la familia en general, mientras que en el presente nos enfocaremos en presentar un panorama general del proceso de la familia en México, partiendo de la época prehispánica a los albores del siglo XXI.

 

El grupo familiar en la época prehispánica

Siguiendo la lógica señalada, podemos observar que en el México Tenochtitlan y los pueblos que estaban bajo el dominio Nahua, las organizaciones familiares estaban constituidas a manera de Gens, ya que eran grupos amplios y extensos, que se organizaban con base en los vínculos de parentesco. Carrasco (1993 citado en Esteinou, 2008 y Carrasco, 1982) menciona que los hogares en el centro del país se encontraban conformados por un promedio de entre 6 y 8 personas con un porcentaje de entre 43 y 61 porciento de hogares conjuntos.

Estos hogares se encontraban organizados en torno a la figura del padre generalmente, ya que como lo demuestra Kellog (2005), el sistema de parentesco era bilineal, prefiriendo la patrilocalidad. En general, era posible encontrar que dos o más de los hijos habitaban en la misma localidad, y la familia funcionaba como una comunidad en su conjunto, ya fuese para la producción y/o para el consumo, ya que los hijos jóvenes recién casados se mantenían bajo la tutela del pater y no era sino hasta que demostraban su capacidad y valía para la comunidad que le eran asignadas tierras para su cultivo personal, pero siempre se encontraban circunscritas a las pertenecientes al grupo familiar, por lo que siempre se mantenían relaciones estrechas con la casa de origen y con las de otros parientes.

Dado que el ambiente en que se encontraban estos grupos familiares era duro y con fuertes demandas para la supervivencia, las relaciones entre los miembros del grupo familiar se enfocaban a fomentar y mantener la cohesión interna (López Austin, 1982 en Esteinou 2008), por lo que la sumisión u obediencia al jefe de familia era total; se encontraban perfectamente claras y definidas las normas, derechos y obligaciones. Esto se manifestaba especialmente en tono a un fuerte control moral sobre la sexualidad de los individuos, de ahí que se daba una importancia preponderante a la endogamia siempre con base en el arreglo de los padres mediado por una casamentera.

Los roles se organizaban claramente por sexo y edad, siempre bajo la autoridad de los jefes de la casa, por lo que no había espacio para que los jóvenes tomaran libres decisiones ya que éstas debían estar sometidas a los intereses y necesidades del grupo familiar y su comunidad circundante.

Otro elemento importante es el que se refiere a la responsabilidad en la crianza de los niños, porque como lo menciona Kellog (2005), ésta se encontraba a cargo del grupo familiar y de parentesco, ya que eran ellos los encargados de inculcar los valores culturales y morales a los infantes, por lo que las primeras experiencias de vida de los niños se encontraban circunscritas a un contexto grupal. La socialización era un asunto de todo el grupo familiar y la comunidad.

Con base en lo anterior, puedo mencionar que en la época prehispánica, las familias poseían una organización de grupos extensos que generalmente compartían la residencia y que mantenían fuertes vínculos de comunicación y cercanía con el resto de los grupos de parientes, de ahí que la vida familiar no era del orden de lo privado, sino que pertenecía a la lógica comunitaria, con una estructura de normas altamente rígida teniendo a la figura del jefe de familia como su representante y una dinámica de roles perfectamente definida.

Crisis y ruptura: Los grupos familiares con la conquista

La conquista se caracterizó por ser una época de desestructuración (Esteinou 2008) para los grupos familiares en Nueva España, y a pesar de las fuertes presiones a las que se vio sometida la familia indígena, ésta resistió y mostró signos de una importante capacidad de adaptación.

Menciona Esteinou que durante la conquista, se dio una importante disminución del tamaño de los grupos familiares indígenas. Esto lo atribuye al fuerte despoblamiento que se dio por dos fuertes epidemias que se dieron durante el siglo XVI y que arrasaron con el noventa por ciento de la población indígena, así como por las importantes migraciones a partir del esclavismo asociado a los latifundios creados por los conquistadores, lo que trajo como resultado la fragmentación de los hogares y un debilitamiento de las estructuras y normas que mantenían la cohesión y arraigo a la tierra que estaba presente en la familia prehispánica.

Orígenes distintos estructuras similares: La familia durante la colonia

Durante el periodo de la colonia (siglos XVI a XIX), se observó una importante disminución del tamaño de los grupos familiares (de 8 a 4 o 5 integrantes en promedio) indígenas, así como una creciente presencia de aquellos de otros tipos, como los de los peninsulares, criollos, mestizos y negros (Kellog, 2005 y Esteinou 2008).

Aunque el número de las familias indígenas se vio reducido, mantenían una lógica de organización y funcionamiento colectivo, siendo que incluso fue posible la observación del surgimiento de grupos de residencia multifamiliares, o lo que hoy se conoce como vecindades, en las que podían confluir pequeñas familias nucleares en un mismo predio a la usanza de los tiempos anteriores. Dicha lógica comunitaria se presentó en los grupos familiares de otros orígenes étnicos, así era posible observar que tanto las familias peninsulares como las mestizas y las negras, se organizaban en grupos extensos y complejos, en los que prevalecía aún un fuerte control de la parentela y la comunidad (aunque los códigos que seguían cada uno de los grupos familiares eran distintos).

Una de las características que se desarrollan en la época novohispana es el del familismo; esto gracias a las fuertes influencias y trabajo de la iglesia católica en el nuevo mundo para salvar las almas de los “sin razón” (Esteinou, 2008), que se manifestaba a través del fomento de la libre elección del cónyuge, sin dejar de lado del todo la influencia de los padres en el arreglo matrimonial, o como lo menciona Engels, se estaban sentando las bases del amor romántico burgués en la forma, fundamentado en los preceptos del Concilio de Trento y las Siete Partidas, pero sin dejar de lado los arreglos económicos que preveían las leyes españolas, mientras que en el fondo mantenía una estructura de relaciones de familia monogámica, totalmente patriarcal en la que tanto los hijos como la esposa se sometían e incluso pertenecían al padre, al grado de que la ley preveía que un hombre tenía el derecho de disciplinar a su mujer (y no se diga a los hijos) si lo consideraba conveniente, pudiendo privarla de la vida, siempre que hubiera vecinos que lo atestiguaran.

Las tendencias antes descritas se mantuvieron durante toda la época colonial y hasta la primera mitad del siglo XIX, siendo en este momento a partir de la guerra de reforma y el establecimiento de la constitución republicana, la instauración civil del contrato matrimonial partiendo de la elección personal y el establecimiento de la escuela como espacio para la educación de los hijos que se dieron las condiciones para la transformación de la lógica comunitaria a la societal dentro de los grupos familiares, dando paso a una separación nítida de los pequeños grupos nucleares, propiciando la intima domesticidad (Esteinou 2008), abriendo el camino al “amor romántico”, al cuidado esmerado de la niñez, y a la conformación del grupo familiar como un espacio afectivo más que de trabajo y económico.

En estos tiempos, aunque el Estado se construía como laico, los grupos familiares obedecían a una lógica católica biologisista (Idem.) sobre las diferencias de género, de ahí que la organización patriarcal presente en las épocas anteriores, continuara presente, por lo que los roles y las funciones se encontraban clara y rígidamente definidos. Así que los hombres construyeron un rol público y de proveedores, mientras que las mujeres enfocaron sus esfuerzos en roles privados y domésticos, orientados al maternaje y cuidado del marido.

La familia mexicana, modernidad y transición: 1900-1970

El siglo XX recibe a los grupos familiares mexicanos con fuertes contradicciones y divisiones, ya que en las zonas rurales, se conservaban costumbres coloniales, con base en un rígido patriarcado donde los padres en primera instancia y posteriormente la comunidad, tenían injerencia en la elección de la pareja y la celebración de los matrimonios y se tenía un respeto importante por los vínculos de parentesco.

Menciona Esteinou (2008) que además de las características mencionadas arriba, en las regiones urbanas, se establecen patrones de relación modernos, que posibilitan el establecimiento de grupos familiares pequeños y con ciertas características de nuclearización, pero que a pesar del establecimiento de estilos de vida modernos y una importante individualización de las personas, durante este periodo se mantuvo una importante organización con base en los vínculos de parentesco. De ahí que se mantuvieran fuertes tendencias familistas de lealtad y cohesión con una preponderancia del padre, pero con límites sobre las elecciones individuales.

Grupos Familiares hacia el nuevo siglo de 1970 al 2000

En estos tiempos y a partir de las transformaciones que se han dado dentro de la sociedad mexicana, Esteinou (Op cit.) menciona que los patrones de relación y estructuración de los grupos familiares sufrieron transformaciones importantes, especialmente y de manera mucho más clara el tipo de relaciones que se presentan al interior del grupo familiar, ya que aunque sigue presentándose una dinámica patriarcal, existe una fuerte presencia de equidad en cuanto a las tareas y obligaciones acompañada de una importante expresividad emocional y afectiva entre la pareja y los hijos, por lo que las diferencias de género –menciona la autora- no son una mera repetición de los patrones anteriores, ya que a partir de los nuevos contextos, las desigualdades son asimétricas y corresponden a arreglos específicos al interior de cada grupo familiar.

Dentro de este contexto, se presentan dos tipos de organización al interior de los grupos familiares: el primero, se refiere a mujeres que se han mantenido fuera del ambiente laboral, y han preferido dedicarse a las labores domésticas por elección, situación que marca un distanciamiento importante de los patrones más tradicionales, ya que a partir de esta elección, es que la mujer se posiciona de manera distinta en este rol, teniendo mucha más libertad en cuanto a sus decisiones en lo referente a la crianza de los hijos, su rol como madre y el ejercicio de su sexualidad.

Mientras que el segundo, se ubica con mujeres trabajadoras, con mayores niveles de escolaridad similares a los de sus parejas y que se encuentran con amplios márgenes de negociación en cuanto a la organización del trabajo, la manutención económica y el ejercicio de la sexualidad, lo que ha propiciado una mayor flexibilidad en los roles, creando la necesidad del ejercicio de roles funcionales más que sociales. Este tipo de relaciones se han vuelto más complejas y conflictivas, ya que se encuentran más abiertas a la racionalidad y el escrutinio, por lo que se encuentran mucho más expuestas a la redefinición, conflicto y ruptura.

Los puntos anteriores generan que los grupos familiares en los albores del siglo XXI, presenten dinámicas y formas de organización sumamente flexibles y líquidas (Bauman, 2002) , de ahí que los patrones de referencia y conceptuales clásicos no tengan suficiente potencia explicativa, por lo que sería necesario el desarrollo de nuevos conceptos y miradas teóricas que permitan una explicación y contextualización de estos grupo en las condiciones dadas, especialmente porque a pesar de las características de la época, se observa que las redes de parentesco siguen jugando un importante papel en la organización de los grupos familiares, que rebasan los núcleos residenciales y cohabitacionales, ya sea para el intercambio de bienes y socialización, o para la compartición de ayuda y sobrevivencia ante situaciones de marginación y pobreza.

La crisis de la familia patriarcal: situación actual.

Manuel Castells desarrolló un trabajo a finales del siglo XX (1995) que llamó “La era de la información: el poder de la identidad” en el que en su segundo volumen presenta un análisis sociológico de las condiciones que se articularon durante todo el siglo XX para propiciar la crisis del patriarcado, así como sus posibles consecuencias en la conformación de la personalidad individual, de ahí que en adelante me basaré en este trabajo para presentar un análisis de la situación presente de la familia mexicana, recurriendo a la actualización de las estadísticas presentadas por el autor (siempre que estén disponibles).

Menciona Castells que no es casual que desde los años 50´s y hasta la fecha, se haya venido presentando un enorme deterioro de las estructuras familiares como las hemos conocido. En la primera parte del presente, comprendimos que las estructuras familiares actuales son más bien productos artificiales de la organización económica en la que las personas han vivido para subsistir.

 

Actualmente, se observan una serie de fuerzas y condiciones que han posibilitado el recrudecimiento de la crisis patriarcal que Engels previó, pero como ya mencionamos, estas condiciones se encuentran muy alejadas de lo por él anhelado, ya que Castells menciona que esto se debe fundamentalmente a los procesos de ascenso de la economía informacional global, los cambios tecnológicos en la reproducción humana y el fuerte empuje de los movimientos feministas.

Menciona que en los últimos años del siglo XX –y la primera década del XXI-, se ha observado una profunda y abierta rebelión de la mujer contra la opresión masculina, además del impacto que ha tenido en las instituciones sociales, lo fundamental es el cambio de consciencia en la mujer, donde en un importante número de países (primero los industrializados pero cada vez más en los emergentes) las mujeres se asumen en igualdad de circunstancias y derechos a los hombres, especialmente en lo tocante al control sobre sus cuerpos y sus vidas, situación que definitivamente colapsa la estructura patriarcal de la sociedad actual. Esto es muy palpable en el incremento de las posibilidades de educación de la mujer[4], al tiempo que es necesaria la emisión de leyes que la protejan[5] contra la violencia masculina, producto de la ira de los hombres debido a la profunda herida generada por la pérdida de poder. En relación con esto y solo como un ejemplo, observamos un incremento en el número de sesiones psicoterapéuticas a víctimas de ataque sexual y sus familiares (4,559 en 1990 contra 8;735 en 1994)[6] en los centros de atención especializada de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal. También se vio un incremento en número de personas atendidas en inter-servicios en los centros de atención a la violencia intrafamiliar de la misma institución, donde en 1991 se atendió a 19,953 personas, mientras que en 1994 fueron 26.032[7] donde la mayoría fueron mujeres y niños.

 

Pero ¿cuáles son los elementos que muestran la crisis de la familia patriarcal? Uno de los principales es la disolución de hogares con parejas casadas, donde es posible percibir el debilitamiento de modelo de familia heredado, que se basaba el compromiso de largo plazo de sus miembros. Ello ha generado que con mayor frecuencia se conformen hogares monoparentales y unipersonales, que por lo general se encuentran encabezados por mujeres, lo que pone de facto fin a la autoridad de pater aun cuando esta estructura se reproduzca en el nuevo hogar[8]. En segundo lugar, se ha observado la agudización de la incompatibilidad entre matrimonio, trabajo y vida, por lo que se han presentado importantes retrasos en la edad de las personas que deciden convivir sin casarse.

En tercer lugar, se ha documentado una variedad creciente de estructuras de hogares diluyéndose del modelo ideal de la familia nuclear burguesa; mientras que en cuarto lugar –menciona Castells- se han apreciado importantes modificaciones en los patrones de remplazo generacional, especialmente debido a las fuertes condiciones de inestabilidad familiar, y al control tomado por las mujeres sobre su maternidad y la determinación de sus vidas.

Con base en lo anterior, resulta fundamental explorar la situación de la familia mexicana en la actualidad, de ahí que nos sumergiremos en distintas estadísticas “oficiales”[9] del INEGI cuando estén disponibles, y cuando no, acudiremos a referencias latinoamericanas.

El eje fundamental de la familia, o por lo menos lo que se ha creído, es el matrimonio, y este ha venido a la baja, como podemos observar en la figura 1, donde se muestra que durante 1990 se tuvieron en el país cerca de 642 mil matrimonios, contra alrededor de 595 mil en 2007. Esto es un claro indicador (mismo que resulta más significativo tomando en cuenta el incremento de la población en ese lapso) de que las personas tienen un menor interés de casarse, o por lo menos, de legalizar su unión.

 

Figura 1: Estadísticas de matrimonios y divorcios en México entre 1990 y 2007

 

Fuente: 1990 a 2007: INEGI. Estadísticas Vitales. Bases de datos.

 

Está tendencia a la baja en los matrimonios y el incremento en los divorcios de cerca de 46 mil en 1990 a más de 77 mil en 2007, refuerzan la hipótesis de que las estructuras familiares fundamentadas en el patriarcado se encuentran en una importante crisis.

Tabla 1: Promedio de edad de 1er matrimonio en México entre 2004 y 2008

Entidad federativa

2004

2005

2006

2007

2008

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Estados Unidos Mexicanos

27.5

24.7

27.8

25.0

27.8

25.0

28.1

25.3

28.4

25.5

FUENTE: INEGI. Estadísticas de Nupcialidad.

 

Pero esto no es todo, ya que si revisamos las edades de primer matrimonio, encontraremos un incremento de las personas que deciden casarse por primera vez (Tabla 1), ya que en el 2004 el promedio de edad era de 27.5 años para los hombres, mientras que para las mujeres era de 24.7, en tanto que en el 2008 fue de 28.4 años para los hombres y 25.5 para las mujeres.

Otro dato que vale la pena considerar es la disminución de mujeres que se casan en nuestro país entre los 15 y 19 años, ya que en 1950 era alrededor del 51% de estas, para el 2007, el porcentaje disminuyó hasta el 25%, siendo que la escolaridad promedio al contraer matrimonio era de secundaria y el 41% trabajaban.

Tabla 2: Distribución porcentual de la población por estado conyugal 1950 a 2000

 

Estado conyugal

1950

1960

1970

1990

2000

 

Población de 12 y más años

15 057 867

22 042 801

29 697 303

55 913 847

69 235 053

 

Solteros

29.2

38.6

40.4

40.9

37.2

 

Casados

50.1

46.0

45.4

46.1

44.6

 

Unidos

12.5

8.6

8.2

7.4

10.3

 

Separados

ND

ND

1.4

1.2

2.6

 

 Divorciados

0.5

0.6

0.4

0.7

1.0

 

NOTA:

El total de población incluye a la que no especificó su estado conyugal; el Censo de 1970 no presenta el concepto No especificado. Para 1950 las cifras se refieren a hombres de 16 y más años y mujeres de 14 y más años; para 1960 a 2000 a hombres y mujeres de 12 y más años. Cifras correspondientes a las siguientes fechas censales: 6 de junio (1950); 8 de junio (1960); 28 de enero (1970); 12 de marzo (1990); y 14 de febrero (2000).

ND

No disponible.

FUENTE: 

INEGI. Censos de Población y Vivienda, 1950 - 1970, 1990 y 2000.

 

En un análisis del estado civil de la población mexicana con 12 años o más (Tabla 2.), entre 1950 y el año 2000, encontramos que en general el porcentaje de personas solteras se incremento de manera importante, aunque disminuye en el año 2000 (37.2) en comparación con los datos de 1970 (40.4) y 1990 (40.9).

Así mismo, el número de personas casadas decreció en el mismo periodo de tiempo de un 50.1% en 1950 a 44.6 para el 2000, mientras que las personas separadas se incrementaron de forma importante entre 1970 (1.4%) y el 2000 (2.6%) en tanto que los divorcios tuvieron una trayectoria similar con un 0.5% en 1950, 0.7% en 1990 y 1.0% en el 2000.

Otro de los puntos que ya mencionamos que Castells marca como indicativos y causales del desmoronamiento de la estructura patriarcal a nivel global, es el que se refiere al control sobre su cuerpo y natalidad que han adquirido y ejercido las mujeres, lo que les ha permitido incrementar el nivel de escolaridad y optar por el ingreso al campo laboral, convirtiéndose en un núcleo importante de generación y posesión de riqueza, posibilitándoles establecer condiciones de negociación y cuestionar el orden establecido.

Tabla 3. Promedio de hijos nacidos vivos de las mujeres por grupo de edad entre 1970 y 2005

Grupos de edad

1970 a

1990

2000 b

2005 c

20 a 24 años

1.4

1.0

0.8

0.8

25 a 29 años

3.1

2.1

1.7

1.5

30 a 34 años

4.6

3.1

2.5

2.2

35 a 39 años

5.7

4.1

3.2

2.8

40 a 44 años

6.3

4.9

3.8

3.3

45 a 49 años

6.3

5.6

4.4

3.7

FUENTE: 

INEGI. Censos de Población y Vivienda, 1970, 1990 y 2000.

INEGI. II Conteo de Población y Vivienda 2005.

 

En México, se ha venido presentando un incremento en el conocimiento (89% en 1976 al 96.6% en 1997)[10] y uso (1976 el 30.2% contra el 68.4% en 1997) de métodos anticonceptivos en las mujeres mexicanas. Aunado a esto, se ha observado que la tasa de fecundidad femenina ha disminuido (de 5.7 en 1976 a 2.1 en 2010)[11], otro dato que complementa lo anterior, es el que se refiere al promedio de hijos nacidos vivos por rango de edad, donde si hacemos un análisis longitudinal (tabla 3.) de los grupos de edad entre 20 y 49 años que entre 1970 y el 2005 el promedio ha disminuido significativamente, como por ejemplo en las mujeres entre 20 y 24 años de 1.4 en 1970 a 0.8 en el 2005, o de 6.3 a 3.7 entre las que tienen de 40 a 49 años.

Otro indicador que podemos considerar para explorar la situación de la familia patriarcal es el que se refiere a los cambios que se han presentado en la composición de los hogares, ya que entre los años 2000 a 2005, se ha observa un incremento en el porcentaje de hogares con jefatura femenina, de entre el 20.6 al 23.1%, mientras que los hogares con jefatura masculina disminuyen del 79.4 al 76.9 respectivamente[12].

Un elemento que vale la pena observar y que ha modificado la situación de la mujer especialmente en el ámbito socioeconómico, se refiere a las posibilidades y situaciones educativas, donde es posible ubicar que los porcentajes de ingreso de mujeres a la educación se ha incrementado entre los ciclos 1996/1997 y 2006/2007, siendo que había una absorción de primaria a secundaria del 84.3 en el primer ciclo, contra el 94.5 en el segundo, mientras que la absorción de la secundaria a la educación media superior para las mujeres se ha incrementado del 75.9 al 83.2. Esto refleja el elevado interés de las mujeres en incrementar su nivel educativo, lo que les posibilita acceder a mejores condiciones de vida, y tener la capacidad de obtener mejores trabajos y acceso a la educación superior, lo que se ve reflejado en el incremento (del 47.1 al 49%) de las mujeres que cursaron posgrado entre 2005 y 2007[13].

Al incrementarse las posibilidades educativas, también se abren espacios y oportunidades laborales, de ahí que la tasa de ocupación femenina (tabla 4) se incrementó entre 1995 (32.29%) y 2010 (37.73%). Si observamos la distribución por actividad, el incremento ocupacional más importante se ha dado entre las empleadoras (10.06% contra 19.11%), las que trabajan por cuenta propia (28.5% contra 38.46%) y las asalariadas (34.37% contra 38.54%). Los datos anteriores muestran que las mujeres han salido de casa a emprender y a asumir un papel activo en la generación de recursos y fuentes de empleo, acciones que generalmente se reservaban para los hombres y que implican un empowerment sobre las condiciones y dirección de la vida.

Tabla 4. Porcentaje de mujeres ocupadas por actividad, comparativo entre 1995 y 2010

Rama de actividad

1995

2000

2005

2010

Total

32.29

34.25

36.62

37.73

Empleadores

10.6

15.58

16

19.11

Cuenta propia

28.5

30.46

35

38.46

Asalariados

34.37

35.58

37.42

38.54

A destajo

18.82

26.15

29.88

20.76

No remunerados

46.74

51.65

53.55

52.67

INEGI, Sistema para la consulta de indicadores estratégicos InfoLaboral, 1995 INEGI, Sistema para la consulta de indicadores estratégicos InfoLaboral, 2000 INEGI, Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, 2005. Segundo trimestre. INEGI, Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, 2006. Segundo trimestre. INEGI, Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, 2007. Segundo trimestre. INEGI, Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, 2008. Segundo trimestre. INEGI, Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, 2009. Segundo trimestre. INEGI, Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, 2010. Segundo trimestre. Consulta interactiva de datos.

 

Otro aspecto que habla del deterioro de las estructuras de patriarcado, lo muestran los movimientos feministas, que en general pretenden de manera explícita la emancipación de la mujer contra la dominación masculina, situación que en sí misma cuestiona estas estructuras pero que en muchos casos al ser llevadas al extremo, han replicado el modelo de dominación, perpetuándolo en lugar de derrumbarlo. Mansbridge (1995) menciona que el movimiento es el compromiso para terminar con la dominación masculina, a partir de la re-definición de la identidad femenina (Castells 2001), siguiendo distintos caminos cómo la afirmación de la igualdad entre los géneros, reforzando la especificidad de cada uno o en su extremos más radical, declarando la total ruptura con el estilo de vida masculino para “…recrear la vida y la sexualidad en hermandad femenina…”.

Menciona Castells que la esencia fundamental de los movimientos feministas es la renegación contra la identidad alienada de la mujer, cómo se ha venido definiendo por los hombres y se ha sostenido a partir de las estructuras familiares patriarcales.

Aclara que uno de los elementos más importantes para la amplia difusión y fuerza del movimiento a nivel global, ha sido su diversidad, flexibilidad y capacidad de adaptación a las peculiaridades culturales y de la época.

El feminismo en México aunque ha tenido un desarrollo paralelo al del resto del mundo, presenta sus particularidades. Cano (2010) hace una reconstrucción histórica del movimiento que data desde el siglo XIX.

Menciona que el concepto comenzó a utilizarse a finales del siglo antepasado, y que para los primeros años del siglo XX, ya era de uso común en los distintos medios de la Ciudad de México. Menciona que en estos años el discurso se centraba principalmente en la reivindicación de la igualdad entre los sexos. Las ideas del movimiento comenzaron a expresarse en revistas y periódicos antes de popularizarse entre la población femenina: El álbum de la mujer. Periódico literario redactado por señoras (1883-1893), Las violetas de Anáhuac (1887-1889), La mujer mexicana (1903-1905) se expresaron las primeras mujeres profesionales, La sociedad Protectora de la Mujer (1905) formada por colaboradoras de la revista.

Durante la primera década del siglo XX, la oposición al régimen porfirista propició la incorporación de la mujer al movimiento político, siendo el movimiento constitucionalista el único que sostenía una mirada más o menos equitativa con los derechos de género, aunque el congreso constituyente (1916-1917) negó el derecho de sufragio a la mujer.

Un icono muy importante del movimiento feminista de principios del siglo pasado, lo constituyo Salvador Alvarado Gobernador del Estado de Yucatán (1915-1918), quién se interesa en el movimiento feminista en tanto le sirva para combatir el fuerte arraigo de la iglesia católica en la población del estado.

Pugnó por la educación laica de la mujer, que se generarán fuentes de empleo que permitieran el cumplimiento de las actividades domesticas pero que les permitieran tener ingresos propios; pero sin permitir la participación femenina en las esferas sociales y políticas.

Durante 1916 se llevaron a cabo en Yucatán dos congresos feministas, donde se trataron temas relacionados con el derecho a la educación y el trabajo de la mujer, sentando las bases para el surgimiento del Consejo Feminista Mexicano (1921-1922). Siendo que en el año 1922 se celebra en México el “Primer congreso Feminista Panamericano” y en 1925 el “Congreso de Mujeres de la Raza” ambos marcados fuertemente por las diferencias de pensamiento político de las participantes, pero sirviendo como un importante foro político y social para la difusión del movimiento.

Durante la década de los 30 el movimiento se enfoco en la lucha por la igualdad de obreras y campesinas, desarrollándose 3 congresos (1931, 1933 y 1934) en los que se sentaron las bases organizativas e ideológicas del movimiento.

Fue en 1935 cuando se funda el Frente Único Pro-Derechos de la Mujer (FUPDM), propugnando principalmente por el reconocimiento de las diferencias de género, y el no segregarismo a causa de la maternidad. A partir de 1937 enfoco sus baterías en torno al reconocimiento de la ciudadanía expresada a través del voto, lográndose esto en el nivel municipal en 1947 y en el estatal y federal en 1953 mediante la reforma del artículo 34 constitucional.

Para años posteriores el movimiento cayó en una especie de letargo o estancamiento, y no es hasta los años 70 que el movimiento cobra fuerza a partir de la influencia de los movimientos de liberación femenina norteamericanos.

Es en este punto que se marca el surgimiento de un Neo-Feminismo. Lau-Jaiven (2006) divide su desarrollo en tres grandes etapas: de 1970 a 1982, en la década de los 80 y en la década de los 90.

La primera según la autora, se vio altamente influida por los movimientos feministas norteamericanos, y se caracterizó por la conformación de una consciencia ciudadana, viéndose esto reforzado por factores como el importante ingreso al campo laboral, el incremento en los niveles educativos y las distintas transformaciones jurídicas, mismos que hemos mencionado anteriormente.

Una peculiaridad de esta etapa, fue la conformación de pequeños grupos activistas cómo el Movimiento de Liberación de la Mujer (MLM) organizándose en pequeños grupos de mujeres que se reunían periódicamente para compartir sus experiencias de marginación. Tomaron como lema “Lo personal es lo político”, ya que al haberse organizado de esta forma, sus vidas privadas de veían expuestas en contextos públicos.

Otra cualidad del movimiento en esta época, es que se encontraba marcado por fuertes tintes izquierdistas, pero me parece que más que comulgar con ideales socialistas o comunistas, la izquierda política ha sido por tradición un lugar para el refugió de los excluidos, siendo que hasta estos momentos las mujeres se encontraban en esta situación.

Durante la segunda etapa que se desarrolló en la década de los 80, el movimiento se caracterizó por una gran actividad y presencia en foros académicos y sociales en foros a nivel nacional e internacional. Se establecieron encuentros sectoriales entre obreras, maestras, personal de servicio y campesinas, logrando a partir de esto una importante re-elaboración del discurso feminista, que permitió que el movimiento cobrara fuerza y relevancia política y social. A partir de lo anterior surgieron diversas organizaciones feministas que tuvieron la capacidad de recaudar y concentrar importantes cantidades de recursos económicos que les permitieron brindar ayuda asistencial a las mujeres de sectores más marginados y sus hijos.

La organización lograda en esta etapa, les permitió presentar un frente de negociación político y social, por lo que fueron logrando la apertura de espacios tanto en los partidos políticos cómo en puestos de representación popular e instituciones estatales; es decir la mujer figuraba en el contexto social.

Como ya mencione durante los 90 se presenta la tercera etapa de la clasificación de Lau-Jaiven (Idem.), que se caracteriza fundamentalmente por la incorporación de las mujeres por la democratización del país, institucionalizándose de manera importante, al grado de haber logrado presencia en todas las esferas de la vida pública y social, prescindiendo de los canales y estructuras establecidas por la organización patriarcal, ya que crearon las propias, que han resultado altamente efectivas por cómo se mencionó anteriormente su alta flexibilidad y capacidad de adaptación.

Es a partir de estos movimientos de liberación en contra de la opresión femenina que se pone sobre la mesa el derecho de otras minorías oprimidas así como la posibilidad de formas de identidades y sexualidad que hasta la fecha estaban excluidas de los discursos y estructuras patriarcales.

Con esta inercia revolucionaria es que se abre el espacio para la lucha de la comunidad LGTB. Menciona Castells (2001) que estos movimientos no solo son una forma de expresión de la libertad de amar y cómo hacerlo, constituyen más bien movimientos de liberación sexual, de ahí que durante su lucha cuestionan y ponen a prueba importantes postulados y estructuras del patriarcado, especialmente el de la represión sexual y la heterosexualidad obligatoria; como condiciones sine qua non para el mantenimiento del poder.

Una de las luchas principales del movimiento en todo el mundo y que ha cristalizado en México en este año (2010) es el que se refiere al derecho del matrimonio y paternidad por parejas del mismo sexo. Lo anterior introduce un importante cuestionamiento al orden sociocultural como lo hemos conocido, ya que desarticula al poder de la familia, el amor, la sexualidad y el género. De ahí que ahora sea necesaria la de y reconstrucción de la sexualidad, la familia y la personalidad, situación que impacta de lleno en el orden patriarcal y apuntala la tesis de Bauman (2002) sobre lo líquido de los esquemas de referencia y la necesidad de conformar nuevos a partir de la móvil y cambiante realidad actual.

Los puntos antes mencionados han demostrado que la familia se conformo como grupo social extenso, que fue organizándose con base en una estructura patriarcal fundamentalmente por motivos económicos y de poder; organización que duró por lo menos 5 mil años de historia, pugnando cada vez más por la individualización y separación de los nuevos matrimonios de sus grupos familiares de origen, situación que tuvo cierto éxito hasta mediados del siglo XX donde distintos movimientos sociales y culturales han cuestionado el sistema patriarcal fundamentado en el control y opresión.

En México la familia no siguió una organización diferente, aunque a diferencia de otras tendencias, observamos que hasta la fecha se ha mantenido una lógica de relaciones comunitarias y de grupo familiar extensa a pesar de los intentos gubernamentales del siglo XX por nuclearizar a las familias.

Hemos visto que en concordancia con los movimientos culturales globales, durante el siglo pasado la lógica organizativa patriarcal en la familia mexicana de ha visto cuestionada por puntos que ya hemos mencionado. Esto abre la puerta para nuevas organizaciones familiares y el establecimiento de patrones de relación distintos.

Situación que hace necesaria le reconceptualización sobre el concepto de familia, así como el desarrollo de nuevas formas para mirar y acercarse a las formas fácticas en que las personas deciden reunirse para compartir la vida y criar a sus hijos.

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[1] Docente Investigador de Tiempo Completo de la Universidad del Valle de México Campus Hispano (UVMH), Miembro del Sistema Mexicano de Investigación en Psicología (SMIP), Miembro Fundador del Grupo Interdisciplinario de Investigación en Ciencias Sociales (GIICS), Fundador y Director General de Psicología y Educación Integral A.C. (PEI.AC) e-mail: jjmbezanilla@peiac.org

[2] Académica de la Universidad Iberoamericana (UIA) y la Universidad del Valle de México Campus Lomas Verdes (UVMLV), Miembro del Sistema Mexicano de Investigación en Psicología (SMIP) y Fundadora y Directora de Servicios Clínicos de Psicología y Educación Integral A.C. (PEI.AC) e-mail: amparo.miranda@peiac.org

[3] Para la realización de dicha tarea, me fundamentaré en textos antropológicos y de demografía histórica, especialmente el de Rosario Esteinou (2008) La familia nuclear en México: lecturas de su modernidad siglos XVI al XX.

 

[4] Más adelante revisaremos estos datos.

[5] En el 2008 entro en vigor en el Distrito Federal la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia; en 2007 y por decreto presidencial de promulgo la Ley de General Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia para México siendo reformada en 2009

[6] Fuente: Procuraduría General de Justicia del D.F. Agencias Especializadas, Informe estadístico 1995

[7] Fuente: Procuraduría General de Justicia del D.F. Agencias Especializadas, Informe estadístico 1995

[8] Me refiero específicamente a la repetición de estructuras de poder, donde en lugar de prevalecer una perspectiva de cooperación, se presenta la de sometimiento a la ley y autoridad.

[9] Tomaremos las estadísticas oficiales en el entendido de que ni son las mejores, ni las que reflejan con total veracidad las características de los fenómenos, pero si son las que tienen una mayor validez externa y tienen alcances nacionales y nos permitirán visualizar con mayor certeza las tendencias.

[10] FUENTE: Para 1976: SPP-IISUNAM. Encuesta Mexicana de Fecundidad, 1976. México, D.F., 1979

Para 1997: INEGI. Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica.

[11] FUENTE: Para 1976: SPP-IISUNAM. Encuesta Mexicana de Fecundidad, 1976. México, D.F., 1979.

Para 2010: CONAPO. Indicadores demográficos básicos 1990-2030. www.conapo.gob.mx (11 de enero de 2010).

[12] FUENTE: INEGI. XII Censo General de Población y Vivienda 2000

                     INEGI. II Conteo de Población y Vivienda 2005.

 

[13] ANUIES. Anuarios Estadísticos 2004-2007. www.anuies.mx (18 de noviembre de 2008)

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